Todo a su ritmo

graffiti de manos tocando un tambor
Arte callejero junto al Paseo del Prado

La Habana tiene su ritmo y eso todo el mundo lo sabe, todo el mundo lo siente. Por lo general, es lento, sobre todo al amanecer cuando la ciudad se estira como un gato perezoso y nocturno que le protesta al sol por adelantado. Y otra vez en las tardes al pasar de nuestra digestión a la modorra que, acompañada de mucho sol, nos obliga a entrecerrar los ojos. La Habana vive lentamente en su combinación de viejo y menos viejo, en su esperanza de hijos que quizá vuelvan algún día y mientras tanto Sigue leyendo “Todo a su ritmo”

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Ruta de tapas en la Habana Vieja

ruta de tapas en la Habana Vieja
El pasado agosto de este 2018 los muchachos de alamesa (directorio de bares y restaurantes de toda Cuba, consultable tanto online como offline) lanzaron una interesante convocatoria. Los fines de semana comprendidos entre el 3 y el 26 de ese mes, varios restaurantes enclavados en la Habana más añeja estarían ofreciendo una propuesta de tapa y una copa de vino Casillero del Diablo por un precio fijo: 3 cuc.

Allá nos fuimos en medio del calor sofocante del verano habanero (la ruta contemplaba solo el vespertino horario de 3 a 7 pm), a la Ruta de Tapas. ¿Por dónde empezar sino por el punto más alejado donde la vida habanera late a pulso? Muy cerca de la Alameda de Paula, bajo las pestañas de la Iglesia de la Merced, el restaurante Jíbaro fue nuestra primera visita. Interesante, sobre todo, que las tapas mezclaran sabores cubanos en otras variantes de forma y combinación/nominación: “crema” de boniato, “daditos” de aguacate. Pero no se trataba solo del nombre o la forma, se trataba más bien del sabor, acompañado, en este caso, por una atención esmerada (la mejor de los cuatro sitios visitados esa tarde penúltima). Sigue leyendo “Ruta de tapas en la Habana Vieja”

Guillermo Cabrera Infante, “La Habana para un infante difunto”

portada

[…] Desde el malecón se veían los anuncios luminosos que enfrentaban al parque Maceo por su flanco occidental y aunque no se podían comparar con los anuncios lumínicos del Parque Central (especialmente con la bañista de luces que se lanzaba desde el trampolín intermitente al agua radiante, todo luces, anunciando trusas, ingrávida de Jantzen) los otros anuncios que iluminaban la acera de enfrente le prestaban a la noche habanera un sortilegio único, inolvidable: todavía recuerdo ese primer baño de luces, ese bautizo, la radiación amarilla que nos envolvía, el hado luminoso de la vida nocturna, la fosforescencia fatal porque era tan Sigue leyendo “Guillermo Cabrera Infante, “La Habana para un infante difunto””