10 reglas de oro para la cola cubana

cola en el guardabolsos de la tienda La época
Foto: Ángel Vázquez
  1. Ármate de paciencia. A las colas cubanas uno sabe cuándo llega, pero no cuándo se va.
  2. Antes de pedir el último fíjate bien y, si conoces a alguien, acércate y salúdalo en voz baja. No olvides que, además de buena suerte, eso se llama colarse.
  3. No trates de colarte metiendo el cuento de que solo vas a hacer una pregunta. Sé creativo, ese pretexto ya se ha usado demasiado.
  4. Pregunta el último en voz alta y bien fuerte, para que los que están delante se den la vuelta a ver quién llegó y luego no digan, después de tres horas de espera, que tú no vas ahí.
  5. No olvides preguntar el orden dos o tres personas delante de ti (lo ideal sería, si tienes buena memoria, que te aprendieras la cola entera), pues por lo general el que desiste (en las colas cubanas siempre hay alguien que se va), deja a todo el mundo embarcado.
  6. Si alguien te vende un turno, ocupa el lugar con la mayor discreción posible. No mires a los demás a los ojos y mucho menos por encima del hombro. En estos tiempos de cambios, si alguien llegara a protestar, de que te sacan, te sacan.
  7. No te atormentes con la embarazada que viene acompañada por un marido saludable –fuerte como para aguantar tres colas juntas. En Cuba no hay cola sin embarazada, sin viejos que no saben detrás de quién marcaron, sin uno que rota su turno hasta que le traigan el papel que le faltó.
  8. Es cierto que ahora hay una respuesta si exigimos nuestros derechos cuando el que atiende la cola deja pasar, bajo las narices de todos, sus “casos personales”. No obstante, recomiendo evaluar las ventajas de una protesta. A veces se gana esa pelea, pero uno se va con el pan flaquito, la multa en el precio o sin la autorización/papel/cuño que tanta falta hacía.
  9. Si estás en una cola concurrida y, sobre todo, de larga espera, mantén distancia de los otros, sepárate lo más que puedas. Las colas cubanas son propensas a la combustión espontánea que culmina en nuestro famoso “dale al que no te dio”.
  10. Si no padeces de miedo escénico, ante una cola con desorden general, asume las funciones de organizador e intransigente con los colados. Esa será la única manera de salir lo antes posible si sacamos la cuenta de los años que lleva el cubano haciendo colas, y sigue sin aprender.
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10 mandamientos cubanos para el uso del pozuelo plástico

pozuelo plástico1- El pozuelo nunca se devuelve vacío.
2- Será preciso llenarlo, mínimo, en sus 3/4 partes, de lo contrario te colgarán el título de tacaño… y tendrán razón.
3- Sabemos que la cosa está mala, de modo que nadie te va a reprochar si te demoras meses hasta tener algo con qué llenarlo antes de devolverlo.
4- Sí, la cosa está mala pero… vamos, tampoco le eches cualquier cosa.
5- Si lo vas a devolver vacío, por lo menos, friégalo.
6- Los pozuelos parece que no, pero son caros (sobre todo los que tienen tapa y sirven para el microwave). No seas cara dura y devuélvelos.
7- Los pozuelos se extravían con facilidad. A fin de evitar esto, identifícalos escribiendo tus iniciales en el fondo con pintura de uñas. (si tampoco regresan con esto, entonces usa un clavo caliente para marcarlos).
8- No contradigas al vecino cuando asegura que ese pozuelo es de él. Recuerda que son tiendas diferentes, pero iguales productos, y por eso terminamos comprando todos lo mismo. Si no usaste la pintura de uñas, mala tuya.
9- Si sabes que el vecino tiene la mala costumbre de no devolver nunca el pozuelo (incluso los que están debidamente rotulados), no discutas, no te fajes, para casos como este existen los potes vacíos de Nestlé.
10- No te dé pena sacarlo para guardar la comida que sobró en el restaurante, la merienda que alguien no se comió o algunas bolas de helado con la cola que te mandaste en Coppelia. A estas alturas ya el mundo entero sabe que el pozuelo plástico es el mejor amigo del cubano, después, claro, de la jabita de nylon.

10 sugerencias para trajinar al cubano chismoso

Centro Habana
Calle San Lázaro / Foto: Dazra Novak

1-Si al cerrar la puerta para salir sientes que hay un cubano chismoso pendiente de ti, te recomiendo dos cosas: primero, confiésale un destino falso; y después, pídele que te cuide la casa.
2-Si ves que saca la cabeza por encima de la reja cuando te traen la pizza a domicilio, bríndale con esa formalidad que nadie se cree: bueno… si gusta.
3-Si adivinas sus ojillos vidriosos tras de las persianas mientras vas llegando a casa con la comprita del mes, pon las jabas en el suelo, salúdalo con la mano y después con un efusivo gesto del brazo. Para que sepa que lo has visto, si sabes su nombre, grítaselo.
4-Miéntele, dile que entró pescado a la bodega y más, ¡dile que no hay cola!
5-Ponlo de frente al chisme de su autoría preguntando, como quien piensa en voz alta, ¿A quién se le habrá ocurrido decir…?
6-Amárrale una cinta roja a una lengua de vaca (¡una hoja de la planta, no la lengua del animal!) y déjaselo a la entrada de la casa. Disfruta los días posteriores en que lo verás tan ocupado: pensando o haciendo ebbó.
7-En la reunión para elegir al intachable, y aunque esto cree conmoción general, di su nombre. Sé firme en tu propuesta y terminará por creer que estás de su lado.
8-Invéntate cualquier chismecillo absurdo, coméntaselo sin dejar de usar estas frases: ¿Pero tú no sabías que…? ¿Dónde tú estabas cuando…? ¡Pero si eso todo el mundo lo sabe!
9-Cambia de palo pa´ rumba: si vas a salir dile que estarás todo el fin de semana en casa; si vas a quedarte, dile que vas a salir.
10-Averigua sus apellidos y ocúpalo en un proyecto a largo plazo: Asegúrale que salió una noticia en internet por el tema de una herencia que… bueno, yo no sé si será verdad, tú sabes, la gente es tan chismosa.