Ramón Meza, “La Verbena de San Juan”

Ramón Meza escritor cubano
Ramón Meza

Por la tarde, cuando los últimos y rojizos rayos de sol iluminan el fondo de las casas que caen del lado del mar y dan de lleno en el grueso vidrio del faro del Morro haciéndole destellar intensamente, como si a aquella hora le iluminara la potente luz eléctrica, al sordo rumor de las olas arrojadas contra los ásperos arrefices de la ensenada que se extiende entre el castillo de la Punta y el viejo torreón de Sam Lázaro, se mezclan gritos, silbidos, carcajadas, exclamaciones y apóstrofes de una abigarrada muchedumbre esparcidas por toda la playa.
Es la verbena de San Juan, día en que aquella parte de la ciudad presenta animación extraordinaria. Los jornaleros, pescadores, desocupados y pilluelos que viven por las cercanías se han preparado de antemano como para una gran fiesta: uno hizo gran acopio de barriles desfondados; otro, de desvencijados muebles; otro, de inservibles piezas de ropa; otro, amontonó pedazos de madera, cajas, envases, cestos; los aprendices de carpintero hacinaron montones de viruta; los pilluelos ocultaron en algún escondrijo de las rocas cuanto combustible pudieron recoger: preparativos para el gran día, la víspera de San Juan, en que todos se encaminan, a rastro con sus provisiones, hacia la playa; y una vez allí, se reúnen en grupos, fraternizan, se entusiasman, se animan a trabajar en la obra común, que es levantar, a trechos, numerosas piras de rara forma, o bien de forma ninguna; lo que importa es que puedan quemarse luego y den mucha llamarada y mucho humo: en esto consiste lo más interesante y lo mejor de la diversión. […]
(La Verbena de San Juan (fragmentos), publicado en La Habana Elegante, Habana, 4 de julio de 1886)
Ramón Meza (La Habana, 1861-1911). Escritor. Doctor en Filosofía y Letras por la Universidad de la Habana. Fue secretario de la Sociedad Económica de Amigos del País. Colaboró con numerosas revistas, entre ellas: La Ilustracion cubana, Patria, El Palenque Literario, dejó varios textos inéditos tales como La ciudad de la Habana: sus barrios, plazas, casas, monumentos, fiestas, tradiciones, emblemas. Una de las obras más importantes de la Literatura cubana es su novela Mi tío el empleado.

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Francisco Baralt, “Escenas campestres, Baile de los negros”

costumbristas cubanos del XIX-seleccion de Salvador Bueno[…] Dados los primeros golpes en el tango, una voz débil y que repiten a lo lejos los ecos parleros, da la señal y marca lo que se va a cantar y bailar. Entonces sale al centro de la rueda una de las bayaderas africanas y la música empieza. Al principio se inclina muellemente hacia adelante como la palma que mueve la brisa, con una expresión de ternura que se creería imposible encontrar en aquella criatura degenerada; sigue la rueda y con sus miradas apasionadas invita a los hombres a tomar parte en su danza, mas ninguno se adelanta; la bailarina muestra el pesar de su soledad, y se entrega sola a sus pasos animados. Entretanto el tango redobla sus golpes, su compás es vivo y arrebatado, y toca ya el último grado del allegro cuando va disminuyendo para volver a caer en el andante pausado; ora es el rugido del torrente que se despeña, ora el dulce arrullo del arroyo juguetón. La bailarina sigue los caprichos del músico y se deja arrastrar por su pasión y sus instintos  que nada refrenan. Todos los pañuelos de colores vivos de sus compañeras van cayendo en montón sobre sus hombros, y cuando tras el paso más agitado qe puede concebirse, el tango da tres golpes irregulares y cesa repentinamente, la que ha arrebatado los aplausos de sus compañeros tiene el cuerpo quebrantado por el cansancio, mas el espíritu deseoso de volver a comenzar. […]

Francisco Baralt (Cataluña, ¿?-La Habana, 1890). Para sus escenas fijó su atención en la parte más oriental de Cuba. Este fragmento pertenece a la descripción de la “tumba francesa”, baile que trajeron los esclavos de los colonos franceses que, huyendo de la insurrección haitiana, se asentaron en los campos cubanos.

Carlos Noreña, “Los negros curros”

costumbristas cubanos del XIX-seleccion de Salvador Bueno[…] La chaquetilla de terciopelo negro, el sombrero felpudo, el pantalón blanco franjado de flores bordadas al pasado con sedas de distintos matices, la blanca camisa de vuelos con pechera de caprichosos dibujos y amplísimas mangas fruncidas en mil pliegues, el paño de pecho, bordado también con sedas de colores, y el corto junquillo, han desaparecido entre los negros curros.
Aquel aluvión de pañuelos: pañuelo de seda en la cabeza, pañuelo de seda en el sombrero, pañuelo de seda al cuello, pañuelo a la cintura, pañuelo en el bolsillo, pañuelo en la mano y pañuelo en todas partes, ha desaparecido también, tal vez por que no repitiéramos con razón aquello de que «Dios le da pañuelo al que no tiene narices».
¡Y no se diga nada de aquel despilfarro de oro! Argolla de oro en la oreja, agujeta de oro detrás de la oreja, sortijas de oro en ambas manos, cadena de oro y reloj de oro, botones de oro en la pechera de la camisa, botones de oro en los puños, puño de oro en el junquillo  y hebilla de oro en las correas del pantalón. Sin embargo, ¡cosa digna de notarse!, casi nunca llevaban oro en los bolsillos, que hubiera sido lo más natural. […]

Carlos Noreña (1859-1916). Este autor, incluido por Salvador Bueno en el volumen Costumbristas cubanos del siglo XIX, es antologado desde su interés por el folclor y ubicado como uno de los antecedentes de la línea investigadora de Fernando Ortiz. A su vez este fragmento se incluye en Tipos y costumbres de la Isla de Cuba (La Habana, 1881), con introducción de Antonio Bachiller y Morales.