Si no aparece, no te los desato

amarrarle los huevos al diablo
Foto: Dazra Novak

Probablemente esta costumbre cubana descienda del ritual de San Cucufato, aquel santo cristiano que padeció numerosas torturas y a quien, pura coacción a fin de lograr la concesión de nuestro pedido, se le hace un nudo a un trozo de tela y se le reza: San Cucufato, los coj… te ato, si no me lo concedes, no te los desato. Quizá provenga de San Dimas, el buen ladrón que, crucificado a la derecha de Jesús, observa cómo le amarramos a la pata de la mesa, a la pata de la cama o de cualquier otro mueble, hasta que aparezca lo que se nos ha perdido y andamos buscando como locos. Pocos recuerdan las palabras de rigor para sentenciar el pedido, pero muchos cubanos han probado asegurando que sí, funciona ¡y con qué rapidez! Basta con buscar una piedra, amarrarla y colgarla alevosamente en algún lugar pronunciando palabras amenazantes: ¡más te vale que aparezca pronto, que si no, te los dejo amarrados! Y ciertamente me escuchó, porque a los cinco minutos, después de angustiosas horas de búsqueda, aparecieron mis llaves de casa y con ellas, mi tranquilidad.

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