Leonardo Padura, “El viaje más largo” (II)

el viaje más largo, Leonardo Padura[…] “Yo conocí a Manengue desde los años 20, cuando era muy famoso y las orquestas lo lloraban. Pero en esa misma época, me acuerdo de que iba a tocar rumba en el Coro Alba, de Regla, y le encantaba salir con la comparsa de Los Turcos –cuenta Luis Salinas, veterano obrero portuario, reglano de cepa y buen amigo.
“Cuando hablo de él me parece estarlo viendo con sus timbales en el hombro y siempre vestido de saco, porque hasta en sus tiempos malos, Manengue siempre anduvo de saco. Él era un tipo de temperamento inquieto y verlo tocar era un espectáculo.
“Como su padre, él era Efik-Abakuá, que es el segundo juego más viejo de Cuba, porque se fundó en los tiempos de España, en 1845. Y siempre lo andaba pregonando, porque cuando llegaba a un lugar decía: ‘Llegó Manengue, Efik-Abakuá, quende maribá’.
“Y también era un tipo muy revirao. No le gustaba que lo explotaran y no era de los que tocaban por 40 o 60 quilos, no. Tampoco le gustaban las colectas y prefería que le prepararan un trago. Él siempre decía: ‘Para que me exploten otros, me exploto yo mismo, y además me divierto’. Por eso casi no trabajó en el puerto y decidió ganarse la vida tocando por ahí con sus amigos de bohemia, Millo, Carluchito, Servando, Juan Come Gallo y esa gente.
“La última imagen que tengo de él es verlo salir por las mañanas para Santa Catalina, con una caja y una pala de punta. De ahí sacaba las calandracas que le vendía a los pescadores de mojarra y el que se lo encontrara así no podía pensar que ese hombre que sacaba calandracas había sido el mejor timbalero que ha tenido este país”. […]

Leonardo Padura (La Habana, 1955) Narrador, ensayista y periodista. Premio Nacional de Literatura 2012. Autor de la tetralogía Las cuatro estaciones, formada por las novelas Pasado Perfecto (1991), Vientos de cuaresma (1994), Máscaras (1997), y Paisaje de otoño (1998), cuyo personaje protagónico es Mario Conde. Dos de sus novelas más conocidas son La novela de mi vida y El hombre que amaba los perros. El viaje más largo es un libro de reportajes publicado por Ediciones Unión en el año 1994 que incluye, entre otros, el barrio chino, historias de una familia gitana, las parrandas remedianas, el nacimiento de El Cobre, historias de fantasmas en el castillo de Averhoff así como vidas de músicos como Manengue, Chori y Chano Pozo.

Fernando Ortiz, “Contrapunteo cubano del tabaco y el azúcar”

Contrapunteo cubano del tabaco y el azúcar[…] El tabaco es oscuro, de negro a mulato; el azúcar es clara, de mulata a blanca. El tabaco no cambia de color, nace moreno y muere con el color de su raza. El azúcar cambia de coloración, nace parda y se blanquea; es almibarada mulata que siendo prieta se abandona a la sabrosura popular y luego se encascarilla y refina para pasar por blanca, correr por todo el mundo, llegar a todas las bocas y ser pagada mejor, subiendo a las categorías dominantes de la escala social.
“En una misma caja no hay dos tabacos iguales; cada tabaco puro sabe distinto”, suelen decir los fumadores expertos; mientras todos los azúcares puros tienen idéntico sabor.
El azúcar no huele; el tabaco vale por su olor y ofrece al olfato una infinidad de perfumes, desde el aroma exquisito del cigarro puro habano, que produce embriaguez olfativa, hasta las apestosas tagarninas de las tabacaleras foráneas, que prueban hasta dónde pueden envilecerse las aberraciones del gusto humano. (…)
Del azúcar se asimila todo, del tabaco mucho se exhala. El azúcar va glotonamente paladar abajo hasta las profundidades de las entrañas digestivas para dar vigores a la fuerza muscular; el tabaco va picarescamente paladar arriba hasta los meandros craneales en busca del pensamiento. Ex fumo dare lucem. No en vano el tabaco se condenó por satánico, por muy peligroso y pecador. (…)
Si tabaco es varón, azúcar es hembra. Las hojas de sus cañas son lampiñas y, aun cuando tostadas al sol, son siempre claras; todo el proceso azucarero es un continuo aderezo y aseo para limpiar el azúcar y ganarle la albura. El azúcar ha sido siempre más golosina de mujeres que apetencia de hombres. Estos suelen desdeñar lo azucarado, como tentación indecorosa, por la aparente feminidad de toda dulcedumbre. Pero es verdad que si en el tabaco las mujeres se aproximan a los hombres fumando los cigarrillos, que son los hijos del cigarro puro, los hombres a su vez se acercan a las mujeres en el consumo del azúcar, no saboreando dulces, almíbares ni confituras, sino tragando alcoholes, que son los hijos de los azúcares despreciados. […]

Fernando Ortiz (La Habana, 1881-1069). Etnólogo, jurista, historiador, entre otros. Estudioso de las raíces histórico-culturales afrocubanas. Fue miembro de la Sociedad Económica de Amigos del País. Figuró entre los iniciadores de la Universidad Popular en 1914. Fundó en 1936 la Institución Hispanoamericana de cultura. En 1937 creó y fue presidente de la Sociedad de Estudios Afrocubanos. Investigó la presencia africana en la cultura cubana y su concepto de transculturación fue un valioso aporte a la antropología. Entre sus numeroros títulos figuran: Los negros brujos, Los cabildos afrocubanos, Contrapunteo cubano del tabaco y el azúcar, El engaño de las razas, La sinrazón de los racismos.

Leonardo Padura, “El viaje más largo”

el viaje más largo, Leonardo Padura[…] El barrio de San Isidro, en 1910, era el centro nacional de la alegría y la infamia. Mientras recorro sus calles tranquilas, un día de 1987, me resulta difícil imaginar a un hombre llamado Alberto Yarini y Ponce de León, avanzar por estas aceras el día que lo iban a matar. Ya en San Isidro no hay burdeles, ni vitrolas incansables, ni quioscos de apuntación. Este antiquísimo y siempre popular barrio habanero vive hoy un período de tránsito: junto a viviendas corroídas por el salitre y los años, el olor de cemento que desprenden las viejas edificaciones en plena reconstrucción, hablan de la esperanza de una nueva vida. El Solar de los Muertos, la oscura y triste ciudadela de San Isidro y Compostela es, quizás, la síntesis de esta transformación definitiva: el antiguo solar será, en breve, un círculo infantil. Pero, hace 77 años, el día que se decretó la muerte de Alberto Yarini, San Isidro vivía sus días más difíciles. (…)
En 1910, cuando Alberto Yarini alcanza el máximo esplendor de su reinado, en la Habana existían 529 prostitutas registradas, aunque, según un estudioso de la materia, esa cifra no debía pasar, en realidad, el 10 por ciento de las mujeres dedicadas a vender sus caricias.
Aquellas damas tristes, sin embargo, debían vivir como mujeres alegres, y al caminar por San Isidro era común oírlas entonar canciones y establecer controversias de punto guajiro, mientras otras limpiaban el quicio de la puerta, pues existía la superstición de que una entrada limpia atraía mejor a los clientes. Las prostitutas de entonces, además, escondían sus nombres verdaderos tras los más disímiles apelativos: unas se llamaban como la localidad que las vio nacer, otras empleaban nombres de flores y algunas usurpaban los patronímicos de artistas famosas o personajes de la alta sociedad.
La más dolorosa de sus costumbres era llevar tatuajes sobre el cuerpo. Se pusieron de moda, a principios de siglo, los lunares en las manos y en el rostro; las flores grabadas en los muslos y los senos (preferiblemente el izquierdo); los corazones sangrantes y enamorados en brazos y nalgas; las figuras eróticas en el vientre. Otras, en cambio, únicamente se marcaban las iniciales del chulo que las representaba. El 21 de noviembre de 1910, más de 25 mujeres de San Isidro llevaban, en algún lugar del cuerpo, las letras A.Y. […]

Leonardo Padura (La Habana, 1955) Narrador, ensayista y periodista. Premio Nacional de Literatura 2012. Autor de la tetralogía Las cuatro estaciones, formada por las novelas Pasado Perfecto (1991), Vientos de cuaresma (1994), Máscaras (1997), y Paisaje de otoño (1998), cuyo personaje protagónico es Mario Conde. Dos de sus novelas más conocidas son La novela de mi vida y El hombre que amaba los perros. El viaje más largo es un libro de reportajes publicado por Ediciones Unión en el año 1994 que incluye, entre otros, el barrio chino, historias de una familia gitana, las parrandas remedianas, el nacimiento de El Cobre, historias de fantasmas en el castillo de Averhoff así como vidas de músicos como Manengue, Chori y Chano Pozo.

Luis Rogelio Nogueras, “Uno se dice”

Hay muchos modos de jugarA Jesús Díaz
A los de la tercera infantería

Se recibe la noticia: Dean Rusk
(Rusk quiere decir hijo de perra en inglés)
amenaza de nuevo a Cuba.
Y uno apura, socrático, el minuto de cólera hasta los bordes,
se calza las botas que bien pueden conducirlo a uno a paso
de carga hasta la muerte,
cruza una calle, otra, monta en una guagua
y se desmonta justo en la segunda compañía de un batallón
de infantería.
Ve rostros conocidos, el mismo desfile de boinas,
gorras, fusiles, armas automáticas, otras botas,
más fusiles
y se dice: que todo no sea nada y se pueda volver de
nuevo a todo,
o que todo sea todo y que la cólera se desborde
por fin interminable.

Usted, hijo de perra, tiene la palabra.

Luis Rogelio Nogueras (también conocido como Wichy, el rojo, por el color de su pelo) (La Habana, 1944-1985). Escritor, poeta, guionista y periodista cubano. Nace en una familia con inquietudes intelectuales. A los catorce años edita la revista Libertad de la Asociación de Estudiantes de Academia Militar del Caribe. En 1961 comienza a trabajar en el ICAIC. En 1963, ya escribe guiones y ejecuta diseños para dibujos animados. En 1967 su poemario Cabeza de Zanahoria recibe el Premio David de la Unión de Escritores y Artistas de Cuba (UNEAC). En 1977 su novela de espionaje Y si muero mañana obtiene el Premio UNEAC de novela Cirilo Villaverde.

Eliseo Alberto, “Esther en alguna parte”

esther-en-alguna-parte-eliseo-alberto-escritor-cubano-habana-po[…] Martes 11 de noviembre, 2003. Hay una noche dentro de la noche, dice Virgilio Piñera. También hay otra patria dentro de la patria, una ciudad dentro de la ciudad, un hombre dentro de cada hombre. La Habana se revela en esos silencios aplomados de los barrios. A muchos de sus habaneros y habaneras se les va la vida en una indiferencia mojigata. No se atreven a violar ni siquiera un límite, Ismael: ellos son los que se sientan en los balcones a ver pasar la paloma de un pecado, el gallo de un guapo, el perro callejero de un insolente, la potranca de una prieta altiva. Yo te digo que duermen en sus camas de sábanas cansadas, en posición fetal y con calcetines. Ni sueños tienen: tampoco de qué arrepentirse. ¡Mala suerte! Toda ciudad acoge una corte de fracasados: seres huecos, presos en el laberinto del barrio, la esquina, el parque de la otra cuadra y, en casa, cuatro paredes de puntal alto, con muchas capas de merengue acartonadas: en la pared del norte, un cisne; en la del sur, dos tigres de bengala; en la del este, la imagen de un patriota, enmarcado en cedro; en la que resta, el panteón de retratos donde un aro de luz recorta cabezas de los parientes difuntos, bien peinadas. Las rosas de papel en el pomo de mayonesa son nuestras siemprevivas, nuestras siempre muertos. A la bailarina de porcelana la pierna derecha o tres dedos de la mano o la docena de frambuesas que antes, cuando joven, llevaba en un canasto. Por esta calle no ha venido ni de visita la lujuria. Es el reino masturbado de una Cuba que también es Cuba aunque solo tenga, por encanto, la atracción de ver cómo se mecen levemente los sillones: desde el otro mundo los espíritus repiten la costumbre de balancearse, tric trac, tric trac, hasta quedar dormidos. Los muertos se vuelven a morir, sobrino. La culpa la tiene el calor. Es la sarna de la apatía: la lepra tenaz de la abulia. Todo se deja para mañana. Mañana, mejor mañana. Mañana. Los cubanos nos conformamos con la media mentira que encierra la media verdad. Cuánto daño nos ha hecho esta manía de cuidar las apariencias. Desde niños nos domesticaron con el consejo de que la ropa sucia en casa. Me duelen las articulaciones. A los machos de este país les aterroriza la ternura, tanto o más que un alacrán o una araña peluda. No soportan sentirse frágiles, lacios. En esta ciudad nadie perdona a nadie: cada cual en su luchita, en su chiquero. […]

Eliseo Alberto (La Habana, 1951-México, 2011) Narrador y periodista. Fue jefe de redacción del Caimán Barbudo. Ha publicado las novelas La fogata roja (Premio de la crítica, 1983), La eternidad por fin comienza un lunes (1992), Caracol Beach (I Premio Internacional de Novela Alfaguara, 1998), Esther en alguna parte (Premio Espasa Calpe, 2005; ediciones Unión 2010) entre otras. Escribió guiones para cine: Guantanamera, dirigida por Tomás Gutiérrez Alea y Juan Carlos Tabío; El elefante y la bicicleta , Juan Carlos Tabío, entre otros largometrajes.

Miguel Mejides, “Perversiones en el Prado”

libro de Miguel Mejides Perversiones en el Prado[…] “Si uno quiere de verdad morirse, se arroja delante de una máquina veloz, y así el silencio”. Cuando Samantha dice eso, Zenea, desde su pedestal, desde su hechura de bronce, la mira consternado, con lástima, y quién sabe, si hasta desee hacerle un poema a su dolor y soledad. Aquí está Samantha en su entarimado del Prado, con la manga atestada de la masa de churro, apretándola sobre la manteca hirviente y los cocuyos revoloteando a su alrededor. Pregona sin cesar que es pura harina de Castilla, azúcar blanco refino, todo de calidad. La gente le compra, poco a poco, pero e compra. ¡Cuánto no diera Samantha por ser una mujer diferente!, con una biografía sin ese hombre de vegas, sin ese otro Bastián animal, una biografía como una de esas mujeres que pasan hacia la tienda del Sevilla y se bautizan de cosas lindas y andan en zapatos altos, vestidas con perfumes. Quisiera leer de corrido en público, que no creyeran que es bruta, estampar su firma como un regalo de buena letra y, sin embargo, le está prohibido, porque el marido teme que descubran su maldad de mandar boleros a Europa, porque el marido se esperanzó con que algún rico los leyera y averiguara quién era ese compositor y nada, nadie mandó preguntar, solo el policía indagó, Cocó, ellos, tratando de obtener mi letra, la letra con que copié los boleros. Y ahora viene el inspector de impuestos, con zapatos sucios, pantalón crudo. Y los veinte pesos diarios para él, un Camilo Cienfuegos azul, en viaje hacia él, para no pagar licencia, para que no me jodan la existencia. Las promesas de nueva vida no bastan, estoy cansada, y el churro arde en la manteca y pasan las máquinas, ¿Cuál escoger? Mejor será una guagua, pero llevan mucho escándalo, demasiada gente. Y Zenea, embadurnado de grasa, sufriendo. […]

Miguel Mejides (Camagüey, 1950). Ha publicado varias novelas y libros de cuentos. En 1995 ganó el premio de cuentos Juan Rulfo, convocado por radio Francia Internacional. Esta segunda edición de Perversiones en el Prado (novela, ediciones Unión, 2012) está disponible en la librería de la Uneac, 17 y H, Vedado.

Senel Paz, “El lobo, el bosque y el hombre nuevo”

instrucciones para cruzar el espejo[…]Me voy, en el tono que lo había dicho Diego, tiene entre nosotros una connotación terrible. Quiere decir que abandonas el país para siempre, que te borras de su memoria y lo borras de la tuya, y que, lo quieras o no, asumes la condición de traidor. Desde un principio lo sabes y lo aceptas porque viene incluido en el precio del pasaje. Una vez que lo tengas en la mano no podrás convencer a nadie de que no lo adquiriste con regocijo. Este no podía ser tu caso, Diego. ¿Qué ibas a hacer tú lejos de La Habana, de la cálida suciedad de sus calles, del bullicio de los habaneros? ¿Qué podías hacer en otra ciudad Diego querido, donde no hubiera nacido Lezama ni Alicia bailara por última vez cada fin de semana; una ciudad sin burócratas ni dogmáticos para criticar, sin un David que te fuera tomando cariño? «No es por lo que piensas», dijo. «Sabes que a mí la política me da lo mismo ocho que ochenta. Es por la exposición de Germán. Eres muy poco observador, no sabes el vuelo que tomó eso. Y no lo botaron a él del trabajo, me botaron a mí. (…) Pero, qué voy a hacer, ¿luchar? No. Soy débil, y el mundo de ustedes no es para los débiles. Al contrario, ustedes actúan como si no existiéramos, como si fuéramos así solo para mortificarlos y ponernos de acuerdo con la gusanera. A ustedes la vida les es fácil: no padecen complejos de Edipo, no les atormenta la belleza, no tuvieron un gato querido que vuestro padre descuartizó antes sus ojos para que se hicieran hombres. También se puede ser maricón y fuerte. Los ejemplos sobran. Estoy claro en eso, pero no es mi caso. Yo soy débil, me aterra la edad, no puedo esperar diez o quince años a que ustedes recapaciten, por mucha confianza que tenga en que la Revolución terminará enmendando sus torpezas.»[…]
Senel Paz (Las Villas, 1950). Narrador, guionista y periodista. Tiene publicados El niño aquel (cuentos, 1980) y Un rey en el jardín (novela, ediciones Unión, 1990). El guión de la película Fresa y chocolate está basado en este cuento suyo, con el que obtuvo el premio Juan Rulfo en 1990 y ha sido incluido en la antología a cargo de Alberto Garrandés Instrucciones para cruzar el espejo (Editorial Letras Cubanas, 2010) disponible en la librería Fayad Jamís.

Francisco López Sacha, “Escuchando a Little Richard”

variaciones al arte de la fuga-francisco lopez sacha[…] Ni Brache ni yo nos dimos cuenta, pero la noche se vino abajo. Estábamos casi todos, fumando. Esa vez trajeron una placa de Los Beach Boys que sonaba bastante difusa y un montón de cigarros mentolados con el nuevo sistema de meterlos dentro de un pomo y dejarlos así, a la intemperie. Tocaron a la puerta, pero no fue con dos toques primero, un silencio y dos toques después. No. Fue un toque imperativo, violento, con una voz de mando que resonó en el pasillo y un corrientazo que sacudió el sótano y los cigarros desaparecieron por la persiana abierta y Esponda empezó a ahuyentar el humo y se olvidó de apagar el tocadiscos. Brache alzó los brazos. Richard abrió la puerta con la serenidad de los habaneros ante el peligro, y entró Carrasco, el administrador, con su abrigo enguantado verde olivo encima de un pullover blanco que tenía en un círculo rojo a un becado como se suponía que fuéramos nosotros, y dio un par de zancadas con sus botas de casquillo redondo hasta el tocadiscos, levantó el disco de Little Richard y lo estrelló contra la pared. Aquí está prohibida la música americana, gritó, con un ligero temblor en los labios, mientras los pedazos del disco caían para siempre en cámara lenta. Valle entro detrás, mohíno, con sus ojos oscuros y saltones. Aquí está prohibido beber, y agarró de un tirón la botella sin etiqueta que tenía un fondito y la lanzó contra el piso de cemento. Los cristales se dispersaron ante los pies de Roberto Jiménez con una implosión extraña, como si la botella no se hubiera roto de esa manera y un aire de adentro separara los cristales uno a uno para que no se volvieran a juntar. ¿No lo saben? Está prohibido fumar, y le arrebató el pomo a Obdulio y se le vieron sus ojos claros y su pelo canoso pelado al cepillo. El pomo se hizo añicos cuando cayó de sus manos nervudas de hombre viejo y el olor a mentol subió y subió. Están prohibidos los mocasines y el pantalón estrecho y se fue encima de Nicolás Leonard, que como había imitado a los negros, conservaba una calma lentísima y hasta desafiante. Vamos a desintegrar el albergue, e hizo así con el índice de derecha a izquierda entre el resto del humo que quedaba en la última noche del sótano. Todos van a Consejo Disciplinario, dijo, resoplando por la nariz, azulado por el bombillo y dirigiéndose a Valle. Todos.  […]

Francisco López Sacha (Manzanillo, 1950). Narrador y ensayista. Ha publicado la novela El cumpleaños del fuego y los libros de cuentos La división de las aguas, Descubrimiento del azul, Análisis de la ternura y Dorado mundo, con el que fue Premio Alejo Carpentier. Este cuento citado aparece en la antología de Rogelio Riverón, La línea que cruza el agua (Cuentos cubanos contemporáneos) (Monte Ávila Editores Latinoamericana, 2005), disponible en la Librería Fayad Jamís. Su libro de cuentosVariaciones al arte de la fuga (ediciones Unión, 2011) está a la venta en la librería de la Uneac.

Gertrudis Gómez de Avellaneda, “Al Partir”

gertrudis gomez de avellaneda¡Perla del mar! ¡Estrella de Occidente!
¡Hermosa Cuba! tu brillante cielo
la noche cubre con su opaco velo,
como cubre el dolor mi triste frente.

¡Voy a partir!…. La chusma diligente,
para arrancarme del nativo suelo
las velas iza, y pronta a su desvelo
la brisa acude de tu zona ardiente.

¡Adiós, patria feliz, edén querido!
¡Doquier que el hado en su furor me impela,
tu dulce nombre halagará mi oído!

¡Adiós!… ¡Ya cruje la turgente vela…
el ancla se alza…el buque, estremecido,
las olas corta y silencioso vuela!

Gertrudis Gómez de Avellaneda (Puerto Príncipe, 1814-Madrid, 1873). Poetisa. Se le conocía por Tula. Hija de un oficial de la marina española y de una camagüeyana. Entre 1846 y 1858 estrena en teatros de Madrid alrededor de trece obras dramáticas, entre ellas Hortensia, Los puntapiés y La sonámbula, no impresas y actualmente perdidas. Hacia 1853 intenta ingresar en la Academia Española pero le es denegada la solicitud por ser mujer. Una vez de regreso a la Habana dirige la revista Álbum cubano de lo bueno y de lo bello (1860). Colaboró entre otras publicaciones periódicas con Álbum del bello sexo, El liceo de la Habana, Cuba Literaria. Prologó el Viaje a la Habana (1844) de la condesa de Merlín y el tomo de Poesías de Luisa Pérez de Zambrana. Tradujo poemas al francés. Utilizó el seudónimo La peregrina.  

Félix Pita Rodríguez, “La recompensa”

félix pita rodríguez-cuentos[…] -¿Eso quiere decir que se va a morir?
-Pudiera ser… A veces se para antes de llegar y se hace un grano que empuja la piel y revienta. Pero a veces… Si me hubieras llamado un poco antes…
-Yo no podía saber.
-Claro, claro.
Nicolasa se incorporó separándose del catre y sintió que se quedaba sola. Los pensamientos de diez días con sus noches, le atravesaron los labios en un susurro desesperado.
-Si Martica se muere, Francisco no va a comprender.
Lo dijo caminando hacia la puerta abierta. Un pedazo de la ciénaga estaba del otro lado, con su color triste, angustiador. El pensamiento de Marta resbalaba por los lodazales, corría. Francisco estaba allá, en la islita, después de pasar el mar. Estaba allá, pensando en Martica y quería que viviera. No iba a comprender aquello de la bolita que subía para llegar al corazón. La negra Nicolasa se apoyó en el marco de la puerta torcida.
-Tal vez si la llevaras a La Habana, Marta.
-¿Adónde?
-A La Habana. A veces los médicos pueden.
-Pero La Habana está muy lejos, Nicolasa.
Lo dijo de un modo que Nicolasa comprendió. La tierra enferma de la ciénaga no terminaba nunca. Y La Habana estaba del otro lado de ese nunca, que era como el otro lado del mundo.
-Es verdad, cuesta mucho.
Nicolasa sacudió la cabeza como un árbol al que ya no le queda ninguna hoja que dejar caer.
-Francisco no podrá comprender, Nicolasa.
-Ni Francisco ni nadie, Marta. Eso no es cosa de Dios. […]

Félix Pita Rodríguez (Bejucal, 1909-La Habana, 1990). Narrador, poeta, ensayista, periodista, crítico literario, autor teatral, y guionista de radio y televisión. En 1946 recibe el Premio Internacional Hernández Catá por su relato Cosme y Damián. Entre sus obras más conocidas están Corcel de fuego, Las noches, Tarot de la poesía, La pipa de cerezo y otros cuentos. En 1982 fu condecorado con la Orden Félix Varela y en 1985 Premio Nacional de Literatura.