Nombrar El parque: Evelyn Pérez

parque de Kholy
Foto: Dazra Novak

Poco importan los nombres que hayan tenido antes. Los parques, las plazas, los barrios van delineando otro mapa particular, más o menos feliz, según los escarmientos que de ellos guardamos. Somos nosotros, los caminantes, quienes los modelamos a nuestra conveniencia en un amasijo de recuerdos que, caprichoso random, se despiertan cada vez que los pies tropiezan en aquella esquina donde aquel día…, bajo el  balcón que nos… Sigue leyendo “Nombrar El parque: Evelyn Pérez”

Guardavecinos: ni tan cerca ni tan lejos

guardavecinos
Foto: Dazra Novak

Uno de los elementos más distintivos y admirables de la rejería cubana son los guardavecinos. Estas caprichosas divisiones, aparentemente tímidas, a duras penas separan hoy balcones y vecinos tan malacostumbrados a posar indiscriminadamente el ojo sobre el otro, a la convivencia pared con pared, a esta Habana que es una gran casa común. Sigue leyendo “Guardavecinos: ni tan cerca ni tan lejos”

Hablan las columnas

columnas reflejadas en vidriera
Foto: Dazra Novak

Verdadera constante del paisaje habanero son las columnas. Su función, a medio camino entre el sostén y la decoración, comenzó en el lejano XVIII. Siglo que abrió paso, entre otras cosas, al barroco colonial que se entronaría en la isla con sus maneras exageradas, su manía de complicarlo todo con abundantes líneas curvas que, en cuestiones de exuberancia, compiten con la profusa vegetación autóctona que dos centurias antes de seguro presentía la llegada del almirante. Sigue leyendo “Hablan las columnas”

De los amigos

un hombre y una mujer bajo una sombrilla verde
Abel Quintero, pintor cubano

Hace unos días, encerrada entre las cuatro paredes de mi cuarto, sacaba cuentas. Sumaba y restaba, con la cabeza cómodamente recostada a la almohada, gente, eventos, escenas no solo del año que recién terminó sino de mi vida toda. Repasaba mis paredes como quien repasa las de una galería con una exposición permanente donde hay cartulinas, fotos, acuarelas, lienzos… y estos dos personajes bajo una sombrilla que me acompañan desde el año 2007. Sigue leyendo “De los amigos”

Breve paseo de estilos

edificio serrano
Foto: Harold Ferrer / Tomada de http://www.quinquecuba.com

Quizá por eso, porque a La Habana no le impresionó por mucho tiempo un único estilo arquitectónico, sus habitantes somos de todo un poco: alegres y trágicos, sueltos e impresionables, imparables y achantados, musicales y solemnes. Un visitante atento, al admirar nuestros edificios cuyas fachadas e interiores corren siglos desde el mudéjar al art-nouveau hasta lo cuestionable-geométrico-emergente, podrá comprobarlo por sí mismo: nuestra mulata, zalamera pero muy religiosa, nació de esa cargante manipulación de sombras provocada por las curvas barrocas de la Iglesia de la Catedral. Sigue leyendo “Breve paseo de estilos”

Faroles habaneros

farol en la pared
Foto: Dazra Novak

Para los primigenios habitantes de esta isla las primeras fuentes de luz fueron los cocuyos, las teas, las antorchas. Hasta que se abrieron paso, a través de la oscuridad y de los siglos, las velas de sebo o los velones nutridos con aceite de oliva importados desde Sevilla. Estos últimos, lujo de adinerados. Sigue leyendo “Faroles habaneros”

Balcones

balcón en la PLaza del Ángel
Foto: Dazra Novak

Si te asomas, te juro, también puedo recitarte un poema. No te preocupes, a los vecinos aquí les encanta ese alboroto. Se pasan la vida mirando a ver quién llegó con quién, quién se fue, salió, volvió. ¿Quién es esX? Seguro aplauden al final. Si te asomas yo te canto: puedes escoger entre Vinagrito, Tal vez, la Calabacita o cualquier tema de Marta Valdés. Sigue leyendo “Balcones”

Paradas necesarias

edificios de la calle Infanta, La Habana
Foto: Dazra Novak

Hagamos un alto, una parada. Preguntémonos si realmente estamos viendo lo que corresponde, y eso sería, en cualquier caso: la vida. Pasa que generalmente los ojos se quedan varados en las columnas sucias, la enredadera de cables y balcones y cuarterías y tendederas, en los restos de anuncios pegados, la gente que lanza improperios/ piropos cochinos o se la pasa sentada mirando/vendiendo cualquier cosa para sobrevivir… pañitos de cocina, discos, jabitas, baterías, inciensos, fosforeras (¿pa´ qué más candela?, llegué a preguntar una vez para luego arrepentirme). Casi nunca miramos las caras de los que esperan la guagua. Casi nunca preguntamos, de verdad, por la vida del otro. Vemos –y no vemos- las plantas creciendo caprichosamente desde los aleros, y las rajaduras de los arquitrabes y el derrumbe inminente y nos espantamos –sin que se note mucho el espanto- (nos espantamos de la zona donde vive el otro mientras el otro, por su lado, se espanta de la nuestra). Nos fijamos más en el moho y falta de pintura de las paredes, que en la existencia que transcurre entre ellas acomodada en el paso del tiempo, persistente ante el calor y las contrariedades, inevitable-frágil-tan-llena-de-posibilidades como suele ser la vida misma. Para esto sirven las paradas: hagamos una alto, raspemos la pintura con la cuchillita de los ojos para ver qué hay debajo y entonces, cuando veamos lo que corresponde: ayudemos al ciego a cruzar.

Ánimo de hogar

Edificio en la esquina de Lïnea y 14, Vedado, La Habana
Foto: Dazra Novak

Este edificio en la esquina de Línea y 14, Vedado, -da lo mismo si voy de ida o de regreso- llama poderosamente mi atención. Si voy de mañana mi ánimo amanece tan solo de mirar esos tiernos balconcitos hechos de madera, delicadamente trabajada, que luce frágil y sin embargo carga con tanta teja, tantos años, tanto sol. Si voy al mediodía vuelve mi energía a amanecerse en esa sombra caprichosa conque árboles más o menos altos les refrescan. Si paso en la tarde, no sé cómo se las arreglan, pero ahí está de nuevo esa fresca sensación (como cuando hacemos tiempo bajo la sombra de un árbol muy frondoso) de que las horas no pasan, no hay un día tras otro porque es siempre el mismo día a la misma hora de los mejores recuerdos: y amanezco sonriente como en los cuentos de aquella infancia donde el protagonista –y el/la niño/a espectador, es decir, nosotros- terminaba casad/ con un/a príncipe/princesa… y feliz. Quizá porque los edificios de ahora me dan no sé qué: mientras más modernos, más fríos; mientras más elegantes, más respiración artificial; mientras más empinados, menos entienden que la existencia de los otros es a cada uno de nosotros lo que la vida misma. Y es que estos balcones se me antoja que pueden detener el tiempo. Me gustan porque son como el cuento que, antes de dormir, solía leerme mamá.

Se dice

calle Colón y San Lázaro
Foto: Dazra Novak

y se comenta: “Ahora sí, que vengan ya que los estoy esperando”. Mientras otros afirman: “Falta poco para que la Habana se llene de rascacielos”. Oigo decir: “Ya era hora”. Mientras susurran: “Esta apertura…”. Y otros aseguran: “Están viniendo cada vez más turistas a ver lo que después ya no va a to be” (para nosotros: ni ser ni estar). Están los que se contentan con eso de que: “El malecón se llenará de hoteles y bares y restaturantes”. Aplauden ansiosos porque: “La Habana se llenará de luces… artificiales”. Dicen: “Menos mal” y a veces no se dan cuenta de que con el menos mal (tan necesario) también llega el menos bien, no se dan cuenta de que si la Habana se llena de rascacielos qué bonito pero qué igual a cualquier otra ciudad del mundo (a cualquierita), no se dan cuenta de que para mejor tener afuera hay que sembrar/cuidar lo que se lleva por dentro y más el cubano que padece de nubecitas en la cabeza que a veces no le dejan ver con claridad dónde pisa y por eso dice una cosa y hace otra, no llega o se pasa, se ríe cuando hay que llorar (y viceversa).