Welcome

danza abierta

Al ser reducida a penumbras la hermosa sala del Teatro Martí, desaparecieron como por arte de magia sus molduras, balcones, banquetas, el esplendor de otros tiempos y el público de hoy. Una cortina de pequeños trocitos de papel hacía rebotar la luz de los reflectores mientras un hombre enseñaba a bailar –a moverse- a una mujer: dolorosa metáfora de esta mujer que hemos sido, por los siglos de los siglos, hecha, dictada por el hombre. Sigue leyendo “Welcome”

Parques…

Parque de la calle Boyeros
Foto: Dazra Novak

“Aquí cada vez que se cae un edificio hacen un parque”, escucho con demasiada frecuencia. ¿Otro más? ¿a quién le hace falta otro parque? Y yo respondo para mis adentros, a los que no tienen dónde, a los que gustan respirar mejor, a los que tienen –por suerte- pajaritos en la cabeza, o demasiados problemas sin resolver. A los que esperan la guagua, la suerte, a la mascota que anda haciendo pis o estirando las patas, al hijo/nieto/sobrino que monta la bici. Me pregunto, con tanto videojuego como hay disponible, si tendrán los parques de hoy la misma función, el mismo deseo que nos ganaba a nosotros cuando éramos niños y no había muchas opciones. Dime, ¿qué tiempo hace que no vas a un parque simplemente a sentarte, a pensar en nada? ¿Qué tiempo hace que no te encuentras a algún conocido, lees un libro, te citas con alguien? Creo que hoy, más que nunca, hacen falta los parques. Con tanto humo de almendrón, entre otras cosas, el verde nunca sobra. Con tanto teléfono celular y wifi, el verdadero encuentro es un milagro. Recoge una hojita seca y guárdala en tu diario, deja una nota para un desconocido, acuéstate bajo alguna sombra (revisa antes no vaya a haber brujería), ¡haz algo para salirte de lo mismo! Si dices que sobran los parques seña de que ya los conoces todos, a ver, ¿me dices cómo se llama este?

 

Planes 2016

Una mujer limpia ventanales de un edificio
Foto: Beatriz Verde Limón

Este año te tiras con la guagua andando, ya verás. Haces un montón de cosas que nunca antes habías hecho. Por ejemplo, algo bien loco como subirte al último piso y limpiar las ventanas por fuera, desde afuera. Este año tus cosas deberán andar muy limpias, muy claras, listas para lo que sea que te espera en una isla donde nunca se sabe… pero bueno, en lo que eso llega, comenzarás una cadena algo parecida a esas que circulan asegurando de la manera más idiota “si haces diez copias de esto la suerte tocará a tu puerta”. Pero tú, como este será tu año creativo, lo que harás será sorprender a un/a desconocido/a pagándole el taxi, cargándole las jabas, invitándole a un café o un almuerzo, dejándole pasar antes en la cola, o, no sé, regalándole un libro (lo que se ocurra y te sea posible) para que, cuando ese/esa desconocido/a recuperado/a ya del asombro te devuelva el correspondiente “gracias”, tú le digas “no me agradezcas, mejor haces algo parecido a esto, o lo que se te ocurra, por alguien más”. Así de paso aprovecharás para recordarle a todo el mundo que al cubano se le da fácil esto de desear cosas buenas, de hacer cosas buenas de corazón y tú solo le estás dando un leve empujoncito para que no se olvide. En este año solo una cosa te servirá: ten muy presente, donde quiera que estés, todo lo que eres.

Adiós 2015

trabajador de comunales con ramo de flores
Foto: Beatriz Verde Limón

Y mira que este año ha sido duro. Han pasado cosas lindas y feas, cosas inesperadas. Este 2015 fue el año en que perdí -nunca llegamos a tener- una personita muy deseada que esperé durante nueve meses, a mi primer sobrino David que nunca llegó a abrir los ojos y me tocó despedirlo con demasiadas lágrimas y cuestionables respuestas para mis preguntas. Este año operaron a mi papá de urgencia, perdí dos trabajos, se fue del país una amiga de años con ese resabio enconado de quienes tienen la paciencia agotada -y no puedo culparlos-, no alcancé a escribir todo lo que tenía para escribir/decir. De hecho, en este año llegué a pensar que nunca más podría escribir. Pero este también fue el año en que concebí/leí/honré con el elogio a mi maestro Eduardo Heras León en la ceremonia donde le entregaron el Premio Nacional de Literatura, me invitaron a participar en Lima imaginada representando a Cuba entre otros jóvenes escritores latinoamericanos, tradujeron dos cuentos míos al inglés, visitaron Cuba amigos que descubrí gracias a este blog, y aquí está mi blog con cientos de seguidores y cada vez más cientos de visitas diarias y gente que me escribe para desearme cosas buenas, hablarme de sus vidas, sueños, recuerdos, decirme que no deje de escribir. Este año ha tenido cosas malas y cosas buenas, y ahora se va, se va y yo sigo aquí. Sigo aquí.

Su bono vence a las 23:59:59

calle Línea del Vedado habanero llena de gente
Foto: Beatriz Verde Limón

“Se acabó la fiesta de las recargas dobles” dicen por todos lados, “ahora hay que usar el crédito porque tiene vencimiento, gastarlo hablando cualquier bobería”. Se acabaron las llamadas perdidas, ahora la gente usa el celular para lo que fue concebido, se comunica hasta con el pariente que está en el extranjero y el pariente/el amigo, sorprendido, no sabe si contestar o colgar y devolver la llamada, como dicta la costumbre cubana. ¡Usa el crédito!, ¡llama!, me dicen a mí, que solo acudo a él para cosas muy puntuales y generalmente hasta olvido que tengo saldo disponible y mi amigo Bent Michaelsen me contesta del otro lado del mundo, en Noruega, “¡qué sorpresa!, ¿y esto?” Igual me llega un mensaje de Cubacel que insistentemente me recuerda su crédito vence el día tal a las 23:59:59. Pero… ¿cómo? ¿todavía me queda algo? Ahora las llamadas no me parecen tan caras, de hecho, odio este crédito insistente que no quiere gastarse hasta que me salva la sección de poesía de mi librero y comienzo por Eliseo Diego, Oscar Cruz, Dulce María Loynaz, Jesús David Curbelo, Legna Rodríguez, Lezama Lima, etc, etc, etc y comienzo a teclear mensajes y más mensajes de texto con poemas de estos autores para mis amigas y amigos que no entienden y me contestan con un: “¡qué lindo!, pero, ¿era para mí?” ¡Es que nadie acostumbra a enviar poemas para gastar el crédito? Quisiera seguir. Resulta que ahora quisiera seguir, pero mi bono se agota finalmente con uno de Damaris Calderón:

CAMINOS

No conducían a ninguna parte.
Vano pretexto para perder los pies
para arrastrarse en una u otra dirección.

Exposición Zona Franca

exposición Zona Franca Bienal 2015
Foto: Dazra Novak

La expo Zona Franca, en La Cabaña, es una gaveta con tesoros. Trabajos excelentes y no tan buenos, coloridos, sorprendentes, desafiantes y otros, con múltiples lecturas. Algunos nos evocan tanto la risa como el recuerdo, otros dan miedo y uno sale por los pasillos y tarda en desprenderse del susto, del recuerdo, del salto en el estómago. Los divertidos dan deseos de más, de que no se acabe, de que cuando termine la Bienal se queden ahí para siempre. (¿Por qué no los dejan ahí para siempre y así uno se tira por la lengua-canal o se sienta al borde de la fuente cada vez que quiera?) Los inteligentes hacen pensar, generan ideas y sonrisas de medio lado. Pero los que más me gustan son los sencillos, los que vienen sin alarde a decirme cosas profundas, cosas que parece que no, pero sí, llevan razón –en realidad-muchas-razones-, están ahí, y se van conmigo como esa sombra que me sigue a todas partes, y de la que nunca podré separarme.

Maleconarte

lámpara en el malecón
Foto: Dazra Novak

El pasado domingo nos maleconamos. Una vez más, pero ahora con toda la vía rápida para nosotros, los caminantes. El muro se llenó de instalaciones para encaramarse y mirar “desde allá arriba”, desde una caja azul, desde unos binoculares. Mirar, o simplemente sentarse a ver la gente pasar, graficar el nombre sobre alguna pared, escuchar un ruido extraño, penetrar algún túnel, imaginarse el frío que corta los patines por debajo. ¿Frío en este calor? La gente, emocionada, se abalanzó sobre un artista que pedaleaba una bicicleta y avanzaba regalando flores. Hubo niños que juguetearon con las olas y metieron los pies en la arena de una playa ¡en medio del malecón! Mientras, los mayores sorbían sus tragos tendidos en una tumbona, bajo una palmita, y aquellos músicos tocaban jazz. Un rostro de mujer sorprendida oteaba por encima de nuestras cabezas, y nosotros que avanzábamos hacia las flechas no sin antes revisar hasta los viejos muros tumbados: por estos días el arte, como el agua de mar, por todas partes está.

Geografía cubana en movimiento

Centro Comercial Puentes Grandes, La Habana, Cuba
Foto: Dazra Novak

La geografía citadina, esa a la que le endilgamos lentitud e inmovilidad sin derecho a segundas oportunidades –cría fama y acuéstate a dormir-, a veces nos sorprende. De repente uno viene desde la Vía Blanca, después de pasar la Ciudad Deportiva, como quien va a seguir por la Avenida 26 hacia el Zoológico, o bien con intenciones de doblar izquierda para agarrar por la Avenida 51, y presencia una irrupción al costado de la vía. Algo más llamativo que la esperada luz verde del semáforo, que el tráfico abundante de almendrones y el típico avance apurado de los peatones que transitan cotidianamente esas aceras enida y vuelta. Una breve zona limpia que contrasta con la suciedad de ese tramo que dejamos atrás luego de las líneas del tren y el Hospital conocido como Clínico de 26. Fachada nueva allí donde tantos meses ¿años? antes hubo tapias de zinc y consigna sobre valla gigantesca, cuyas paredes recién pintadas lanzan un letrero que reza: Centro Comercial Puentes Grandes. Dicen que son los mismos productos que hay en todos lados –en estos tiempos al cubano le da por pensar que, como que es nuevo, venderán alguna otra cosa-, dicen que las cajas registradoras no son todo lo rápidas que deberían ser, dicen, que hay una sala para navegar Internet. Todavía no entro a probar, pero igual, se alegran mis ojos por lo de rescate que se advierte en la escena.

Centro Comercial Puentes Grandes, La Habana, Cuba
Foto: Dazra Novak

Nuevas campañas

Valla públicaMe alegra encontrar estas vallas tratando de rescatar valores, las frases de cortesía, el respeto al otro, ese correcto y necesario ejercicio cívico que hace de una ciudad, una acogedora y respetable urbe. Ya se nota en la práctica, gracias también a los spots televisivos que, entre otros, la Asociación de Comunicadores ha elaborado y dirigido a los jóvenes, a los que más hay que repetirles los buenos días, los permiso y los gracias, además de explicarles todos y cada uno de los por qué, sobre todo… explicarles los por qué. Por este camino quizá rescatemos también esas zonas grises de la gastronomía donde ya ni el cliente ni el camarero sentirán que están recibiendo/haciendo un favor del/al otro, se cederán más asientos en el transporte público a los ancianos, ayudaremos a cruzar la calle antes de que se nos pida ayuda. Quizá, poco a poco, la música del vecino me vaya molestando menos, la mayoría respete la cola y la honestidad vuelva a hacer que alguien desconocido –como me ocurrió en una gasolinera hace unos días-, me devuelva quince pesos que cayeron del bolsillo trasero de mi pantalón. Me agrada este despertar de la gente y este cambio de la palabra “lucha” por la palabra “gracias”. Francamente, creo que es un mejor camino a la paz.

valla pública