Parque de la Normal

farola, banco y árboles en el parque de La Normal

Querida Yeisem, yo no tenía idea, hasta que comentaste en una de mis fotos en Instagram, que este era el parque de tu infancia. En ese caso te habría preguntado por qué lado le entrabas (y hubiera hecho esas fotos para ti), si era en el grande o en el pequeño (hay dos que responden al mismo nombre) donde aprendiste a montar bicicleta con tu abuelo. Imagino debe haber sido en el más grande, el que se lleva toda una manzana y está un tilín más lejos del tráfico constante de la avenida Infanta. Ese es más amplio, más seguro y la verdad es que, lejos de lo que esperaba encontrarme por estar en la mismísima frontera entre el Cerro y Centro Habana, es muy silencioso. Tiene, yo diría que multiplicada por tres, esa modorra especial que guardan bajo su falda los árboles muy frondosos. Está bastante limpio y mucha gente, ya sabes, va a conectarse a la wifi. Dicen que esto último, por las luces que pusieron y la cantidad de gente que afluyó desde entonces, limpió el lugar de gimnasias cuerpo a cuerpo en la noche (entre otros desmadres), cosa que a algunos no les gustó mucho. Hacerle fotos a este lugar era algo que tenía pendiente desde el año pasado, en noviembre, cuando Silvio Rodríguez dio allí uno de sus conciertos por el Día Mundial de los Niños. Me dio mucha gracia porque al convocar a algunos para aquel concierto en un sitio que yo no conocía sospeché que pronunciaban mal su nombre. ¡El parque del anormal!, decían. Me dije, no, no puede ser, la humana creatividad no puede llegar hasta ahí. Pregunté y, en efecto, la Normal era la escuela que hoy se llama Nguyen Van Troi y que le ha acuñado el nombre para siempre, aunque hayan puesto una estatua de aquel sobre un pequeño montículo. De día el parque me pareció mucho más bonito, quizá por la abundancia de los tonos de verde, y porque de noche no se nota el juego de las formas de los bancos con las formas de las ramas de los árboles. Había mucha gente ese día, pero es tan amplio, que casi no se notaban. Algunos transeúntes lo recorrían por aquí y por allá. Otros simplemente descansaban. Alguien paseaba un perro. Un hombre buscaba algo entre las raíces (faena religiosa, presumo) mientras este vapor que quemaba el día y algunas de mis fotos subía desde el pavimento hacia el mediodía. ¿Era así de tranquilo cuando ibas allí a jugar?

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