Y si vas al Cobre…

iglesia del Cobre
Tomada de cubaenfotos

De la ciudad de Santiago de Cuba quedé enamorada y fue colofón de mi diálogo interior –efímero por mi breve estancia-, mi promesa de volver. Pero el motivo real de mi visita, debo confesarlo, fue la Virgen de la Caridad, patrona de Cuba, esa que luce su rosario de oro allá en el empinado santuario del Cobre. Me resultaba esta, obligada visita, algo así como un deber de cubana anclada a las más arraigadas costumbres de su terruño. Mas no fue nunca por curiosidad ante esos agradecimientos –medallas y demás- que se acumulan a sus pies por los milagros concedidos. Tampoco fue la historia de su prodigiosa aparición ni la fe que le profesan los que me rodean desde que nací. Fui yo, simplemente yo. Pasé junto a los vendedores, que se apiñan a los pies de la escalinata, casi sin observar los bustos de madera y de yeso, los paquetes de piedras con partículas de cobre impregnadas en sus caprichosas formas, las estampas –más pequeñas y más grandes-, los dijes. Y subí pensativa escalón por escalón. Nada le debía –nada nos debíamos-, y nada le pedí. Me pareció injusto hacerle perder tiempo con mis debilidades, tomando en cuenta la cantidad de gente arrodillada a mi alrededor, con velas encendidas y ramos de flores, rezando apasionadamente. Digamos que mi visita fue puro acto de introspección, desaforada búsqueda dentro de mí misma. No voy a decir lo que encontré, -a nadie más que a mí pertenece tamaño hallazgo-, baste decir que alcanzo a reconocer un antes y un después de mi visita, como si yo, que nada iba buscando, algo encontrara. Algo.

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Ay, madre mía de la Caridad

Virgen de la Caridad
Virgen de la Caridad

Como en cada enero pasa que la gente se pregunta qué será de nosotros, según los Orishas, en este nuevo año. Cumplidas las ceremonias de rigor a las doce de la noche en punto, léase la vuelta a la manzana con una maleta de rueditas, quemar el año viejo en un muñeco de trapo, el cubo de agua lanzado a la calle, previo despojo de la casa con yerbas y flores y las respectivas misas y sacrificios, el cubano se pregunta qué otra cosa podría hacerse para salir ilesos ante el designio implacable de los dioses.

-La oficial es Orishaoko con Oshún. Orishaoko es el de la tierra y viene con los Egun –dice mi vecina mientras espera que mi mamá le preste la coladita de café-. La de 10 de octubre es Shangó con Oshún. Tú sabes, falta que nos hace Oshún, pa´ que endulce un poco la isla, mi´ja.

Es curioso que las dos casas regentes en esta fe tomen derroteros diversos, tomando en cuenta que son las mismas deidades para todo el mundo. Caso omiso a este detalle, no obstante, la mayoría se decanta por la casa de 10 de octubre, si bien todos quieren saber qué predijo la Asociación Cultural Yoruba de Cuba. Así las cosas, mi vecina me dice que hay que tomar en cuenta a los Egun -es decir, a los muertos-, y atender a Elegua -el dios niño, el de los caminos-, evitar el estrés y cuidar la pareja. Hay que ser humildes y respetuosos. Este año hay que sembrar para recoger. Es un año que anuncia escasez en la alimentación y hay que tener sumo cuidado a la hora de firmar papeles porque nos pueden estafar. “Debes dar antes de recibir”, “En la unión está la fuerza”, “Una flecha no mata un pensamiento”, son algunos de los refranes para este año 2013.

-A las tres voy a hacer una misa –dice mi vecina- vayan por la casa.

Y a las tres estoy allí con una vela, mi pequeño aporte. Y miro a las santeras con sus collares, sus turbantes, la mesa con siete copas y un crucifijo en medio, las flores blancas, blanquísimas y abundantes, la palangana con pétalos, cascarilla, colonia. Meto mis manos, pensativa. Me santiguo.

-Pide, niña –dice mi vecina-, pide cosas buenas pa´ este año. Pide pa´ to´ el mundo.

Y pido.

Se me eriza toda la espalda hacia arriba, hasta la nuca, justo ahí donde vive Egun. No sé si es cosa mía, no sé, pero algo se despierta en mí cuando escucho los cantos:

  …ay, madre mía de la Caridad,

   ayúdanos, ampáranos,

   en el nombre de Dios…