Consejos de la letra del año para 2014

malecón habanero
Foto: Beatriz Verde Limón

Este año ganó el concurso Yemayá, la Virgen de Regla, la reina del mar, la dueña del mundo. A su lado, como deidad acompañante, Elegguá, el santo niño, el dueño de todos los caminos posibles. Dicen que este año debemos ser organizados en todo sentido, evitar los vicios y cuidar a nuestros mayores. Dicen que, cuando el mar se ponga bravo, mejor estar a buen recaudo, lejos de él hasta que a Yemayá se le pase la perreta (numerosas se anuncian). Pero Yemayá es tan bondadosa que termina dando lo que uno le pide, de modo que no estaría mal escribirle una carta con todo lo que se desea, envolver con ella una piedra y lanzarla al mar. Carta que baja a lo profundo: Yemayá escucha atentamente (como el genio de la lámpara), pero mira, antes es preciso  que sepas bien lo que quieres. ¿Estás seguro de que lo que quieres es eso? Si estás seguro ahora escucha los refranes del signo: La mariposa quiso volar antes de tiempo y se le quemaron las alas, Todo lo tengo y todo me falta, Dios le da barba al que no tiene quijá, A Rey muerto, Príncipe coronado. Como ves, este es un año de paciencia; un año que parece que no, pero sí (y viceversa); un año donde la suerte te puede sonreír; un año donde probablemente alcances la mayoría de edad y alguien abandone su puesto para que tú lo ocupes. Igual si no crees en nada de esto yo te respeto mas insisto, vístete mucho de blanco, mira que si bien no te hace, mal tampoco.

Tiendas cubanas de artículos religiosos

tienda cubana de artículos religiosos
Tienda de artículos religiosos / Foto: Dazra Novak

Tinajas azules para olokun. Amarillas para ochún. Verde y amarillo para orula. Blancas para obattalá. Indio montado en un caballo al que se ofrenda un girasol. Osunes y barajas españolas. Chamalongos para preguntar lo que se quiere saber. Libros de oraciones para los espíritus. Cocos para romper en las esquinas y caracoles donde se guardan entes protectores. Muñecos de trapo, iddés para el santo, lengua atravesada por un clavo para espantar el mal de ojo. Garabatos de elegguá y arcos con flecha de ochosi. Raíz de jengibre, esponja de mar, estropajo, azogue para separar, miel de abejas para endulzar, velas de colores, alcanfor para espantar hechicerías y enfermedades, melao para yemayá, vírgenes de yeso, piedras de río y de mar, aves de plumas blancas y negras, jío jío, tarros de venado, la todopoderosa cascarilla y el vendedor que me pregunta: Niña, ¿quieres algo más? Y me extiende a Tulina metida en un cucurucho de periódico. No, gracias, yo solo quería tener una jicotea.

jicotea
Tulina / Foto: Dazra Novak

La Ceiba es sagrada

la ceiba
Tomado de cubarte.cult.cu

“Si bien no me hace, mal tampoco”, ¿qué cubano no ha usado, mínimo una vez, esta frase? Así, cuando la realidad le supera, cuando las fuerzas ya no dan más y la cosa se pone gris con pespuntes negros, entonces el cubano recurre a “esos otros caminos”. Llevar una ofrenda a la ceiba es uno de ellos. Pedirle lo que uno más desea, gran respeto mediante, porque la Ceiba es árbol sagrado que no teme tormenta ni ciclón, árbol que hasta el rayo respeta. Y resiste sequía. Y resiste aguacero. Con grandes raíces a modo de muralla protectora el tronco anchísimo amenaza con gruesas espinas y asegura la tradición que para pisar su sombra, hay que pedir permiso. El silencio que reina bajo una ceiba es cosa de otro mundo, como si uno irrumpiera en la casa de alguien que además de ser muy sabio, es tanto más poderoso. Incluso en la víspera de San Cristóbal (Aggayú), patrono de la ciudad, a Iroko – así se le dice a la ceiba en regla Osha- se le da tres vueltas y se le pide, en el Templete, lugar donde se celebró la primera misa. Yo, personalmente, no estoy al tanto de si las promesas se cumplen o no –ojalá que así sea-, pero sí puedo dar fe de la abundancia cubana en el pedir, a juzgar por esa larga fila en cada víspera del santo y por las ofrendas que lucen los troncos durante todo el año. Es más, pregunto entre nos, si te pusieran la ceiba delante y fuera cosa de darle tres vueltecitas nada más. Sinceramente, ¿qué le pedirías?