Mi suerte de FILH 2018

entrada a la FILH 2018

Como cada año, la furia (feria) de los libros tomó por asalto la fortaleza de la Cabaña y no pocos puntos de la ciudad como el Pabellón Cuba, el Centro Dulce María Loynaz, la Casa de las Américas, entre otros. Muchos escritores nos enrumbamos a pleno sol, en medio de la muchedumbre, por entre calles adoquinadas, Sigue leyendo “Mi suerte de FILH 2018”

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Nuestra Habana 2018

bancos y árbol en calle G
Foto: Dazra Novak

Esta ciudad no ha cambiado nada desde que te fuiste. Siguen su curso los transeúntes como siempre apresurados hacia ninguna parte buscando chucherías más o menos importantes; los almendrones dejan una estela de humo gris que se despeja a ratos y a veces me hace estornudar (aunque tú asegurabas que la mía era una alergia a la isla) Sigue leyendo “Nuestra Habana 2018”

Su bono vence a las 23:59:59

calle Línea del Vedado habanero llena de gente
Foto: Beatriz Verde Limón

“Se acabó la fiesta de las recargas dobles” dicen por todos lados, “ahora hay que usar el crédito porque tiene vencimiento, gastarlo hablando cualquier bobería”. Se acabaron las llamadas perdidas, ahora la gente usa el celular para lo que fue concebido, se comunica hasta con el pariente que está en el extranjero y el pariente/el amigo, sorprendido, no sabe si contestar o colgar y devolver la llamada, como dicta la costumbre cubana. ¡Usa el crédito!, ¡llama!, me dicen a mí, que solo acudo a él para cosas muy puntuales y generalmente hasta olvido que tengo saldo disponible y mi amigo Bent Michaelsen me contesta del otro lado del mundo, en Noruega, “¡qué sorpresa!, ¿y esto?” Igual me llega un mensaje de Cubacel que insistentemente me recuerda su crédito vence el día tal a las 23:59:59. Pero… ¿cómo? ¿todavía me queda algo? Ahora las llamadas no me parecen tan caras, de hecho, odio este crédito insistente que no quiere gastarse hasta que me salva la sección de poesía de mi librero y comienzo por Eliseo Diego, Oscar Cruz, Dulce María Loynaz, Jesús David Curbelo, Legna Rodríguez, Lezama Lima, etc, etc, etc y comienzo a teclear mensajes y más mensajes de texto con poemas de estos autores para mis amigas y amigos que no entienden y me contestan con un: “¡qué lindo!, pero, ¿era para mí?” ¡Es que nadie acostumbra a enviar poemas para gastar el crédito? Quisiera seguir. Resulta que ahora quisiera seguir, pero mi bono se agota finalmente con uno de Damaris Calderón:

CAMINOS

No conducían a ninguna parte.
Vano pretexto para perder los pies
para arrastrarse en una u otra dirección.