Su bono vence a las 23:59:59

calle Línea del Vedado habanero llena de gente
Foto: Beatriz Verde Limón

“Se acabó la fiesta de las recargas dobles” dicen por todos lados, “ahora hay que usar el crédito porque tiene vencimiento, gastarlo hablando cualquier bobería”. Se acabaron las llamadas perdidas, ahora la gente usa el celular para lo que fue concebido, se comunica hasta con el pariente que está en el extranjero y el pariente/el amigo, sorprendido, no sabe si contestar o colgar y devolver la llamada, como dicta la costumbre cubana. ¡Usa el crédito!, ¡llama!, me dicen a mí, que solo acudo a él para cosas muy puntuales y generalmente hasta olvido que tengo saldo disponible y mi amigo Bent Michaelsen me contesta del otro lado del mundo, en Noruega, “¡qué sorpresa!, ¿y esto?” Igual me llega un mensaje de Cubacel que insistentemente me recuerda su crédito vence el día tal a las 23:59:59. Pero… ¿cómo? ¿todavía me queda algo? Ahora las llamadas no me parecen tan caras, de hecho, odio este crédito insistente que no quiere gastarse hasta que me salva la sección de poesía de mi librero y comienzo por Eliseo Diego, Oscar Cruz, Dulce María Loynaz, Jesús David Curbelo, Legna Rodríguez, Lezama Lima, etc, etc, etc y comienzo a teclear mensajes y más mensajes de texto con poemas de estos autores para mis amigas y amigos que no entienden y me contestan con un: “¡qué lindo!, pero, ¿era para mí?” ¡Es que nadie acostumbra a enviar poemas para gastar el crédito? Quisiera seguir. Resulta que ahora quisiera seguir, pero mi bono se agota finalmente con uno de Damaris Calderón:

CAMINOS

No conducían a ninguna parte.
Vano pretexto para perder los pies
para arrastrarse en una u otra dirección.

Leonardo Padura, “El viaje más largo”

el viaje más largo, Leonardo Padura[…] El barrio de San Isidro, en 1910, era el centro nacional de la alegría y la infamia. Mientras recorro sus calles tranquilas, un día de 1987, me resulta difícil imaginar a un hombre llamado Alberto Yarini y Ponce de León, avanzar por estas aceras el día que lo iban a matar. Ya en San Isidro no hay burdeles, ni vitrolas incansables, ni quioscos de apuntación. Este antiquísimo y siempre popular barrio habanero vive hoy un período de tránsito: junto a viviendas corroídas por el salitre y los años, el olor de cemento que desprenden las viejas edificaciones en plena reconstrucción, hablan de la esperanza de una nueva vida. El Solar de los Muertos, la oscura y triste ciudadela de San Isidro y Compostela es, quizás, la síntesis de esta transformación definitiva: el antiguo solar será, en breve, un círculo infantil. Pero, hace 77 años, el día que se decretó la muerte de Alberto Yarini, San Isidro vivía sus días más difíciles. (…)
En 1910, cuando Alberto Yarini alcanza el máximo esplendor de su reinado, en la Habana existían 529 prostitutas registradas, aunque, según un estudioso de la materia, esa cifra no debía pasar, en realidad, el 10 por ciento de las mujeres dedicadas a vender sus caricias.
Aquellas damas tristes, sin embargo, debían vivir como mujeres alegres, y al caminar por San Isidro era común oírlas entonar canciones y establecer controversias de punto guajiro, mientras otras limpiaban el quicio de la puerta, pues existía la superstición de que una entrada limpia atraía mejor a los clientes. Las prostitutas de entonces, además, escondían sus nombres verdaderos tras los más disímiles apelativos: unas se llamaban como la localidad que las vio nacer, otras empleaban nombres de flores y algunas usurpaban los patronímicos de artistas famosas o personajes de la alta sociedad.
La más dolorosa de sus costumbres era llevar tatuajes sobre el cuerpo. Se pusieron de moda, a principios de siglo, los lunares en las manos y en el rostro; las flores grabadas en los muslos y los senos (preferiblemente el izquierdo); los corazones sangrantes y enamorados en brazos y nalgas; las figuras eróticas en el vientre. Otras, en cambio, únicamente se marcaban las iniciales del chulo que las representaba. El 21 de noviembre de 1910, más de 25 mujeres de San Isidro llevaban, en algún lugar del cuerpo, las letras A.Y. […]

Leonardo Padura (La Habana, 1955) Narrador, ensayista y periodista. Premio Nacional de Literatura 2012. Autor de la tetralogía Las cuatro estaciones, formada por las novelas Pasado Perfecto (1991), Vientos de cuaresma (1994), Máscaras (1997), y Paisaje de otoño (1998), cuyo personaje protagónico es Mario Conde. Dos de sus novelas más conocidas son La novela de mi vida y El hombre que amaba los perros. El viaje más largo es un libro de reportajes publicado por Ediciones Unión en el año 1994 que incluye, entre otros, el barrio chino, historias de una familia gitana, las parrandas remedianas, el nacimiento de El Cobre, historias de fantasmas en el castillo de Averhoff así como vidas de músicos como Manengue, Chori y Chano Pozo.

Luis Rogelio Nogueras, “Uno se dice”

Hay muchos modos de jugarA Jesús Díaz
A los de la tercera infantería

Se recibe la noticia: Dean Rusk
(Rusk quiere decir hijo de perra en inglés)
amenaza de nuevo a Cuba.
Y uno apura, socrático, el minuto de cólera hasta los bordes,
se calza las botas que bien pueden conducirlo a uno a paso
de carga hasta la muerte,
cruza una calle, otra, monta en una guagua
y se desmonta justo en la segunda compañía de un batallón
de infantería.
Ve rostros conocidos, el mismo desfile de boinas,
gorras, fusiles, armas automáticas, otras botas,
más fusiles
y se dice: que todo no sea nada y se pueda volver de
nuevo a todo,
o que todo sea todo y que la cólera se desborde
por fin interminable.

Usted, hijo de perra, tiene la palabra.

Luis Rogelio Nogueras (también conocido como Wichy, el rojo, por el color de su pelo) (La Habana, 1944-1985). Escritor, poeta, guionista y periodista cubano. Nace en una familia con inquietudes intelectuales. A los catorce años edita la revista Libertad de la Asociación de Estudiantes de Academia Militar del Caribe. En 1961 comienza a trabajar en el ICAIC. En 1963, ya escribe guiones y ejecuta diseños para dibujos animados. En 1967 su poemario Cabeza de Zanahoria recibe el Premio David de la Unión de Escritores y Artistas de Cuba (UNEAC). En 1977 su novela de espionaje Y si muero mañana obtiene el Premio UNEAC de novela Cirilo Villaverde.

Suelta masiva de libros en La Habana

suelta masiva de librosEste domingo, en el parque de H y 21 del Vedado, se realizó unos de los más lindos encuentros propuestos por jóvenes cubanos en los últimos tiempos: Entregar un libro (o varios) a cambio de nada. Llegar al parque y buscar entre las raíces de los viejos árboles, encontrarlo sobre el banco, en la escalera de la glorieta, colgando de la cerca, en medio de la fuente seca cuando se va llegando a la calle 19. Algunos de los asistentes propusieron la búsqueda de tesoro escondido, otros, en silencio, se acercaron y entregaron el suyo a la primera persona que les pasó por delante. Los más pequeños buscaron y encontraron tras interminables vueltas sobre el césped, por sobre los caminitos cementados del parque, junto a los pies de los adultos que, con sonrisa de quien sabe adónde puede llegar esto, los dejaban a la vista. He soltado cuatro libros hoy -con el mes, el año y la ciudad anotados en la primera página-, espero que los beneficiados la pasen tan bien como yo al leer dos de esos títulos, tan bien como la pasé al escribir los otros dos. No sé por qué sospecho que en algún momento volverán a mí para que yo pueda enrumbarlos de nuevo. Ahora que lo pienso, hoy –mañana, siempre- todos deberían hacer lo mismo, poco importa en qué lugar del mundo vivan, poco importa la nacionalidad o el idioma, deberían agarrar un libro y, antes de darlo a alguien o dejarlo en algún lugar de acceso público, escribir en la primera página: “Este libro es de quien lo encuentre a cambio de que tras su lectura sea liberado de nuevo para que pueda ser disfrutado por otras personas. Gracias”. Ya verán qué bien se siente, ya verán qué bien hacen, ya verán.

Eliseo Alberto, “Esther en alguna parte”

esther-en-alguna-parte-eliseo-alberto-escritor-cubano-habana-po[…] Martes 11 de noviembre, 2003. Hay una noche dentro de la noche, dice Virgilio Piñera. También hay otra patria dentro de la patria, una ciudad dentro de la ciudad, un hombre dentro de cada hombre. La Habana se revela en esos silencios aplomados de los barrios. A muchos de sus habaneros y habaneras se les va la vida en una indiferencia mojigata. No se atreven a violar ni siquiera un límite, Ismael: ellos son los que se sientan en los balcones a ver pasar la paloma de un pecado, el gallo de un guapo, el perro callejero de un insolente, la potranca de una prieta altiva. Yo te digo que duermen en sus camas de sábanas cansadas, en posición fetal y con calcetines. Ni sueños tienen: tampoco de qué arrepentirse. ¡Mala suerte! Toda ciudad acoge una corte de fracasados: seres huecos, presos en el laberinto del barrio, la esquina, el parque de la otra cuadra y, en casa, cuatro paredes de puntal alto, con muchas capas de merengue acartonadas: en la pared del norte, un cisne; en la del sur, dos tigres de bengala; en la del este, la imagen de un patriota, enmarcado en cedro; en la que resta, el panteón de retratos donde un aro de luz recorta cabezas de los parientes difuntos, bien peinadas. Las rosas de papel en el pomo de mayonesa son nuestras siemprevivas, nuestras siempre muertos. A la bailarina de porcelana la pierna derecha o tres dedos de la mano o la docena de frambuesas que antes, cuando joven, llevaba en un canasto. Por esta calle no ha venido ni de visita la lujuria. Es el reino masturbado de una Cuba que también es Cuba aunque solo tenga, por encanto, la atracción de ver cómo se mecen levemente los sillones: desde el otro mundo los espíritus repiten la costumbre de balancearse, tric trac, tric trac, hasta quedar dormidos. Los muertos se vuelven a morir, sobrino. La culpa la tiene el calor. Es la sarna de la apatía: la lepra tenaz de la abulia. Todo se deja para mañana. Mañana, mejor mañana. Mañana. Los cubanos nos conformamos con la media mentira que encierra la media verdad. Cuánto daño nos ha hecho esta manía de cuidar las apariencias. Desde niños nos domesticaron con el consejo de que la ropa sucia en casa. Me duelen las articulaciones. A los machos de este país les aterroriza la ternura, tanto o más que un alacrán o una araña peluda. No soportan sentirse frágiles, lacios. En esta ciudad nadie perdona a nadie: cada cual en su luchita, en su chiquero. […]

Eliseo Alberto (La Habana, 1951-México, 2011) Narrador y periodista. Fue jefe de redacción del Caimán Barbudo. Ha publicado las novelas La fogata roja (Premio de la crítica, 1983), La eternidad por fin comienza un lunes (1992), Caracol Beach (I Premio Internacional de Novela Alfaguara, 1998), Esther en alguna parte (Premio Espasa Calpe, 2005; ediciones Unión 2010) entre otras. Escribió guiones para cine: Guantanamera, dirigida por Tomás Gutiérrez Alea y Juan Carlos Tabío; El elefante y la bicicleta , Juan Carlos Tabío, entre otros largometrajes.

Ramón Meza, “La Verbena de San Juan”

Ramón Meza escritor cubano
Ramón Meza

Por la tarde, cuando los últimos y rojizos rayos de sol iluminan el fondo de las casas que caen del lado del mar y dan de lleno en el grueso vidrio del faro del Morro haciéndole destellar intensamente, como si a aquella hora le iluminara la potente luz eléctrica, al sordo rumor de las olas arrojadas contra los ásperos arrefices de la ensenada que se extiende entre el castillo de la Punta y el viejo torreón de Sam Lázaro, se mezclan gritos, silbidos, carcajadas, exclamaciones y apóstrofes de una abigarrada muchedumbre esparcidas por toda la playa.
Es la verbena de San Juan, día en que aquella parte de la ciudad presenta animación extraordinaria. Los jornaleros, pescadores, desocupados y pilluelos que viven por las cercanías se han preparado de antemano como para una gran fiesta: uno hizo gran acopio de barriles desfondados; otro, de desvencijados muebles; otro, de inservibles piezas de ropa; otro, amontonó pedazos de madera, cajas, envases, cestos; los aprendices de carpintero hacinaron montones de viruta; los pilluelos ocultaron en algún escondrijo de las rocas cuanto combustible pudieron recoger: preparativos para el gran día, la víspera de San Juan, en que todos se encaminan, a rastro con sus provisiones, hacia la playa; y una vez allí, se reúnen en grupos, fraternizan, se entusiasman, se animan a trabajar en la obra común, que es levantar, a trechos, numerosas piras de rara forma, o bien de forma ninguna; lo que importa es que puedan quemarse luego y den mucha llamarada y mucho humo: en esto consiste lo más interesante y lo mejor de la diversión. […]
(La Verbena de San Juan (fragmentos), publicado en La Habana Elegante, Habana, 4 de julio de 1886)
Ramón Meza (La Habana, 1861-1911). Escritor. Doctor en Filosofía y Letras por la Universidad de la Habana. Fue secretario de la Sociedad Económica de Amigos del País. Colaboró con numerosas revistas, entre ellas: La Ilustracion cubana, Patria, El Palenque Literario, dejó varios textos inéditos tales como La ciudad de la Habana: sus barrios, plazas, casas, monumentos, fiestas, tradiciones, emblemas. Una de las obras más importantes de la Literatura cubana es su novela Mi tío el empleado.

Nuestro Centro Onelio cumplió quince años

celebración quince años Centro Onelio
De izquierda a derecha: Francisco López Sacha, Eduardo Heras león e Ivonne Galeano / Foto: Dazra Novak

Dazra Novak nació en el Centro de Formación Literaria Onelio Jorge Cardoso. 5ta ave, esq. 20, Miramar. Año 2004. VII curso de Técnicas Narrativas. Última silla a la derecha, junto a la puerta de salida, lista para salir corriendo si hiciera falta. Sin emitir opinión alguna en todo el curso porque de seguro allí todos eran ya escritores y yo una colada por casualidad. Par de años después trabajé como secretaria, coordinadora, correctora, en cualquier caso, activista entusiasta de un proyecto que en el pasado diciembre de 2013 no solo celebró quince años, sino el haber graduado más de 800 jóvenes de todo el país. A la sala Villena de la Uneac asistimos una buena parte de los que eternamente agradeceremos a Eduardo Heras León (chino Heras) y a Ivonne Galeano haber sorteado todo tipo de obstáculos con tal de abrirle paso a los jóvenes en la literatura de este país. “No todos serán escritores” dice siempre el Chino al comienzo del curso, “pero seguro serán mejores lectores, promotores culturales, editores, serán… mejores seres humanos”. Noble y delicado gesto de alguien a quien el Quinquenio Gris le robó tiempo dejándole una marca dolorosa que, no obstante, no consiguió apartarlo de la literatura. A las letras Heras nació dos veces, la segunda, como maestro. Por eso aplaudimos orgullosos cuando Yoss se paró al final y terminó su discurso así: “Chino, los libros que dejaste de escribir por enseñarnos a nosotros, en realidad no los dejaste de escribir, porque todos nuestros libros, son tuyos.”

Miguel Mejides, “Perversiones en el Prado”

libro de Miguel Mejides Perversiones en el Prado[…] “Si uno quiere de verdad morirse, se arroja delante de una máquina veloz, y así el silencio”. Cuando Samantha dice eso, Zenea, desde su pedestal, desde su hechura de bronce, la mira consternado, con lástima, y quién sabe, si hasta desee hacerle un poema a su dolor y soledad. Aquí está Samantha en su entarimado del Prado, con la manga atestada de la masa de churro, apretándola sobre la manteca hirviente y los cocuyos revoloteando a su alrededor. Pregona sin cesar que es pura harina de Castilla, azúcar blanco refino, todo de calidad. La gente le compra, poco a poco, pero e compra. ¡Cuánto no diera Samantha por ser una mujer diferente!, con una biografía sin ese hombre de vegas, sin ese otro Bastián animal, una biografía como una de esas mujeres que pasan hacia la tienda del Sevilla y se bautizan de cosas lindas y andan en zapatos altos, vestidas con perfumes. Quisiera leer de corrido en público, que no creyeran que es bruta, estampar su firma como un regalo de buena letra y, sin embargo, le está prohibido, porque el marido teme que descubran su maldad de mandar boleros a Europa, porque el marido se esperanzó con que algún rico los leyera y averiguara quién era ese compositor y nada, nadie mandó preguntar, solo el policía indagó, Cocó, ellos, tratando de obtener mi letra, la letra con que copié los boleros. Y ahora viene el inspector de impuestos, con zapatos sucios, pantalón crudo. Y los veinte pesos diarios para él, un Camilo Cienfuegos azul, en viaje hacia él, para no pagar licencia, para que no me jodan la existencia. Las promesas de nueva vida no bastan, estoy cansada, y el churro arde en la manteca y pasan las máquinas, ¿Cuál escoger? Mejor será una guagua, pero llevan mucho escándalo, demasiada gente. Y Zenea, embadurnado de grasa, sufriendo. […]

Miguel Mejides (Camagüey, 1950). Ha publicado varias novelas y libros de cuentos. En 1995 ganó el premio de cuentos Juan Rulfo, convocado por radio Francia Internacional. Esta segunda edición de Perversiones en el Prado (novela, ediciones Unión, 2012) está disponible en la librería de la Uneac, 17 y H, Vedado.

Claustrofobias por correo postal

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Foto: Dazra Novak

Yo, pensativa, barría. Barría desde el portal hacia afuera y pensando y… para ser más exactos, yo baldeaba. Agua y más agua para sacar polvo y lo que no es polvo (¿pensamientos desgastados, resignados, recurrentes?). Y el cartero, ese personaje del siglo pasado que a estas alturas es apenas un fantasma repartidor de periódicos y cuentas de teléfono bicicleta mediante, me chifla. “Una carta”. ¿Qué? “Una carta para Daz… eso mismo”. ¿Para mí? ¡Una carta! Letra impresa remitente con tinta negra desde Santiago de Cuba, sello de correos: Cuba correos 2010 (Holocambus ciliaris) 15 Isabelita reina 50 aniv. del Acuario Nacional, y tiene escrito mi nombre… ¡Mi nombre! Los muchachos de Claustrofobias me han enviado por correo ordinario un boletín donde una pregunta reza ¿Qué soy? y habla de catálogos de publicaciones y de trabajadores de una imprenta donde todavía hoy se hacen los libros a mano (su propuesta de colofón: Esta edición consta de 1000 ejemplares impresos en el taller humanizado de Ediciones Santiago) y los autores publicados usan palabras como sensibilizar, promoción literaria, jóvenes escritores para quienes todo comienza en la página de un libro. No puedo menos que sonreír esperanzada y agradecida también por las manos que se tomaron el trabajo de doblar el modesto boletín, adjuntar una postal con un fragmento de poema, pegar el sello, imprimir las señas correspondientes, llevarlo al correo (papel-bulto-avión-despegue-aterrizaje-se-toma-su-tiempo-bicicleta-mi-mano) para que esta personita que soy a muchos kilómetros de distancia reciba a mediodía, mientras barre el agua de su portal para espantar sombras y polvo, esta humilde señal que despierta su sentido de pertenencia.

Senel Paz, “El lobo, el bosque y el hombre nuevo”

instrucciones para cruzar el espejo[…]Me voy, en el tono que lo había dicho Diego, tiene entre nosotros una connotación terrible. Quiere decir que abandonas el país para siempre, que te borras de su memoria y lo borras de la tuya, y que, lo quieras o no, asumes la condición de traidor. Desde un principio lo sabes y lo aceptas porque viene incluido en el precio del pasaje. Una vez que lo tengas en la mano no podrás convencer a nadie de que no lo adquiriste con regocijo. Este no podía ser tu caso, Diego. ¿Qué ibas a hacer tú lejos de La Habana, de la cálida suciedad de sus calles, del bullicio de los habaneros? ¿Qué podías hacer en otra ciudad Diego querido, donde no hubiera nacido Lezama ni Alicia bailara por última vez cada fin de semana; una ciudad sin burócratas ni dogmáticos para criticar, sin un David que te fuera tomando cariño? «No es por lo que piensas», dijo. «Sabes que a mí la política me da lo mismo ocho que ochenta. Es por la exposición de Germán. Eres muy poco observador, no sabes el vuelo que tomó eso. Y no lo botaron a él del trabajo, me botaron a mí. (…) Pero, qué voy a hacer, ¿luchar? No. Soy débil, y el mundo de ustedes no es para los débiles. Al contrario, ustedes actúan como si no existiéramos, como si fuéramos así solo para mortificarlos y ponernos de acuerdo con la gusanera. A ustedes la vida les es fácil: no padecen complejos de Edipo, no les atormenta la belleza, no tuvieron un gato querido que vuestro padre descuartizó antes sus ojos para que se hicieran hombres. También se puede ser maricón y fuerte. Los ejemplos sobran. Estoy claro en eso, pero no es mi caso. Yo soy débil, me aterra la edad, no puedo esperar diez o quince años a que ustedes recapaciten, por mucha confianza que tenga en que la Revolución terminará enmendando sus torpezas.»[…]
Senel Paz (Las Villas, 1950). Narrador, guionista y periodista. Tiene publicados El niño aquel (cuentos, 1980) y Un rey en el jardín (novela, ediciones Unión, 1990). El guión de la película Fresa y chocolate está basado en este cuento suyo, con el que obtuvo el premio Juan Rulfo en 1990 y ha sido incluido en la antología a cargo de Alberto Garrandés Instrucciones para cruzar el espejo (Editorial Letras Cubanas, 2010) disponible en la librería Fayad Jamís.