Welcome

danza abierta

Al ser reducida a penumbras la hermosa sala del Teatro Martí, desaparecieron como por arte de magia sus molduras, balcones, banquetas, el esplendor de otros tiempos y el público de hoy. Una cortina de pequeños trocitos de papel hacía rebotar la luz de los reflectores mientras un hombre enseñaba a bailar –a moverse- a una mujer: dolorosa metáfora de esta mujer que hemos sido, por los siglos de los siglos, hecha, dictada por el hombre. Sigue leyendo “Welcome”

Habana por dentro

blog Habana por dentroLlegando a las 90 000 visitas en menos de dos años y 300 publicaciones en Habana por dentro, les dejo los enlaces a los diez post más visitados. Gracias a todos los seguidores, a los que comentan y a los que no (pero leen), a los que critican para bien y para mal, a los cubanos que se han acercado a nuestro país otra vez, virtual y/o físicamente. Gracias a los guiños de los amigos que desde muchos lugares del mundo comparten contenidos, dan me gusta, me impulsan más allá y a los que, incluso, han visitado Cuba desde Noruega, Dubai, Argentina, México y ya nos conocemos personalmente. Mientras pueda continuaré llevándolos por las calles de la Habana, sus maneras y su gente y, cada vez que me sea posible, por toda Cuba. Nunca olviden que un país, más allá de lo geográfico y la dinámica social, es este lugar donde uno nace, la casa propia donde se guardan esos recuerdos que, inevitablemente, se van con nosotros a cualquier parte.

1) 10 expresiones cubanas de uso popular
2) Vida
3) 10 creencias del cubano
4) Gato Tuerto
5) Malecón sin agua
6) Fábrica de Arte Cubano
7) 10 preguntas para clasificar como cubano
8) Café Fortuna
9) Onelio Jorge Cardoso, “Un brindis por el zonzo”
10) Aguacero

De los teléfonos públicos

telefono publico
Foto: Dazra Novak

Me pregunto que pasará con estos teléfonos públicos que antes (cuando no teníamos ni fijos ni celulares) nunca aparecían cuando más falta hacía (y hoy prácticamente son fósiles que uno se tropieza por casualidad). Los que se quedaban sin tono, estaban llenos de monedas o solo podían hacerse llamadas de emergencias. Esos teléfonos tan perseguidos por los reclutas salidos de pase que llamaban a las novias o familiares en provincia y uno se desesperaba porque, cuando la llamada al fin parecía estar a punto de terminar, el muchachito vestido de verde echaba más monedas. Y uno en la cola, esperando. Para leer, en nuestro turno, mientras se hablaba con esa voz del otro lado, los letreros rayados en la pared o en el propio teléfono: fulanita te quiero, un número de teléfono luchando contra la desmemoria, un corazón, un improperio, una rayita con la moneda de veinte centavos. ¿Se imaginan haber llamado al número que estaba escrito ahí? Conversar con el extraño como quien habla en un encuentro fortuito, establecer una conexión, entrarle por el oído a ese alguien desconocido que nos responde del otro lado (tomando en cuenta que tampoco existía el caller ID). Nadie sabe, a lo mejor tenía la voz bonita, a lo mejor estaba solo (o sola), a lo mejor en ese momento miraba el teléfono con ganas de que sonara o era alguien que conocía a alguien que lo conocía a uno pero no se animaba a dar el primer paso. Pero no, claro, en aquellos tiempos uno es esforzaba hasta por no equivocarse (la tecla de redial a veces no servía) y además siempre había más gente esperando detrás, en una cola que ni siquiera imaginaba que, años más tarde, al transeúnte le iba a caber un teléfono en el bolsillo del pantalón.