Leonardo Padura, “El viaje más largo”

el viaje más largo, Leonardo Padura[…] El barrio de San Isidro, en 1910, era el centro nacional de la alegría y la infamia. Mientras recorro sus calles tranquilas, un día de 1987, me resulta difícil imaginar a un hombre llamado Alberto Yarini y Ponce de León, avanzar por estas aceras el día que lo iban a matar. Ya en San Isidro no hay burdeles, ni vitrolas incansables, ni quioscos de apuntación. Este antiquísimo y siempre popular barrio habanero vive hoy un período de tránsito: junto a viviendas corroídas por el salitre y los años, el olor de cemento que desprenden las viejas edificaciones en plena reconstrucción, hablan de la esperanza de una nueva vida. El Solar de los Muertos, la oscura y triste ciudadela de San Isidro y Compostela es, quizás, la síntesis de esta transformación definitiva: el antiguo solar será, en breve, un círculo infantil. Pero, hace 77 años, el día que se decretó la muerte de Alberto Yarini, San Isidro vivía sus días más difíciles. (…)
En 1910, cuando Alberto Yarini alcanza el máximo esplendor de su reinado, en la Habana existían 529 prostitutas registradas, aunque, según un estudioso de la materia, esa cifra no debía pasar, en realidad, el 10 por ciento de las mujeres dedicadas a vender sus caricias.
Aquellas damas tristes, sin embargo, debían vivir como mujeres alegres, y al caminar por San Isidro era común oírlas entonar canciones y establecer controversias de punto guajiro, mientras otras limpiaban el quicio de la puerta, pues existía la superstición de que una entrada limpia atraía mejor a los clientes. Las prostitutas de entonces, además, escondían sus nombres verdaderos tras los más disímiles apelativos: unas se llamaban como la localidad que las vio nacer, otras empleaban nombres de flores y algunas usurpaban los patronímicos de artistas famosas o personajes de la alta sociedad.
La más dolorosa de sus costumbres era llevar tatuajes sobre el cuerpo. Se pusieron de moda, a principios de siglo, los lunares en las manos y en el rostro; las flores grabadas en los muslos y los senos (preferiblemente el izquierdo); los corazones sangrantes y enamorados en brazos y nalgas; las figuras eróticas en el vientre. Otras, en cambio, únicamente se marcaban las iniciales del chulo que las representaba. El 21 de noviembre de 1910, más de 25 mujeres de San Isidro llevaban, en algún lugar del cuerpo, las letras A.Y. […]

Leonardo Padura (La Habana, 1955) Narrador, ensayista y periodista. Premio Nacional de Literatura 2012. Autor de la tetralogía Las cuatro estaciones, formada por las novelas Pasado Perfecto (1991), Vientos de cuaresma (1994), Máscaras (1997), y Paisaje de otoño (1998), cuyo personaje protagónico es Mario Conde. Dos de sus novelas más conocidas son La novela de mi vida y El hombre que amaba los perros. El viaje más largo es un libro de reportajes publicado por Ediciones Unión en el año 1994 que incluye, entre otros, el barrio chino, historias de una familia gitana, las parrandas remedianas, el nacimiento de El Cobre, historias de fantasmas en el castillo de Averhoff así como vidas de músicos como Manengue, Chori y Chano Pozo.

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Luis Rogelio Nogueras, “Uno se dice”

Hay muchos modos de jugarA Jesús Díaz
A los de la tercera infantería

Se recibe la noticia: Dean Rusk
(Rusk quiere decir hijo de perra en inglés)
amenaza de nuevo a Cuba.
Y uno apura, socrático, el minuto de cólera hasta los bordes,
se calza las botas que bien pueden conducirlo a uno a paso
de carga hasta la muerte,
cruza una calle, otra, monta en una guagua
y se desmonta justo en la segunda compañía de un batallón
de infantería.
Ve rostros conocidos, el mismo desfile de boinas,
gorras, fusiles, armas automáticas, otras botas,
más fusiles
y se dice: que todo no sea nada y se pueda volver de
nuevo a todo,
o que todo sea todo y que la cólera se desborde
por fin interminable.

Usted, hijo de perra, tiene la palabra.

Luis Rogelio Nogueras (también conocido como Wichy, el rojo, por el color de su pelo) (La Habana, 1944-1985). Escritor, poeta, guionista y periodista cubano. Nace en una familia con inquietudes intelectuales. A los catorce años edita la revista Libertad de la Asociación de Estudiantes de Academia Militar del Caribe. En 1961 comienza a trabajar en el ICAIC. En 1963, ya escribe guiones y ejecuta diseños para dibujos animados. En 1967 su poemario Cabeza de Zanahoria recibe el Premio David de la Unión de Escritores y Artistas de Cuba (UNEAC). En 1977 su novela de espionaje Y si muero mañana obtiene el Premio UNEAC de novela Cirilo Villaverde.

Francisco López Sacha, “Escuchando a Little Richard”

variaciones al arte de la fuga-francisco lopez sacha[…] Ni Brache ni yo nos dimos cuenta, pero la noche se vino abajo. Estábamos casi todos, fumando. Esa vez trajeron una placa de Los Beach Boys que sonaba bastante difusa y un montón de cigarros mentolados con el nuevo sistema de meterlos dentro de un pomo y dejarlos así, a la intemperie. Tocaron a la puerta, pero no fue con dos toques primero, un silencio y dos toques después. No. Fue un toque imperativo, violento, con una voz de mando que resonó en el pasillo y un corrientazo que sacudió el sótano y los cigarros desaparecieron por la persiana abierta y Esponda empezó a ahuyentar el humo y se olvidó de apagar el tocadiscos. Brache alzó los brazos. Richard abrió la puerta con la serenidad de los habaneros ante el peligro, y entró Carrasco, el administrador, con su abrigo enguantado verde olivo encima de un pullover blanco que tenía en un círculo rojo a un becado como se suponía que fuéramos nosotros, y dio un par de zancadas con sus botas de casquillo redondo hasta el tocadiscos, levantó el disco de Little Richard y lo estrelló contra la pared. Aquí está prohibida la música americana, gritó, con un ligero temblor en los labios, mientras los pedazos del disco caían para siempre en cámara lenta. Valle entro detrás, mohíno, con sus ojos oscuros y saltones. Aquí está prohibido beber, y agarró de un tirón la botella sin etiqueta que tenía un fondito y la lanzó contra el piso de cemento. Los cristales se dispersaron ante los pies de Roberto Jiménez con una implosión extraña, como si la botella no se hubiera roto de esa manera y un aire de adentro separara los cristales uno a uno para que no se volvieran a juntar. ¿No lo saben? Está prohibido fumar, y le arrebató el pomo a Obdulio y se le vieron sus ojos claros y su pelo canoso pelado al cepillo. El pomo se hizo añicos cuando cayó de sus manos nervudas de hombre viejo y el olor a mentol subió y subió. Están prohibidos los mocasines y el pantalón estrecho y se fue encima de Nicolás Leonard, que como había imitado a los negros, conservaba una calma lentísima y hasta desafiante. Vamos a desintegrar el albergue, e hizo así con el índice de derecha a izquierda entre el resto del humo que quedaba en la última noche del sótano. Todos van a Consejo Disciplinario, dijo, resoplando por la nariz, azulado por el bombillo y dirigiéndose a Valle. Todos.  […]

Francisco López Sacha (Manzanillo, 1950). Narrador y ensayista. Ha publicado la novela El cumpleaños del fuego y los libros de cuentos La división de las aguas, Descubrimiento del azul, Análisis de la ternura y Dorado mundo, con el que fue Premio Alejo Carpentier. Este cuento citado aparece en la antología de Rogelio Riverón, La línea que cruza el agua (Cuentos cubanos contemporáneos) (Monte Ávila Editores Latinoamericana, 2005), disponible en la Librería Fayad Jamís. Su libro de cuentosVariaciones al arte de la fuga (ediciones Unión, 2011) está a la venta en la librería de la Uneac.

Gertrudis Gómez de Avellaneda, “Al Partir”

gertrudis gomez de avellaneda¡Perla del mar! ¡Estrella de Occidente!
¡Hermosa Cuba! tu brillante cielo
la noche cubre con su opaco velo,
como cubre el dolor mi triste frente.

¡Voy a partir!…. La chusma diligente,
para arrancarme del nativo suelo
las velas iza, y pronta a su desvelo
la brisa acude de tu zona ardiente.

¡Adiós, patria feliz, edén querido!
¡Doquier que el hado en su furor me impela,
tu dulce nombre halagará mi oído!

¡Adiós!… ¡Ya cruje la turgente vela…
el ancla se alza…el buque, estremecido,
las olas corta y silencioso vuela!

Gertrudis Gómez de Avellaneda (Puerto Príncipe, 1814-Madrid, 1873). Poetisa. Se le conocía por Tula. Hija de un oficial de la marina española y de una camagüeyana. Entre 1846 y 1858 estrena en teatros de Madrid alrededor de trece obras dramáticas, entre ellas Hortensia, Los puntapiés y La sonámbula, no impresas y actualmente perdidas. Hacia 1853 intenta ingresar en la Academia Española pero le es denegada la solicitud por ser mujer. Una vez de regreso a la Habana dirige la revista Álbum cubano de lo bueno y de lo bello (1860). Colaboró entre otras publicaciones periódicas con Álbum del bello sexo, El liceo de la Habana, Cuba Literaria. Prologó el Viaje a la Habana (1844) de la condesa de Merlín y el tomo de Poesías de Luisa Pérez de Zambrana. Tradujo poemas al francés. Utilizó el seudónimo La peregrina.  

Miguel de Carrión, “Las impuras”

Miguel de Carrión[…] En La Habana es difícil que una mujer galante pueda vivir de sus liberalidades de un solo hombre. Nuestros ricos son tacaños, como si conservaran todavía en esto la tradición de sus venerables antepasados, los tenderos y los almacenistas de tasajo, que a duras penas amasaron sus fortunas. La gran riqueza patrimonial no existe ya, y la de los políticos enriquecidos por el fraude, es demasiado reciente para que pueda pesar en un balance de nuestras costumbres nacionales. Por eso, la mayoría de las mujeres como Carmela, tienen que conformarse con que sus gastos sean pagados por una especie de sociedad de comandita, en la cual los deberes y los derechos de los socios están cuidadosamente reglamentados. La Aviadora tenía a Don Plácido, al general, a Pendales, a Angelín y a los que la enviaban a buscar de las tres o cuatro casas de citas con las cuales mantenía relaciones de negocios. Tenía un auto, que guiaba ella misma, dos o tres mil duros en el banco, aquel lindo departamento en la Avenida del Golfo y tres criadas, Josefina, la cocinera y un negrito. Pertenecía, pues, a la aristocracia del hetairismo habanero, y se le tributaban homenajes y envidia por las infelices que no habían podido llegar a tal altura. […]

Miguel de Carrión (La Habana, 1875-1929). Se graduó de médico en 1908 e ingresó en la Sociedad de Estudios Clínicos de La Habana. Su abundante labor periodística comenzó en 1899 en el Libertad, del que fue redactor. Creó, junto con Félix Callejas, la “revista para niños” La Edad de Oro (1904). Sus novelas Las honradas (1917) y Las impuras (1919) son, además de novelas psicológicas que buscan en el alma femenina, una disección de la sociedad cubana de la seudorrepublica. Sus novelas están entre las más importantes  dentro de la literatura cubana.