Leonardo Padura, “El viaje más largo” (II)

el viaje más largo, Leonardo Padura[…] “Yo conocí a Manengue desde los años 20, cuando era muy famoso y las orquestas lo lloraban. Pero en esa misma época, me acuerdo de que iba a tocar rumba en el Coro Alba, de Regla, y le encantaba salir con la comparsa de Los Turcos –cuenta Luis Salinas, veterano obrero portuario, reglano de cepa y buen amigo.
“Cuando hablo de él me parece estarlo viendo con sus timbales en el hombro y siempre vestido de saco, porque hasta en sus tiempos malos, Manengue siempre anduvo de saco. Él era un tipo de temperamento inquieto y verlo tocar era un espectáculo.
“Como su padre, él era Efik-Abakuá, que es el segundo juego más viejo de Cuba, porque se fundó en los tiempos de España, en 1845. Y siempre lo andaba pregonando, porque cuando llegaba a un lugar decía: ‘Llegó Manengue, Efik-Abakuá, quende maribá’.
“Y también era un tipo muy revirao. No le gustaba que lo explotaran y no era de los que tocaban por 40 o 60 quilos, no. Tampoco le gustaban las colectas y prefería que le prepararan un trago. Él siempre decía: ‘Para que me exploten otros, me exploto yo mismo, y además me divierto’. Por eso casi no trabajó en el puerto y decidió ganarse la vida tocando por ahí con sus amigos de bohemia, Millo, Carluchito, Servando, Juan Come Gallo y esa gente.
“La última imagen que tengo de él es verlo salir por las mañanas para Santa Catalina, con una caja y una pala de punta. De ahí sacaba las calandracas que le vendía a los pescadores de mojarra y el que se lo encontrara así no podía pensar que ese hombre que sacaba calandracas había sido el mejor timbalero que ha tenido este país”. […]

Leonardo Padura (La Habana, 1955) Narrador, ensayista y periodista. Premio Nacional de Literatura 2012. Autor de la tetralogía Las cuatro estaciones, formada por las novelas Pasado Perfecto (1991), Vientos de cuaresma (1994), Máscaras (1997), y Paisaje de otoño (1998), cuyo personaje protagónico es Mario Conde. Dos de sus novelas más conocidas son La novela de mi vida y El hombre que amaba los perros. El viaje más largo es un libro de reportajes publicado por Ediciones Unión en el año 1994 que incluye, entre otros, el barrio chino, historias de una familia gitana, las parrandas remedianas, el nacimiento de El Cobre, historias de fantasmas en el castillo de Averhoff así como vidas de músicos como Manengue, Chori y Chano Pozo.

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Eliseo Alberto, “Esther en alguna parte”

esther-en-alguna-parte-eliseo-alberto-escritor-cubano-habana-po[…] Martes 11 de noviembre, 2003. Hay una noche dentro de la noche, dice Virgilio Piñera. También hay otra patria dentro de la patria, una ciudad dentro de la ciudad, un hombre dentro de cada hombre. La Habana se revela en esos silencios aplomados de los barrios. A muchos de sus habaneros y habaneras se les va la vida en una indiferencia mojigata. No se atreven a violar ni siquiera un límite, Ismael: ellos son los que se sientan en los balcones a ver pasar la paloma de un pecado, el gallo de un guapo, el perro callejero de un insolente, la potranca de una prieta altiva. Yo te digo que duermen en sus camas de sábanas cansadas, en posición fetal y con calcetines. Ni sueños tienen: tampoco de qué arrepentirse. ¡Mala suerte! Toda ciudad acoge una corte de fracasados: seres huecos, presos en el laberinto del barrio, la esquina, el parque de la otra cuadra y, en casa, cuatro paredes de puntal alto, con muchas capas de merengue acartonadas: en la pared del norte, un cisne; en la del sur, dos tigres de bengala; en la del este, la imagen de un patriota, enmarcado en cedro; en la que resta, el panteón de retratos donde un aro de luz recorta cabezas de los parientes difuntos, bien peinadas. Las rosas de papel en el pomo de mayonesa son nuestras siemprevivas, nuestras siempre muertos. A la bailarina de porcelana la pierna derecha o tres dedos de la mano o la docena de frambuesas que antes, cuando joven, llevaba en un canasto. Por esta calle no ha venido ni de visita la lujuria. Es el reino masturbado de una Cuba que también es Cuba aunque solo tenga, por encanto, la atracción de ver cómo se mecen levemente los sillones: desde el otro mundo los espíritus repiten la costumbre de balancearse, tric trac, tric trac, hasta quedar dormidos. Los muertos se vuelven a morir, sobrino. La culpa la tiene el calor. Es la sarna de la apatía: la lepra tenaz de la abulia. Todo se deja para mañana. Mañana, mejor mañana. Mañana. Los cubanos nos conformamos con la media mentira que encierra la media verdad. Cuánto daño nos ha hecho esta manía de cuidar las apariencias. Desde niños nos domesticaron con el consejo de que la ropa sucia en casa. Me duelen las articulaciones. A los machos de este país les aterroriza la ternura, tanto o más que un alacrán o una araña peluda. No soportan sentirse frágiles, lacios. En esta ciudad nadie perdona a nadie: cada cual en su luchita, en su chiquero. […]

Eliseo Alberto (La Habana, 1951-México, 2011) Narrador y periodista. Fue jefe de redacción del Caimán Barbudo. Ha publicado las novelas La fogata roja (Premio de la crítica, 1983), La eternidad por fin comienza un lunes (1992), Caracol Beach (I Premio Internacional de Novela Alfaguara, 1998), Esther en alguna parte (Premio Espasa Calpe, 2005; ediciones Unión 2010) entre otras. Escribió guiones para cine: Guantanamera, dirigida por Tomás Gutiérrez Alea y Juan Carlos Tabío; El elefante y la bicicleta , Juan Carlos Tabío, entre otros largometrajes.

Ramón Meza, “La Verbena de San Juan”

Ramón Meza escritor cubano
Ramón Meza

Por la tarde, cuando los últimos y rojizos rayos de sol iluminan el fondo de las casas que caen del lado del mar y dan de lleno en el grueso vidrio del faro del Morro haciéndole destellar intensamente, como si a aquella hora le iluminara la potente luz eléctrica, al sordo rumor de las olas arrojadas contra los ásperos arrefices de la ensenada que se extiende entre el castillo de la Punta y el viejo torreón de Sam Lázaro, se mezclan gritos, silbidos, carcajadas, exclamaciones y apóstrofes de una abigarrada muchedumbre esparcidas por toda la playa.
Es la verbena de San Juan, día en que aquella parte de la ciudad presenta animación extraordinaria. Los jornaleros, pescadores, desocupados y pilluelos que viven por las cercanías se han preparado de antemano como para una gran fiesta: uno hizo gran acopio de barriles desfondados; otro, de desvencijados muebles; otro, de inservibles piezas de ropa; otro, amontonó pedazos de madera, cajas, envases, cestos; los aprendices de carpintero hacinaron montones de viruta; los pilluelos ocultaron en algún escondrijo de las rocas cuanto combustible pudieron recoger: preparativos para el gran día, la víspera de San Juan, en que todos se encaminan, a rastro con sus provisiones, hacia la playa; y una vez allí, se reúnen en grupos, fraternizan, se entusiasman, se animan a trabajar en la obra común, que es levantar, a trechos, numerosas piras de rara forma, o bien de forma ninguna; lo que importa es que puedan quemarse luego y den mucha llamarada y mucho humo: en esto consiste lo más interesante y lo mejor de la diversión. […]
(La Verbena de San Juan (fragmentos), publicado en La Habana Elegante, Habana, 4 de julio de 1886)
Ramón Meza (La Habana, 1861-1911). Escritor. Doctor en Filosofía y Letras por la Universidad de la Habana. Fue secretario de la Sociedad Económica de Amigos del País. Colaboró con numerosas revistas, entre ellas: La Ilustracion cubana, Patria, El Palenque Literario, dejó varios textos inéditos tales como La ciudad de la Habana: sus barrios, plazas, casas, monumentos, fiestas, tradiciones, emblemas. Una de las obras más importantes de la Literatura cubana es su novela Mi tío el empleado.