El cubano se cansa, pero no se rinde

calle Reina
Foto: Dazra Novak

Es propio del cubano la insistencia, el “jugar cabeza”, la segunda oportunidad… y la tercera. Es del cubano decir tiempo al tiempo y, aunque el mundo vaya por su lado uno seguir a pesar de todo por el camino que se tiene a mano, por el mínimo resquicio que la oportunidad siempre está dispuesta a darnos. Detrás de la sonrisa genuina que ofrecemos al extraño -ellos ni se lo imaginan-, a veces se esconde la más apremiante necesidad, la angustia por los años perdidos, por las separaciones y tantas cosas acumuladas que, si se mira hacia atrás, nadie entendería cómo llegamos donde llegamos. Pero el cubano no se rinde aunque nade contracorriente, aunque nade y nade frenado en el mismo lugar, aunque el final no se divise fácilmente. ¿Qué sería de nosotros sin ese vecino que, a pesar de todo, tiende la mano cuando menos lo imaginamos? ¿qué sería del cubano sin el amigo cubano siempre dispuesto, sin su propia disposición a ayudar desde lo más humano que lleva dentro? Eso, somos un pueblo que avanza lento y accidentado y tantas veces contrario al mundo, gente que humanamente se cansa, pero no se rinde.

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Pregones

carretilleros
Tomada de radiorebelde.cu

Dicen que desde el siglo XIX -incluso mucho antes-, se oían los pregones en la Plaza Vieja. Esos pregones de los vendedores ambulantes maní, calientico el maní con que llegaba el viejo de la lata y dentro de esta, se adivinaba el carbón encendido. También pasaba el florero las flores, flores blancas y en colores porque de seguro las mujeres saldrían -las esclavas, tiempo después las sirvientas y luego las amas de casa-, a comprar flores para alegrar la sala, para adornar la vida, para recordar a los muertos y ofrecer a los santos. También hubo un billetero, un tamalero, carbonero, botellero, afilador de cuchillos, que aunque yo no los vi me dijeron que la ciudad, al desbocarse más allá de la muralla, fue llevándose consigo estos pregones y sus respectivos pregoneros. Después La Habana se los tragó a todos un buen día, justo en los umbrales de aquel agónico período especial. Ahora, al socaire de los cambios, vuelven a florecer los viejos pregones y traen consigo otros nuevos, hijos de la necesidad: arreglador de cocina, colchonero, el comprador de oro. El que trae langosta, pescado, camarones y granos de café en un pregón susurrado, el que vende plátano macho maduro, azucenas, juntas de cafetera. Los pregones me despiertan anunciando otro día de trabajo en la ciudad, trayendo en los ojos de los pregoneros una dudosa niebla de esperanza, un penúltimo rayito de optimismo. Veo en la calle timbiriches como furúnculos que proliferan a su antojo, donde lo único que no es posible encontrar es una caja de muerto –porque esas han de ser todas grises, mal ensambladas, iguales todas–. Entonces, se abre ante mí la ciudad como una gran tómbola, una feria de las pulgas que no hace distinción entre calles secundarias y vías principales, un canto popular en alabanza a la artesanía como solución inmediata a tus problemas, o quizás un inesperado retroceso en el tiempo, como si la ciudad volviera a sus comienzos, aquellos primeros siglos que dieron nombre para siempre a las calles Oficios y Mercaderes.

10 torpezas del cubano

cubanos jugando dominó
Tomado de http://www.serramarina.blogspot.com

1-  Llegar sin avisar.

2-  Llegar sin avisar a la hora de la comida.

3-  Legar sin avisar a la hora de la comida y mirar a la mujer del prójimo para ver si el prójimo eligió bien.

4-  Decirle al prójimo que, si esa fuera su mujer, le pondría mano dura.

5-  Tocarlo repetidamente mientras lo aconseja.

6-  Tocarlo repetidamente mientras lo aconseja y de paso, tomarse el ron.

7-  Levantar la vista de las fichas del dominó y argumentar, con mirada lasciva, que la hija del prójimo ya es toda una mujer.

8-  Tirar la ficha de dominó.

9-  Preguntar la hora a gritos para que su voz se escuche sobre el ruido de la ficha de dominó.

10- Aguantar la respiración hasta que el prójimo masculla entre dientes, como qué remedio: “Te puedes quedar, aquí tienes tu casa”.