De Reyes y Magos en Cuba

regalo de reyes magosYo nunca recibí regalos el día de Reyes. (Tampoco puse nunca mi diente de leche debajo de la almohada para que el ratoncito me trajera una sorpresa.) Yo no hice cartas ni a Melchor ni a Gaspar ni a Baltasar prometiendo conducta intachable si me traía la bicicleta de mis sueños. A mí me tocaron cupones de juguetes donde yo debía escoger entre uno y otro, con algo de suerte, habría al menos uno en la vuelta que me tocaba. Sin embargo, muchas familias cercanas a mí retomaron en sus niños, generación siempre posterior a la mía, esta práctica. ¿A qué responde este cambio? No lo sé, la verdad verdadera es que no lo sé. ¿Añoranza, escape de la realidad? Hoy se extiende por toda Cuba la fantasía de los Reyes Magos y a mí particularmente no me molesta pese a que algunos le llaman payasada, moda, otros fe, fantasía, rescate de una bonita tradición. En cualquier caso oí de muchos niños que se pelearon en la escuela jurando que sí, que los Reyes Magos sí existen y entre lágrimas, perreta y decepción aceptaron a duras penas, tiempo después, que los verdaderos Reyes son sus padres (y Magos, por los malabares que hacen para traerle al niño lo que ha pedido en su carta). Toda vez que pregunto a los que la vivieron qué representó para ellos esta fantasía, me dicen: es algo bonito, algo que volvería a vivir con gusto. Para mí, qué les puedo decir, suena a cupón anual lamentablemente regido por la economía de cada familia. ¿Y para ti, qué significó para ti el día de los Reyes Magos? Dime, ¿harás que exista el día de Reyes para tus hijos?

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Tiendas cubanas de artículos religiosos

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Tienda de artículos religiosos / Foto: Dazra Novak

Tinajas azules para olokun. Amarillas para ochún. Verde y amarillo para orula. Blancas para obattalá. Indio montado en un caballo al que se ofrenda un girasol. Osunes y barajas españolas. Chamalongos para preguntar lo que se quiere saber. Libros de oraciones para los espíritus. Cocos para romper en las esquinas y caracoles donde se guardan entes protectores. Muñecos de trapo, iddés para el santo, lengua atravesada por un clavo para espantar el mal de ojo. Garabatos de elegguá y arcos con flecha de ochosi. Raíz de jengibre, esponja de mar, estropajo, azogue para separar, miel de abejas para endulzar, velas de colores, alcanfor para espantar hechicerías y enfermedades, melao para yemayá, vírgenes de yeso, piedras de río y de mar, aves de plumas blancas y negras, jío jío, tarros de venado, la todopoderosa cascarilla y el vendedor que me pregunta: Niña, ¿quieres algo más? Y me extiende a Tulina metida en un cucurucho de periódico. No, gracias, yo solo quería tener una jicotea.

jicotea
Tulina / Foto: Dazra Novak

Cirilo Villaverde, “Cecilia Valdés”

cirilo villaverde - cecilia Valdés[…] En todo son extremadas las mujeres de la índole de Isabel: o aman, o aborrecen; las medias tintas de sus pasiones se quedan para casos raros. En las pocas horas de su estada en el ingenio, había podido observar cosas que, aunque oídas antes, no las creyó nunca reales y verdaderas. Vio, con sus ojos, que allí reinaba un estado permanente de guerra, guerra sangrienta, cruel, imaplacable, del negro contra el blanco, del amo contra el esclavo. Vio que el látigo estaba siempre suspendido sobre la cabeza de este, como el solo argumento y el solo estímulo para hacerle trabajar y someterle a los horrores de la esclavitud. Vio que se aplicaban castigos injustos y atroces por toda cosa y a todas horas; que jamás la averiguación del tanto de la culpa precedía a la aplicación de la pena; y que a menudo se aplicaban dos o tres penas diferentes por una misma falta de delito; que el trato era inicuo, sin motivo que le aplacara, ni freno que le moderase; que apelaba el esclavo a la fuga o al suicidio en horca, como el único medio para librarse de un mal que no tenía cura, ni intermitencia. He aquí a síntesis de la vida en el ingenio, según se ofreció a los ojos del alma de Isabel, en toda su desnudez. […]

Cirilo Villaverde (Pinar del Río, 1812-Nueva York, 1894). Estudió filosofía en el Seminario de San Carlos y dibujo en la Academia de San Alejandro. Frecuentó las tertulias de Domingo del Monte, fue amigo de José Victoriano Betancourt. Apadrinó la publicación de los Artículos, de Anselmo Suárez Y Romero. Al estallar la Guerra de Independencia en 1868, se sumó a la junta revolucionaria establecida en Nueva York. Escribió la “Advertencia” y las “Notas” al folleto de Saco, Cuestión de Cuba, y prologó la Colección de artículos satíricos y de costumbres, de José María de Cárdenas. Su novela Cecilia Valdés ha sido llevada al cine y sirvió de base a la zarzuela del mismo nombre, de Gonzalo Roig.