Planes 2016

Una mujer limpia ventanales de un edificio
Foto: Beatriz Verde Limón

Este año te tiras con la guagua andando, ya verás. Haces un montón de cosas que nunca antes habías hecho. Por ejemplo, algo bien loco como subirte al último piso y limpiar las ventanas por fuera, desde afuera. Este año tus cosas deberán andar muy limpias, muy claras, listas para lo que sea que te espera en una isla donde nunca se sabe… pero bueno, en lo que eso llega, comenzarás una cadena algo parecida a esas que circulan asegurando de la manera más idiota “si haces diez copias de esto la suerte tocará a tu puerta”. Pero tú, como este será tu año creativo, lo que harás será sorprender a un/a desconocido/a pagándole el taxi, cargándole las jabas, invitándole a un café o un almuerzo, dejándole pasar antes en la cola, o, no sé, regalándole un libro (lo que se ocurra y te sea posible) para que, cuando ese/esa desconocido/a recuperado/a ya del asombro te devuelva el correspondiente “gracias”, tú le digas “no me agradezcas, mejor haces algo parecido a esto, o lo que se te ocurra, por alguien más”. Así de paso aprovecharás para recordarle a todo el mundo que al cubano se le da fácil esto de desear cosas buenas, de hacer cosas buenas de corazón y tú solo le estás dando un leve empujoncito para que no se olvide. En este año solo una cosa te servirá: ten muy presente, donde quiera que estés, todo lo que eres.

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Así, sin más

P 5 por la calle Línea
Foto: Dazra Novak

Es muy común en Cuba, cuando se anda dando vueltas cámara fotográfica en mano, que alguien pose para ti. Así, sin más. Por el sencillo placer de hacerse notar hace una pirueta, saca la lengua y/o ríe, dice algo gracioso, se deja fotografiar y luego prosigue su camino como si nada (aunque, por otro lado, nunca faltan esos que te extienden la mano y el one dollar de rigor). Los cubanos siempre tendrán a mano el chiste, esa frase recurrente de la última telenovela o el refrán que nos resulta tan ilustrativo, hasta en sus deformaciones, para burlar nuestra problemática realidad. En una cola, mientras se conversa con un conocido, se corre siempre el riesgo de que alguien –que está también en la cola- de pronto se dé la vuelta –porque ha estado escuchando todo el tiempo- y opine –sin pedir permiso. Así, sin más. Si llevamos un bebé nos lloverán los consejos, si hemos sido maltratados en alguna oficina o tienda alguien(es) de seguro hará(n) causa común con nosotros y, en ocasiones, llegará(n) hasta compartir su pedacito de mejor suerte. Así, sin más. (Aunque, por desgracia, de un tiempo a esta parte cada vez son más los que ni comparten ni hacen causa común). Por eso, quizá, tiré la foto: para que su gesto no caiga en el olvido, para que te contagies y la próxima vez que veas un anciano asomado al balcón o te tropieces con el niño camino de la escuela los saludes con un gesto de la mano, para ver si, por extraña magia de las pequeñas cosas, nos sale una sonrisa más grande en esa gran foto donde cabemos todos los cubanos del mundo.

Café O´Reilly

Café O´Reilly
Foto: Beatriz Verde Limón

Es la madera siempre cálida, el ruido del molino donde, sin apuros de siglo o de propina, el vendedor empaqueta los pedidos de clientes que hacen cola en la acera estrechita de la calle O´ Reilly. Es el aroma del polvo negruzco que se señorea por la estancia y se decide por él mismo, mientras repaso el menú. Es el carmelita, muy parecido al del café, de las mesas y las sillas, ventanas, marcos, pared y el dolce non fare niente de un taxista que, bien no está de servicio, o no le preocupa. Es el calor que le contagia a la impecable taza blanca, esa soltura del azúcar que le cae encima repartida en dos cucharadas, por favor, dos. Es el humo que sube como una escalera de caracol ante mi nariz y ese olor que derrota al polvo hecho cocimiento. Y es el mismo café, pero es otro. Es el gesto de levantar la taza hasta los labios, el probar caliente cielo de la boca garganta adentro mientras por la calle pasa un caminante, se detiene un vendedor, un turista, alguien compra viandas en el agro que está justo al frente, con otro carmelita que es otro, pero es el mismo. Es la brevedad del acto, la ración frugal, el reinado del sabor que queda después, mucho rato, después. Vivir una taza de café, lo que se dice vivir, es un largo episodio.

Café O´Reilly
Foto: Beatriz Verde Limón

Si no aparece, no te los desato

amarrarle los huevos al diablo
Foto: Dazra Novak

Probablemente esta costumbre cubana descienda del ritual de San Cucufato, aquel santo cristiano que padeció numerosas torturas y a quien, pura coacción a fin de lograr la concesión de nuestro pedido, se le hace un nudo a un trozo de tela y se le reza: San Cucufato, los coj… te ato, si no me lo concedes, no te los desato. Quizá provenga de San Dimas, el buen ladrón que, crucificado a la derecha de Jesús, observa cómo le amarramos a la pata de la mesa, a la pata de la cama o de cualquier otro mueble, hasta que aparezca lo que se nos ha perdido y andamos buscando como locos. Pocos recuerdan las palabras de rigor para sentenciar el pedido, pero muchos cubanos han probado asegurando que sí, funciona ¡y con qué rapidez! Basta con buscar una piedra, amarrarla y colgarla alevosamente en algún lugar pronunciando palabras amenazantes: ¡más te vale que aparezca pronto, que si no, te los dejo amarrados! Y ciertamente me escuchó, porque a los cinco minutos, después de angustiosas horas de búsqueda, aparecieron mis llaves de casa y con ellas, mi tranquilidad.

Larga vida

disco duro con el paquete semanal
Foto: Dazra Novak

Las botas y los tenis no se echan a la basura después de tanto uso, aquí se les cose. Las tiras de las sandalias se montan en una suela nueva. ¿Por qué los cubanos prefieren comprarse un Lada? Al culero desechable se le saca la tripa luego de la primera vez, y se rellena con un pañal de gasa para la segunda vez y las que vendrán después. La ropita de bebé, se pasa de mano en mano. El pomito plástico de refresco se rellena de agua, de jugo hecho en casa, de puré o mermelada. Con las revistas viejas se forran las libretas y los libros de texto para que duren más. Al plug de los audífonos viejos se le enrolla una precinta y tira un poquito, aunque pase de stereo a mono, aunque haya que hacerle una cosquillita para que suene. Gracias al lápiz el tubo de pasta de diente suelta lo que no tiene y los pomos de champú y de aceite, puestos de cabeza, prometen una última untadita. La colcha de trapear se exprime al hilo, así los huecos demoran más en salir. A la pantalla táctil del celular y de cualquier otro dispositivo se le deja el nylito pegado, para que no se vaya a rayar. Si con baterías ya no funciona, se puede poner directo a la corriente. Un televisor que no conocía el mando a distancia, aquí lo tiene y, con tres ventiladores viejos, se hace uno nuevo. ¿Nunca han visitado una casa donde el sofá conserva el nylon con que vino desde la tienda? Así llegó, muy protegido contra manos torpes y exceso de calor, un disco duro con el paquete semanal. Fue demasiada la tentación, no pude evitar tirarle una foto a esta ingeniosa lucha por una larga vida.

10 mandamientos cubanos para el uso del pozuelo plástico

pozuelo plástico1- El pozuelo nunca se devuelve vacío.
2- Será preciso llenarlo, mínimo, en sus 3/4 partes, de lo contrario te colgarán el título de tacaño… y tendrán razón.
3- Sabemos que la cosa está mala, de modo que nadie te va a reprochar si te demoras meses hasta tener algo con qué llenarlo antes de devolverlo.
4- Sí, la cosa está mala pero… vamos, tampoco le eches cualquier cosa.
5- Si lo vas a devolver vacío, por lo menos, friégalo.
6- Los pozuelos parece que no, pero son caros (sobre todo los que tienen tapa y sirven para el microwave). No seas cara dura y devuélvelos.
7- Los pozuelos se extravían con facilidad. A fin de evitar esto, identifícalos escribiendo tus iniciales en el fondo con pintura de uñas. (si tampoco regresan con esto, entonces usa un clavo caliente para marcarlos).
8- No contradigas al vecino cuando asegura que ese pozuelo es de él. Recuerda que son tiendas diferentes, pero iguales productos, y por eso terminamos comprando todos lo mismo. Si no usaste la pintura de uñas, mala tuya.
9- Si sabes que el vecino tiene la mala costumbre de no devolver nunca el pozuelo (incluso los que están debidamente rotulados), no discutas, no te fajes, para casos como este existen los potes vacíos de Nestlé.
10- No te dé pena sacarlo para guardar la comida que sobró en el restaurante, la merienda que alguien no se comió o algunas bolas de helado con la cola que te mandaste en Coppelia. A estas alturas ya el mundo entero sabe que el pozuelo plástico es el mejor amigo del cubano, después, claro, de la jabita de nylon.

10 sugerencias para trajinar al cubano chismoso

Centro Habana
Calle San Lázaro / Foto: Dazra Novak

1-Si al cerrar la puerta para salir sientes que hay un cubano chismoso pendiente de ti, te recomiendo dos cosas: primero, confiésale un destino falso; y después, pídele que te cuide la casa.
2-Si ves que saca la cabeza por encima de la reja cuando te traen la pizza a domicilio, bríndale con esa formalidad que nadie se cree: bueno… si gusta.
3-Si adivinas sus ojillos vidriosos tras de las persianas mientras vas llegando a casa con la comprita del mes, pon las jabas en el suelo, salúdalo con la mano y después con un efusivo gesto del brazo. Para que sepa que lo has visto, si sabes su nombre, grítaselo.
4-Miéntele, dile que entró pescado a la bodega y más, ¡dile que no hay cola!
5-Ponlo de frente al chisme de su autoría preguntando, como quien piensa en voz alta, ¿A quién se le habrá ocurrido decir…?
6-Amárrale una cinta roja a una lengua de vaca (¡una hoja de la planta, no la lengua del animal!) y déjaselo a la entrada de la casa. Disfruta los días posteriores en que lo verás tan ocupado: pensando o haciendo ebbó.
7-En la reunión para elegir al intachable, y aunque esto cree conmoción general, di su nombre. Sé firme en tu propuesta y terminará por creer que estás de su lado.
8-Invéntate cualquier chismecillo absurdo, coméntaselo sin dejar de usar estas frases: ¿Pero tú no sabías que…? ¿Dónde tú estabas cuando…? ¡Pero si eso todo el mundo lo sabe!
9-Cambia de palo pa´ rumba: si vas a salir dile que estarás todo el fin de semana en casa; si vas a quedarte, dile que vas a salir.
10-Averigua sus apellidos y ocúpalo en un proyecto a largo plazo: Asegúrale que salió una noticia en internet por el tema de una herencia que… bueno, yo no sé si será verdad, tú sabes, la gente es tan chismosa.

El toca toca cubano

muchachos en el malecón
Foto: Beatriz Verde Limón

Si el cubano te toca mientras te habla, no te ofendas, eso lo hace para que lo que escuches bien, para asegurarse de que están conectados, de que hablas su idioma y entiendes sus razones. No te molestes demasiado por la mano que ahora en el hombro y de rato en rato, te toca con la punta de un dedo o la palma de la mano o los nudillos. En el fondo, lo que quiere decirte es que no estás solo en este mundo, él está ahí para acompañarte en las buenas, y en las malas también. Si estás sentado y te da varias palmaditas en la pierna es su manera otra de repetir óyeme bien lo que te estoy diciendo, porque lo que más sabe hacer un cubano es dar consejos. Insiste, se te encima más aún y cuando ya está por irse te abraza, te aprieta hombros y espalda, no importa si está sudado o con agüita por la nariz (tampoco importa si lo estás tú) es que no tiene otra manera de decir que le importas, fue bueno verte y ojalá nos encontremos pronto, mi socio, mi hermano, mi nuevo conocido que, mira, ya eres, a partir de este abrazo, un viejo amigo. La culpa en realidad será tuya si, tras la despedida, le das pie a que alargue la despedida, porque entonces enganchará otra vez el tema, repetirá frases, exhortaciones y claro, volverá el toca toca. No te desesperes, no lo rechaces ni lo aborrezcas, mira que este mundo da demasiadas vueltas y a lo mejor, un día de estos, hasta lo extrañas.

Permutas en La Habana

camión de mudanzas
Foto: Dazra Novak

Cuando la Habana se me convierte en un vía crucis agarro mis matules y permuto. Eso, permuto, me entrego voluntariamente –bandera blanca- al recuerdo. No le doy el gusto de amargarme los días. Me convierto de nuevo en aquella sonrisa inocente y menor de edad cuya única obligación era ir a la escuela y sacar buenas notas, jugar con los muchachos del barrio –con permiso, o sin él-, leer algún libro de aventuras hasta la madrugada y soñar despierta. Soñar con el futuro –el futuro soñado siempre era mejor, ¿alguien sabe por qué?-. Ahora que lo pienso, permutar es la manera cubana -¿humana?- de vivir. Permutar de familia, de barrio, de juguete, de calle, de grado, de carrera, de amigos. Permutar de ciudad, de provincia, de isla, de pensamiento y de prioridades. Permutar, incluso, sin quererlo, sin darnos cuenta de que estamos permutando. El cubano permuta hasta dentro de su cabeza, permuta las ideas, los deseos, las angustias, los sentimientos, los gustos, los perdones. Pero si hay dos cosas impermutables en nuestras vidas, esas son la cubanidad y el adiós. La primera es el bulto obligatorio que sube a nuestro camión de mudanzas, no hay manera de cambiar de sitio sin llevarse la idiosincrasia propia –eso sería como irse a otro lado sin uno mismo-. Muy por el contrario, el adiós se nos encarama sin permiso, aún cuando intentamos bajarlo, dejarlo atrás, tirarlo de ese camión en movimiento para que el auto que viene detrás lo aplaste, lo aniquile, lo neutralice. Pero es inútil, el adiós –no se sabe cómo- vuelve a estar aquí, permuta con nosotros y en días como este, qué cosa, en días como este nos cuestiona la vida entera.

10 frases para el dominó cubano

fichas de dominó
Foto: Dazra Novak

1- Amancio le había dicho a Olivares que saliera con cualquier doble, si total, ni darle agua a las fichas le había funcionado hoy para coger una buena data. Pero cuando vio aquella capicúa con el dos por un lado y el uno por el otro se alteró: ¿Puntilla, mi hermano?
2- ¡Dos mil y más murieron!, jugó Olivares bajito otra vez y le hizo un guiño a su compañero, como quien dice, confía en mí que esto es pollona, viejo.
3- Lamentablemente el jugador que tenía debajo llevaba dos, y para más, sacó un tres que hizo a los dos viejos gritar al unísono: Ay mi madre, ¿trío Matamoros?
4- A pesar de estar en la playa y haber soltado ese cuatro, cuarto de Tula, como susurró Amancio sin mucho entusiasmo, los dos viejos seguían perdiendo.
5- Cuando les tocó jugar otra vez Amancio, pícaro, sonrió: ¡Sin comer no se puede vivir!, prepárate mi socio que yo sí llevo cinco.
6- Por su lado el viejo Olivares, desafiante, puso el primer seis del juego y le dijo: ¡Ahora sí! ¡Se hizo el loco!
7- Mira tú, la que no le gusta a nadie, bromeó al ver que su compañero, a pesar de estar jugando agachado, le había matado ese siete tan molesto.
8- ¡Ochún! ¡Ochún! Levantó uno de los viejos los brazos al cielo cuando, horrorizado al ver ese doble-ocho, se dio cuenta de que en la jugada anterior se había pasado con ficha.
9- Botagordas…, increpó Olivares clavándole los ojos al contrario cuando le plantó aquella novena de pelota intentando a las claras que tocara la mesa.
10- En realidad el juego no se terminó por la noche que bajaba, ni por las hormigas con alas revoloteando alrededor del farol de la calle. El final llegó porque ese chiquillo con gorra, tatuaje, manía de oír reguaettón y veinte años menos, les restregó en la cara la ficha con que se pegaron: ¡Blanquizal de Jaruco! Aunque lo peor no fue eso, lo peor fue la monja que, con mano temblorosa, tuvo que sacar Olivares de su bolsillo roto.

Leyenda (extendida): Darle agua a las fichas: mover las fichas bocabajo, sin que se vean los números; Buena data: fichas que garantizan un buen juego; capicúa: ficha que tiene dos números y se usa en la salida; pollona: juego que se gana sin que el contrario anote puntos; estar en la playa: tener fichas de muy baja numeración; jugar agachado: confundir al contrario pretendiendo que no se tienen ciertas fichas; botagordas: dícese del que juega las fichas de mayor numeración para que no se las cuenten al final; pasarse con ficha: tocar la mesa cuando en realidad sí se tienen fichas para jugar; tocar la mesa: se toca con los nudillos para decir que no hay fichas para jugar; pegarse: poner la última ficha que le queda a un jugador; monja: cinco pesos. Las denominaciones de las fichas se corresponden con los números de las viñetas. Otras maneras de nombrarlas: 1. Luna, lunar de Lola; 2. El dulce pa´los muchachos, Duque Hernández (pelotero), Dulcinea; 3. Tripita, tríquiti, Tribilín Candela; 4. Cuatrero, gato, cuatro mil y más murieron; 5. Sin curvas no hay carreteras, monja; 6. Sixto Batista, septiembre es el mes de las calabazas; 7. Mierda; 8. Ochoa, Ochún; 9. La gorda, Nuevitas puerto de mar, la puerca; Doble blanco: Estar en la playa, la pelá.