Hablan las columnas

columnas reflejadas en vidriera
Foto: Dazra Novak

Verdadera constante del paisaje habanero son las columnas. Su función, a medio camino entre el sostén y la decoración, comenzó en el lejano XVIII. Siglo que abrió paso, entre otras cosas, al barroco colonial que se entronaría en la isla con sus maneras exageradas, su manía de complicarlo todo con abundantes líneas curvas que, en cuestiones de exuberancia, compiten con la profusa vegetación autóctona que dos centurias antes de seguro presentía la llegada del almirante. Sigue leyendo “Hablan las columnas”

Librería Fayad Jamís

librería Fayad Jamís
Foto: Dazra Novak

Por eso entro sin pensarlo dos veces, sin haberlo planeado, siempre que recorro la calle Obispo. Aunque no vaya pensando en libros, entro. Aunque no tenga dinero para libros, entro. Más porque las peripecias para subsistir insisten en alejarme de los libros, entro. Y no es que la restauración la haya dejado como nueva, no es tanto eso, es que los trabajos en madera siempre han sido para mí motivo de admiración. Tanto así que mi mano la recorre para comprobar su superficie, su calidez, el capricho de su forma. Será que mi papacito Armando Guerra tiene manos prodigiosas para esos trabajos y me ha contagiado el gusto, será que a una escalera de madera uno la remonta y por el crujir, como en ninguna otra, uno es testigo de su propio peso, será que un anaquel de madera acoge los volúmenes de otra forma, como si el estante fuera consciente de la cantidad de secretos que le caben a la tripa de un libro. Y es que tanta palabra impresa acompaña como nadie el eterno peregrinar hacia la propia verdad literaria. Elijo al azar –que no es tal- aquí y allá, autores, títulos, mis brazos se doblan por el peso de escritores conocidos y desconocidos que ya saborean un trocito de eternidad, me sorprende la carátula de mi propio libro en uno de los estantes al fondo, adonde solo llega ese lector-polilla-el-incansable -que habrá de parir nuestros textos una vez más-, y me sonrío para mis adentros, como quien orgulloso asiste a los primeros pasos de un hijo.

Obispo

foto calle obispo
Foto: Beatriz Verde Limón
calle obispo
Foto: Beatriz Verde Limón

Hay calles hechas para el silencio, así como hay calles hechas para la vida, para el trasiego, para un caminar de peregrino al encuentro con la fe. Pero la calle Obispo ya no se recorre para encontrarse con los prelados que han de traer la promesa de vida eterna a la vieja Habana, ya no se va corriendo, sorteando charcos y fango a escuchar la misa en el Templete. A la calle Obispo se va a resolver cualquier cosa, a comprar en alguna tienda, cualquiera sea la moneda que uno tenga, o una librería -de nuevo o de viejo-, a tomar un café o poner crédito al teléfono, a cambiar dineros o mirar artesanías, a hacerle un corte de cabello a la mascota. Antes toda calle tenía su uso y de ahí su nombre, pero cómo llamar una calle que reúne todos los usos en sí, una calle que, de tanto ofrecimiento, se convierte en un mar de gente durante el día. En la calle Obispo encuentra uno joyeros, tiendas de reloj, ópticas y hasta un barrendero que purga los adoquines con su overall de trabajo arrollado hasta la cintura, de modo que pueda verse claramente su pecho tatuado con la imagen del Che. No se sabe de seguro si el barrendero está allí para mantener limpios los adoquines o es parte del ambiente. Lo vemos detenerse ante las cámaras fotográficas un instante y luego avanza con una mano en su escoba, en la otra la moneda ganada con la foto, y una sonrisa complacida. A veces uno no se dirige precisamente a la calle Obispo, a veces uno va para otro lado, a otra plaza, a otra gestión, a veces por ahí se hace más lejos pero igual uno toma la calle Obispo, como si fuera un recorrido obligatorio o una suerte de apremio por llenarse de la vida que recorre esa calle de un extremo a otro. Cuando uno recorre la calle Obispo en la noche es como tener sexo a cambio de honorarios, ese placer que no podemos llevarnos a casa todos los días; porque es demasiado cara; está demasiado viva y casi limpia; tiene luces como en una foto de revista. A veces uno se pregunta si, después de todo, sigue siendo esta una calle de la Habana.