Ánimo de hogar

Edificio en la esquina de Lïnea y 14, Vedado, La Habana
Foto: Dazra Novak

Este edificio en la esquina de Línea y 14, Vedado, -da lo mismo si voy de ida o de regreso- llama poderosamente mi atención. Si voy de mañana mi ánimo amanece tan solo de mirar esos tiernos balconcitos hechos de madera, delicadamente trabajada, que luce frágil y sin embargo carga con tanta teja, tantos años, tanto sol. Si voy al mediodía vuelve mi energía a amanecerse en esa sombra caprichosa conque árboles más o menos altos les refrescan. Si paso en la tarde, no sé cómo se las arreglan, pero ahí está de nuevo esa fresca sensación (como cuando hacemos tiempo bajo la sombra de un árbol muy frondoso) de que las horas no pasan, no hay un día tras otro porque es siempre el mismo día a la misma hora de los mejores recuerdos: y amanezco sonriente como en los cuentos de aquella infancia donde el protagonista –y el/la niño/a espectador, es decir, nosotros- terminaba casad/ con un/a príncipe/princesa… y feliz. Quizá porque los edificios de ahora me dan no sé qué: mientras más modernos, más fríos; mientras más elegantes, más respiración artificial; mientras más empinados, menos entienden que la existencia de los otros es a cada uno de nosotros lo que la vida misma. Y es que estos balcones se me antoja que pueden detener el tiempo. Me gustan porque son como el cuento que, antes de dormir, solía leerme mamá.

Nos vemos en el parquecito de los chinos

parque de Línea y L
Parquecito en Línea y L / Foto: Dazra Novak

¿Dónde? En el parquecito de los chinos. ¿Dónde? En el parquecito que tiene una pequeña torre oscura, un monumento a los chinos que lucharon por nuestra independencia. ¿Dónde? En el parquecito pequeña-cuña-de-cemento con banquitos y árboles que está en Línea y L donde se sientan hombres que te dicen ¿taxi? cuando les pasas por el lado y al mediodía el sol te come vivo –no sé cómo pueden estar allí todo el día- porque los árboles son pequeños todavía y el concreto hace que el calor rebote y te queme las suelas de las chancletas o de cualquier zapato que uses aunque de vez en cuando y a pesar del calor algún viejito se siente a descansar los brazos, qué remedio, por el peso de las jabas con los mandados o las viandas que compró en el agro de 17 y K mientras pasan los muchachos montanto patineta o los pioneros al salir de la escuela o gente que por la noche terminan su borrachera aquí o simplemente caminantes que van y vienen desde cualquier punto de la ciudad porque aquí las guaguas y los taxis –los almendrones- pasan hacia un lado y hacia el otro como si este fuera –ahora que lo pienso quizá sea así- uno de los puntos más frecuentados de la ciudad. ¿Ya sabes dónde es?

Fragmento de vuelo sobre mapa habanero

vista ciudad desde el Focsa
Foto: Beatriz Verde Limón

Es bueno a veces cambiar la perspectiva. Si es duro, difícil o imposible mirar a las cosas de frente, puede ser de gran ayuda buscar otro ángulo: invertir las polaridades, alzar el vuelo. Y mirarlo todo desde arriba. ¿Cuánto tiempo les llevó reconocer este pequeño trozo de la Habana? ¿Acaso este tramo no ha sido recorrido hasta el cansancio, hasta conocerlo de memoria? Y si lo sabemos tan de memoria, ¿por qué nos demoramos en reconocerlo? Porque nunca se llega a capturar las cosas tan a fondo: siempre hay una sorpresa escondida en algún lado esperando a que miremos con los ojos necesarios, los ojos admirados, los ojos aventureros. Es este apenas un pedacito del trazado caprichoso que juega a ubicarnos entre números y letras, con calles que recorren caprichosos ángulos que tantas veces no son rectos (para untarle al mapa algo de diversión), y para que nos desubiquemos de vez en cuando. Luego de ese reencuentro con la calle perdida conviene preguntarse: ¿es este realmente el camino que quiero recorrer?  Así se ve desde el edificio Focsa, como una ciudad de juguete, como esas maquetas de la localidad que hacíamos en la escuela para aprendernos calles, casas, parques y teatros de memoria, para que se sembrara en nuestra memoria limpia como una pizarra sin manchas, la piel de la ciudad.