A paso rápido

avenida de los presidentes
Foto: Dazra Novak

¡Rápido! ¡Avanza! ¿Ese hombre me estará siguiendo? Parece sospechoso sobre todo ahora que apura-el-paso-tras-de-mí-hasta… uf, qué alivio, pasa de largo como lo que es, un caminante más. No importa, ¡rápido! ahora no te detengas a mirar los graffittis que por aquí las mujeres debemos caminar rápido aunque sea a plena luz del día si no queremos vivir, de gratis, un mal rato. Esta es zona de tiradores –artífices del acoso-, hombres ¿desespero-descarados? que hasta caminando… psss, psss, se meten con una. Y más. No, no, por aquí no se camina de noche. Dicen que le llaman… ¿cómo le llaman a este lugar por donde transita tanta guagua, tanto taxi desde y hacia el aeropuerto, tanto almendrón hacia y desde 10 de octubre? Ah, sí, le llaman la potajera, la zona donde algunos hombres buscan amantes efímerocasionales, en plena madrugada, y encuentran también algún que otro problema en ese tropezón dura roca-tronco de árbol: billetera sustraída, pantalón descosido, zapato perdido… en el mejor de los casos. Claro que los tufos también declaran usos de baño público. Claro que esta foto la tiré y… ¡rápido! ¡avanza! ¡atraviesa el monumento hasta llegar al otro lado donde la calle G…

Inducción cromática

escultura del artista venezolano Carlos Crus Diez
Foto: Dazra Novak

Así nombró el artista venezolano Carlos Cruz Diez esta obra donada a la Casa de las Américas en su 40 aniversario: Inducción cromática para La Habana. No obstante, para mí… (pido permiso/perdón, si procede, al artista) son las teclas de un piano colorido que nos acompaña brevemente si vamos a alcanzar la avenida Boyeros, nos enrumbamos hacia Zapata, Carlos III o vamos hacia el Vedado buscando la avenida G; también, si pretendemos el recorrido hasta el Hotel Habana Libre acariciando antes las fachadas del hospital Calixto García y la Universidad de la Habana. Do, Re, Mi, Fa inmutable bajo el Sol nuestro de cada día, La melodía vivalegre emergiendo de la tierra que nos lleva de lado Si el vehículo en el que vamos agarra una de las suaves curvas que trazan estas vías en ese punto neurálgico de los caminos cruzados. A veces, toca en verde. Cuando no hay nubes, en azul, y fresco en las mañanas. A veces, en gris. Y más esos días de lluvia en que, por derecho, suena truenimojado. Aunque es preciso decir que en ocasiones se oye un poco molesto porque esa también es, por excelencia, zona de hombres impertinentes que persiguen con insistencia a las mujeres (tal fue mi caso mientras tiraba esta foto) –¡me han dicho que algunos persiguen incluso a otros hombres! Claro que, sobre todo los domingos-temprano-muy-al-amanecer, la suya puede ser también una Inducción coloridamente silenciosa. Irrupción cromelódica para La Habana, le llamaría yo, aupada por la insistencia de sus continuos asaltos a mitad de mis recorridos.

escultura del artista venezolano Carlos Crus Diez
Foto: Dazra Novak

Universo virtual cubano

salas de juegos en la Habana
Sala de Juegos Universo Virtual Foto: Dazra Novak

¿Qué hace un adolescente cubano en su tiempo libre?, no tengo la menor idea. Recibo la visita de mis primos quinceañeros y me doy contra las paredes en medio de esta cantaleta por el verano y sus opciones que no son tal. La verdad, media Habana les cierra las puertas porque aún no tienen carnet de identidad o no tienen suficiente dinero para pagar entradas. ¿Qué hace un adolescente cubano en su tiempo libre? Le pregunto al hermano de un amigo que hacía poco se había perdido toda la noche y nadie sabía dónde andaba. Se encoge de hombros y después de mucho pensar suelta: bueno… la calle G… jugar Xbox. ¿Xbox? Ya sé, ya sé que no es bueno que se pasen tanto tiempo frente a la caja boba, pero al menos es algo para hacer, ¿no? Allá nos vamos y es todo un negocio con varios cuartos y aire acondicionado y pantallas planas y sonido no sé qué y en la sala del apartamento me doy cuenta de que no es Carlos Diuty como me había dicho el primo sino Call of duty, por esta inmensa pintura que nos recibe. “Vamos a poner una sala de kinect”, me dice el que atiende y como sabe que no entiendo se explica “sensores de movimiento, chica”. En tropel suben más chiquillos y ya el dueño del negocio no puede explicarme más salvo que están abiertos toda la madrugada hasta las cuatro. ¡Por eso era que el hermano de mi amigo no aparecía! Mientras bajo las escaleras pensando en otra posible opción me doy cuenta de que estoy en la calle G, la calle de la Habana que tiene sus bancos dispuestos, no cuesta nada y está siempre abierta. Al menos es algo, ¿no?

salas de juego en la Habana
Foto: Dazra Novak
salas de juego en la Habana
Foto: Dazra Novak
salas de juego en la Habana
Foto: Dazra Novak

Avenida de los Presidentes

Avenida de los Presidentes
Foto: Beatriz Verde Limón

La calle G siempre está llena de gente joven, gente que estudia periodismo, comunicación social, francés, gente que se dirige a la Casa de las Américas o se hospeda en el hotel Presidente. Es esta una avenida dada al ocio saludable –aunque no está exenta del acoso a las mujeres por parte de ciertos personajes varones-, y sus jardineros podan con esmero los árboles que adornan-custodian bancos y estatuas de presidentes que han ganado un lugar en el amplio paseo: Benito Juárez, Eloy Alfaro, Torrijos, Allende. La gente les gana por el costado pensando en sus rutinas diarias, sumidos en el verde abundante y prometedor. Pero el día pasa sin pena ni gloria y viene a ser la noche cuando más vida exhala la calle G, y entonces nadie la reconoce avenida de los Presidentes sino la calle de los freaks, de esa juventud perdida dentro de sí misma que no escatima irreverencias al sentarse en el césped, subirse a los árboles perfectamente podados y jugarle cabeza a los policías que los van arrollando por la pendiente en declive hasta dar con el malecón. Luego subir de nuevo hasta alcanzar la avenida 23. La avenida de los presidentes, como la vida, es un ciclo que se repite. Este es un recorrido que se hace botella en mano, casi siempre aclamando al de la guitarra, incluso cuando no hay conciertos los más jóvenes vienen a pasearse un rato, a matar el tiempo antes de que el tiempo muerto los mate a ellos.