Inducción cromática

escultura del artista venezolano Carlos Crus Diez
Foto: Dazra Novak

Así nombró el artista venezolano Carlos Cruz Diez esta obra donada a la Casa de las Américas en su 40 aniversario: Inducción cromática para La Habana. No obstante, para mí… (pido permiso/perdón, si procede, al artista) son las teclas de un piano colorido que nos acompaña brevemente si vamos a alcanzar la avenida Boyeros, nos enrumbamos hacia Zapata, Carlos III o vamos hacia el Vedado buscando la avenida G; también, si pretendemos el recorrido hasta el Hotel Habana Libre acariciando antes las fachadas del hospital Calixto García y la Universidad de la Habana. Do, Re, Mi, Fa inmutable bajo el Sol nuestro de cada día, La melodía vivalegre emergiendo de la tierra que nos lleva de lado Si el vehículo en el que vamos agarra una de las suaves curvas que trazan estas vías en ese punto neurálgico de los caminos cruzados. A veces, toca en verde. Cuando no hay nubes, en azul, y fresco en las mañanas. A veces, en gris. Y más esos días de lluvia en que, por derecho, suena truenimojado. Aunque es preciso decir que en ocasiones se oye un poco molesto porque esa también es, por excelencia, zona de hombres impertinentes que persiguen con insistencia a las mujeres (tal fue mi caso mientras tiraba esta foto) –¡me han dicho que algunos persiguen incluso a otros hombres! Claro que, sobre todo los domingos-temprano-muy-al-amanecer, la suya puede ser también una Inducción coloridamente silenciosa. Irrupción cromelódica para La Habana, le llamaría yo, aupada por la insistencia de sus continuos asaltos a mitad de mis recorridos.

escultura del artista venezolano Carlos Crus Diez
Foto: Dazra Novak
Anuncios

Parque de 14 y 15

parque de 14 y 15
Foto: Dazras Novak

Después de mucho tiempo reanudé mis paseos random por la ciudad. Como de costumbre, sin rumbo fijo sus calles recorrí pensando-avanzando-preguntándome… ya saben, tantas cosas. Lo de siempre. Confío en estas caminatas porque sé que la ciudad me sorprende en el momento menos esperado, acaso el segundo en que estoy más necesitada y me alivio descubriendo un edificio desconocido, una hermosa escalera, una columna apuntalada, un portal donde se me desboca sin más remedio la ficción. Sí, esta vez encontré el parque de 14 y 15, en el Vedado. Nunca antes había visitado este verde abundante y tan despierto y acogedor, con muchos niños correteando, jugando fútbol, pelota, montando patines, bicicletas, carriolas, sentados o rayando sus nombres sobre las viejas instalaciones castigadas por el tiempo, el sol, el sereno. Había mucha gente en este parque. Como si se hubieran puesto de acuerdo todos para vivir allí espantando de una vez y por todas la soledad. Sentados los mayores en los bancos. Dos chiquillas miraban sus celulares sin percatarse de todo lo bueno que había para mirar incluyendo la sombra, el fresco, los árboles, una iglesia cerrada y un monumento a Lam con una frase a sus pies de la que solo recuerdo un verbo: volar. En eso este pequeño que jugaba a los escondidos con la abuela asomó la cabecita tras de un árbol junto a mi banco, pero como ella le dijo que ya estaba muy cansada para seguir corriendo, él caminó hacia ella con su vocecita dulce: yo te ayudo abuela, espérate, dame la mano, a ver, vamos juntos a tocar la base, ¿ves?, ahora ganamos los dos.

Avenida Carlos III

avenida Carlos III
Foto: Dazra Novak

No sé qué tanto le habrán llamado sus andantes, al nacimiento de esta arteria, Paseo Tacón, no sé qué tanto habrán aceptado su título Avenida Salvador Allende, puesto que todo el mundo dice voy hasta Carlos III –sin siquiera imaginar que alguna vez hubo un rey para darle nombre y estatua al lugar-. Una avenida de torso amplio y pródiga en tráfico, por donde se va y se viene de la parte vieja hasta el Vedado, con paseos laterales para que el transeúnte aproveche la sombra generosa de los árboles. No obstante, Carlos III se muestra partida en dos, de un lado se reúnen los grandes edificios de ministerio, logia, hospital, casa de cultura, Sociedad Amigos del País, Quinta de los Molinos, Facultad de Estomatología. Y del otro, a ojos vistas más concurrido con la famosa Plaza Carlos III liderando la impronta comercial, pequeños negocios que habían aflorado, incluso, antes de la desbandada cuentapropista. Piñateras, tiendas de ropa y zapatos, bisutería, cafeterías, artículos religiosos, todo mezclado con ofertas de taxis y bicitaxis, vendedores ambulantes. De esta manera, una acera viene a ser mucho más concurrida que la otra, al punto de volverse un recorrido atormentador contrario a lo que cabría pensar, por lo de espaciosa. Puesto que le falta calma y mesura, el ofrecimiento de este paseo no es llegar para quedarse, sino que es vía para resolver problemas de tipo adquisitivo o de transporte. Carlos III, por su estratégica posición, es más avenida de paso.

avenida Carlos III
Foto: Dazra Novak