Parques…

Parque de la calle Boyeros
Foto: Dazra Novak

“Aquí cada vez que se cae un edificio hacen un parque”, escucho con demasiada frecuencia. ¿Otro más? ¿a quién le hace falta otro parque? Y yo respondo para mis adentros, a los que no tienen dónde, a los que gustan respirar mejor, a los que tienen –por suerte- pajaritos en la cabeza, o demasiados problemas sin resolver. A los que esperan la guagua, la suerte, a la mascota que anda haciendo pis o estirando las patas, al hijo/nieto/sobrino que monta la bici. Me pregunto, con tanto videojuego como hay disponible, si tendrán los parques de hoy la misma función, el mismo deseo que nos ganaba a nosotros cuando éramos niños y no había muchas opciones. Dime, ¿qué tiempo hace que no vas a un parque simplemente a sentarte, a pensar en nada? ¿Qué tiempo hace que no te encuentras a algún conocido, lees un libro, te citas con alguien? Creo que hoy, más que nunca, hacen falta los parques. Con tanto humo de almendrón, entre otras cosas, el verde nunca sobra. Con tanto teléfono celular y wifi, el verdadero encuentro es un milagro. Recoge una hojita seca y guárdala en tu diario, deja una nota para un desconocido, acuéstate bajo alguna sombra (revisa antes no vaya a haber brujería), ¡haz algo para salirte de lo mismo! Si dices que sobran los parques seña de que ya los conoces todos, a ver, ¿me dices cómo se llama este?

 

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Junto al malecón

Universo virtual cubano

salas de juegos en la Habana
Sala de Juegos Universo Virtual Foto: Dazra Novak

¿Qué hace un adolescente cubano en su tiempo libre?, no tengo la menor idea. Recibo la visita de mis primos quinceañeros y me doy contra las paredes en medio de esta cantaleta por el verano y sus opciones que no son tal. La verdad, media Habana les cierra las puertas porque aún no tienen carnet de identidad o no tienen suficiente dinero para pagar entradas. ¿Qué hace un adolescente cubano en su tiempo libre? Le pregunto al hermano de un amigo que hacía poco se había perdido toda la noche y nadie sabía dónde andaba. Se encoge de hombros y después de mucho pensar suelta: bueno… la calle G… jugar Xbox. ¿Xbox? Ya sé, ya sé que no es bueno que se pasen tanto tiempo frente a la caja boba, pero al menos es algo para hacer, ¿no? Allá nos vamos y es todo un negocio con varios cuartos y aire acondicionado y pantallas planas y sonido no sé qué y en la sala del apartamento me doy cuenta de que no es Carlos Diuty como me había dicho el primo sino Call of duty, por esta inmensa pintura que nos recibe. “Vamos a poner una sala de kinect”, me dice el que atiende y como sabe que no entiendo se explica “sensores de movimiento, chica”. En tropel suben más chiquillos y ya el dueño del negocio no puede explicarme más salvo que están abiertos toda la madrugada hasta las cuatro. ¡Por eso era que el hermano de mi amigo no aparecía! Mientras bajo las escaleras pensando en otra posible opción me doy cuenta de que estoy en la calle G, la calle de la Habana que tiene sus bancos dispuestos, no cuesta nada y está siempre abierta. Al menos es algo, ¿no?

salas de juego en la Habana
Foto: Dazra Novak
salas de juego en la Habana
Foto: Dazra Novak
salas de juego en la Habana
Foto: Dazra Novak