De los amigos

un hombre y una mujer bajo una sombrilla verde
Abel Quintero, pintor cubano

Hace unos días, encerrada entre las cuatro paredes de mi cuarto, sacaba cuentas. Sumaba y restaba, con la cabeza cómodamente recostada a la almohada, gente, eventos, escenas no solo del año que recién terminó sino de mi vida toda. Repasaba mis paredes como quien repasa las de una galería con una exposición permanente donde hay cartulinas, fotos, acuarelas, lienzos… y estos dos personajes bajo una sombrilla que me acompañan desde el año 2007. Aquel año respondí aquella llamada en nombre del Centro de Formación Literaria Onelio Jorge Cardoso, donde yo trabajaba, hecha por una mujer en favor de Abel Quintero. Un pintor muy, pero que muy tímido –dijo ella, Mary Mary–, que tocaba guitarra, leía muchísimo, y había escrito una novela. No pudo ingresar al centro por la edad, pero sí a mi vida al comenzar entre nosotros –Mary Mary de por medio– un hermoso intercambio donde yo hablaba de teorías literarias y cosas de la vida, y se me devolvían fotos de cuadros con pequeños personajes del campo cubano, el bohío, la palma, el güije, el narrador de cuentos, y hasta Matías Pérez regresaba después de mucho tiempo, aunque no sea Matías Pérez precisamente un personaje del campo cubano. Fue con esos cuadros que comencé a escribir minicuentos, pequeños textos que apenas excedían las cuatro o cinco líneas como pequeñas fábulas con sus respectivas moralejas y que no podían vivir sin el pie forzado de la imagen. De hecho, se parecían más a los cuadros de mi amigo que a mis propios cuentos. Algo de tiempo después nos conocimos personalmente, almorzamos juntos en el restaurante la Roca y paseamos por el malecón y mi amigo me dijo, contigo parece como si no existiera el tiempo. Ese mismo día me regaló este cuadro. Había impreso mis textos y los puso ahí, como una lluvia de palabras mías sobre los personajes suyos. Hace unos días pensaba en ti, querido Abel. Estabas en mi cuenta de gente que, aunque ahora viva en la otra orilla, se queda para siempre en ese hermoso lugar donde, basta con mirar el cuadro, y parece como si no existiera el tiempo.

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