Zoológico Nacional

zoológico nacional

Foto: Dazra Novak

Ni los zoológicos ni los acuarios. No me gustan los animales encerrados con el único y cuestionable objetivo de poder verlos en vivo y en directo. Igual fui. Está lejos, pero es barato. Está lejos, pero es algo diferente para hacer. Claro que me entristeció, tanto como me alegró el asombro y contentura de los niños, verlos tras las rejas, en espacios hediondos y reducidos pagando algunos la gracia de los que lanzan latas de cerveza vacías al agua verdosa de algún estanque. Claro que me molestó aquel triste camello, arrodillado, con un chamaco posado en su lomo, a la espera de la correspondiente foto del celular que quedará para contárselo años más adelante. Me ahogó el calor de mediodía de la gran alfombra de asfalto que une la zona de los animales en cautiverio y la feria del parquecito inflable y ventas de merolicos y comidas, con la terminal donde hubo que esperar dos horas para montarnos en la aspirina, la guagüita que nos llevaría al safari de la Pradera Africana. Respiré hondo, me llené de paciencia al escuchar la frase de aquella chiquilla, que no levantaba dos cuartas del piso, cuando vio a los machos de las cebras en plena acción: ¡Mira, la cogió!, a los primeros leones: ¡pero si está en la tela!, y cuando el conductor hacía paradas demasiado breves a su entender: ¡Chofe, dale suave que tú no estás apura´o ni ná! Por lo menos, pensé, estos animales están mucho más libres que los otros. Y me dejé llevar, en esos breves instantes en que la chiquilla no abrió la boca para soltar una de las suyas, para admirarme como una verdadera niñita ante la jirafa bebé, la enormidad del rinoceronte, esa maléfica mirada que creo advertir en los ojos del avestruz, en los cuatro kilos de carne de caballo que, según la guía, les toca a los felinos diariamente. No feliz, pero sí algo relajada regresé, no sin antes detenerme en aquel bosquecito de bambú, donde la única queja que se escucha es la de las cañas batidas por la brisa.

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Acerca de dazranovak

Escritora cubana. Licenciada en Historia por la Universidad de La Habana. Tiene en su haber los premios: Pinos Nuevos 2007 (cuentos, Cuerpo Reservado, editorial Letras Cubanas 2008), David 2007 (cuentos, Cuerpo Público, ediciones Unión, 2009) y Uneac 2011 (novela, Making of, ediciones Unión, 2012).
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Una respuesta a Zoológico Nacional

  1. leoviera dijo:

    Así es, más allá de la comprensión hacia aquellos que aún viven de este triste negocio, es muy triste a la luz de la toma de conciencia que parece cobrar fuerza en estos últimos años, que estos prisioneros tengan que continuar sufriendo perpetuamente para la satisfacción visual de muchos. Y precisamente ahora, que vivimos en la era de la imagen y que todo está a alcance de nuestros dedos… ¿Qué placer puede generar el contemplar a semejantes prisioneros inocentes?

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