Por la Habana sin rumbo fijo

avenida Boyeros
Avenida Boyeros / Foto: Dazra Novak

Dicen que el que busca, encuentra. Y yo recorriendo La Habana me he encontrado a mí misma. Hay zonas donde río mientras otras me espantan. Hay calles del recuerdo, del amor –y su contrario-, hay barrios donde cierro los ojos voluntariamente, hasta que el pecho se me aprieta o me reconcilio con la idea de lo humano inevitable. Algunas me pesan, quizá por el abandono y la impotencia, otras me enamoran, al punto de querer vivir en ellas definitivamente –y enterrar mi pasaporte de una vez y por todas. A las unas les juro paciencia, a las otras me vivo constantemente regresando sin haberme ido nunca. Puedo marcarlas con mis derechos de autor de modo que a cada una le corresponde una etapa de mi vida, la resurrección de uno de mis amantes, una página de este íntimo diario público que es mi Habana por dentro –puede que dos. En ocasiones las camino despeinada y descalza, y en otras voy muy seria y bien vestida, como si lo que hay dentro de mí se partiera en dos -¿les suena?-, como si yo fuera el reflejo de los afeites y coloretes con que adornan los viejos muros, como si fuera yo esa modernidad plagiada impunemente. ¿Quién soy?, pregunto. Y ya ven, la Habana me responde. A su manera, claro.

 

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6 Replies to “Por la Habana sin rumbo fijo”

  1. Hola Dazra
    Sin duda en vos se cumple eso de que nuestra patria es la ciudad que queremos y extrañamos, o el barrio o el pueblo.
    Las cosas no suelen ser como queremos que sean, son como son.
    ¨Sueño por tu amor, y por tu amor muero y pienso que si desaparecieras me moriría¨
    Puedo imaginar algo así en tu corazón
    También puedo imaginar que si cambiara, tal vez te alejarías.
    En definitiva más que querer a la Habana real, querés a tu imagen idealizada de la Habana.
    Sin embargo creo más, que podría ser que añorés tu niñez, y lo sublimás de esa manera.
    ¿Por qué te digo esto?, porque a mi me pasa con la ciudad de la furia, que no era tal entonces ; La veo tan cambiada que terminé dándome cuenta que añoro mi niñez.
    Cariños
    Rubén Ardosain

  2. Estimada Dazra. Volviste a hacerlo. Se me apreto el corazon con cada foto. La nostalgia es como un mal que solo se sana con el retorno. Desgraciadamente el retorno decepciona, porque al hacerlo se vuelven a vivir las causas que nos obligaron a partir, esas que no salen en las fotos, esas “que pesan” como tu dices. Pero entonces tu blog no seria como es, bello y positivo, no seria optimista y encantador. Eres una artista, si fueras periodista tus fotos serian de lugares como La Timba, La Guinera, Coco Solo, Los Sitios, Diezmero o El Puente Negro de La Lisa. Por suerte no se pueden fotografiar (o quizas si) la falta de libertad, la injusticia, la intolerancia, el totalitarismo o el engaño. Me jure no volver, ni de visita, hasta que Cuba sea libre, conciente de que eso puede significar nunca, al menos para mi.

    1. Tocayo, un gusto en saludarlo. Soy de los que piensan que la falta de libertad hace de la belleza algo superfluo. Soporto mejor la nostalgia que la esclavitud, aunque, yo si respeto,
      opiniones opuestas. Otro saludo.

      1. No puedo ponerme como ejemplo pero hay una libertad interior que dicen es importante. Entiendo lo que dices pero sigo pensando que gente como tú, que se ve que amas y conoces esos lares se priven de visitarla. No me hagas caso.

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