Esquina de 17 y M

restaurante el conejito
Foto: Dazra Novak

Jamás he comido en este restaurante, pero de los cientos de ocasiones en que le he pasado por delante, ciento una veces me ha llamado la atención su fachada de ladrillos rojos, sus pintorescos tejados a dos aguas, esa graciosa chimenea que, salvo por las películas, ilustraciones de libros y mis dibujitos de niña, no acuden a mi mente -a mi ojos- con mucha frecuencia. Seré sincera, la idea de un conejo despellejado sobre un plato me espanta, pero el lugar me resulta cálido. Más allá de los precios y la siempre cajita de sorpresa que es el servicio gastronómico en nuestro país, me intriga lo que esconde entre sus paredes. ¿Será obscuro? ¿Será caluroso? ¿Será íntimo? ¿Será la amenaza de los treinta y tres pisos del edificio Focsa lo que le hace lucir temeroso y agazapado tras esa actitud noble y pacífica de los conejos? Lo que dura el recorrido de la esquina donde sosegado reposa yo me la paso intentando, sin lograr resultado alguno, mirar hacia adentro, buscarle las cosquillas, sacarle alguna expresión. Pero es inútil y, para colmo, en los grises días de lluvia se ve así, como un pedacito inglés en una esquina que no parece de la Habana y un cartel montado sobre la yerbita bien cortada: Restaurante El conejito.

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9 Replies to “Esquina de 17 y M”

  1. Hola Dazra
    Por curiosidad, ¿viajaste alguna vez fuera de Cuba?.

    Ese restaurant que describís, ¿a que tipo de público está dirigido?

    ¿El cubano medio, suele ir a ese tipo de restaurantes?

    Tu simplicidad al describir las cosas cotidianas, con ojos de niña, te hace universal.

    Cariños

    Rubén

    1. Sí, he viajado.
      Francamente no sé si tiene intenciones hacia algún público en específico, tampoco conozco los precios, y sí, el cubano medio ya va a restaurantes así si bien no todos los días, solo que con la cantidad de restaurantes privados que han abierto por toda la ciudad, con mejores ofertas-precios-calidad de servicio comparados con los estatales, estos últimos han quedado rezagados.
      Gracias 😉

  2. Nunca pude comer en este enigmático sitio de ladrillos rojos e interiores inimaginables, pero sí probé más de una vez los panes con bistec que vendían (o venden) al fondo del mismo, jamás he vuelto a comer unos así. Debes probarlos. Pronto volveré a ellos!

  3. Yo lo visité varias veces celebrando aniversarios (1988- 1992), el conejo era muy bueno y la atención excelente. Cuando voy a la Habana, siempre que paso por ahí me recreo en los buenos tiempos. Gracias por comentarlo y dedicarle un espacio. Saludos.

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