Anatomía del detalle

Detalle callejero
Detalle en uno de los parterres de H, cerca de 23 / Foto: Dazra Novak

En realidad el detalle puede estar en cualquier parte, aparecer en cualquier momento. Incluso, puede que siempre haya estado allí y hasta ahora no lo hayamos visto porque andamos pensando en el cobro, la guagua, la matrícula o el viaje. ¿De quién es obra?, casi da igual. Lo tremendo es haber pasado por esta callecita tan transitada una y mil veces y no haberse dado cuenta del detalle, porque eso significa que es el tiempo quien ha tomado riendas en nuestra vida, tanto, que ni siquiera alcanzamos a ver un girasol sonriente y quemado por el sol emergiendo de un tronco. ¿Cuánto tiempo lleva aquí? ¿Cuántos aguaceros le habrán llovido? ¿Cuánta gente se habrá alegrado el día con él? Evidentemente es este un girasol muy fuerte, tan fuerte como las raíces de este tronco que nadie se animó a sacar. Ha resistido, más que a la lluvia y al sol, a la furia implacable de los muchachos callejeros y malcriados que van golpeando el mundo con palos y tirapiedras, ha resistido, quizás esto sea más duro aún, a las miradas vacías de los transeúntes. Quizás porque el detalle es un cuerpo vivo que respira y se siente, quizás porque te dice cosas como esta: Estoy vivo y sonrío por la única razón de ser feliz, tan solo por eso deberías prestarle más atención al camino que recorres.

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