Mirar en la Habana

vendedor
Foto: Dazra Novak

¿Qué habrá, en verdad, tras la mirada de los vendedores ambulantes? ¿Qué les espera al llegar a casa? ¿Qué piensan mientras enrollan los cucuruchos, mientras hacen las rositas de maíz o ponen lo coditos al sol para después freírlos? ¿Cuántos kilómetros caminarán para vender su mercancía? ¿A qué hora se levantan todos los días para salir a vender? ¿Siempre van a los mismos lugares? ¿Alguien les dejará propina al comprarles los cucuruchos? ¿Qué tiempo llevarán haciendo ese trabajo? ¿Les espera alguien en casa? ¿Aguantan la respiración cuando cuentan el dinero al final del día? ¿Cómo lucían cuando eran más jóvenes? ¿qué se inventaban, qué los emocionaba, qué los llevaba de la realidad al sueño? ¿Pensaron alguna vez que venderían rositas en la cola del cine, del teatro, en el malecón, en esta calle Neptuno donde hay tanto tráfico? ¿Le habrán regalado alguna vez un cucurucho a alguna persona hambrienta en cuya cara se notaba que ni tenía con qué pagárselos? ¿Los venden todos? ¿Hay días en que no venden ninguno? ¿Comen de sus propios cucuruchos, de los que sobran o de los que guardan para sí? ¿Alguien les habrá comprado alguna vez todos los cucuruchos por hacerles el favor? ¿Este vendedor habrá pensado en algo mientras yo le tiraba esta foto? ¿Seré realmente eso, una desconocida más entre esta multitud que lo mira todo…? Y no me compra nada, no me compra nada, no me compra…

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