Parada: terminal de espera

paradas de la Habana
Parada de 41 y 42 / Foto: Dazra Novak

Dime, cuando estás esperando en una parada, ¿observas a la gente que está junto a ti? ¿Has pensado que, probablemente, en toda una vida sea la única vez que esa otra persona y tú coincidan en unos minutos/horas de espera? Lo más problable es que pases por alto ese momento, único (o repetido), bueno (o no). Razones sobrarán porque imagínate el calor, la lluvia, el horario de trabajo, la comida, el cansancio de todo el día o el día siguiente por la mañana con lo mismo de siempre. Lo más probable es que la guagua, incluso sin llegar, te robe toda la atención que podrías dedicarte a ti, dedicarle también al otro. ¿Acaso ese alguien que trajo el azar (dicen que el azar no hace nada por gusto) no puede resultar en amigo, pareja, ayuda o sencilla compañía/sonrisa/gesto amable para aliviar el día? ¿Por qué no puede haber otro ahí, como mismo estás tú? La palabra lo dice, parada, detenerse, tiempo-libre-albedrío, ejercicio de espera que, según como lo veas exige o sugiere paciencia. Sé paciente (total, el transporte aparecerá a pesar de todo y sin contar contigo), mira bien, vuelve a mirar, repasa y toma nota: a las paradas no solo llegan guaguas.

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