Calle 100

calle-100-habana-por-dentro-dazra-novak (2)Allí donde encontramos, orgullosa y esbelta, a la distinguida jeringuilla, nace la calle 100.  Justo en ese archiconocido punto de referencia para transeúntes y boteros: el Obelisco de Marianao. En ese tramo breve que nos separa del cruce de las avenidas 100, 51 y 41 la vemos resguardada en su abundancia de árboles enormes. Fresca como mujer que se cuida mucho y no le pasan los años. Con ramas como brazos gigantes disparando la sombra que ha sido perdonada por las sierras eléctricas de los podadores que, en otras zonas de la ciudad, hacen estragos liberando cables y postes en temporada ciclónica. La calle 100 se empina varias veces para luego salir rodando cuesta abajo, después de la caótica encrucijada donde los semáforos enloquecidos dirigen el tráfico. Curva hacia la derecha. A partir de ahí los árboles casi desaparecen y una maleza entre reseca y verde se impone en lugar de las casas, que ya van siendo menos, al llegar a la línea del tren. Esperar un ómnibus debe de ser ardua tarea, encomienda que lleva rasgos de necesidad y paciencia-qué-remedio. Han desparecido las aceras sin avisar y al montarse una avenida encima de la otra como en un rodeo, así, queda debajo la Boyeros y se anuncia Vento, con otros aires, con otros tráficos, otra vez la ciudad con otra vida.

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