Chapeau

niño pescando

Niño pescando en el malecón de Cojímar / Foto: Dazra Novak

(…) El viejo lo miró a los ojos y, levantando el sombrero como en una reverencia, le dijo:
—Chapeau, señores, chapeau.
A Martín lo impresionó un poco el señor, pero no le dedicó mucho tiempo, en realidad tenía cosas más importantes en qué pensar para estarle haciendo caso a las tonterías de un loco. Siguió un rato más allí y luego subió por la calle que lleva a La Casa del Chocolate, porque no sé si saben que el chocolate aclara los pensamientos, además porque tenía mucha hambre (Martín es un niño que siempre tiene hambre), y pidió un batido de chocolate, y algunos bombones, y… bueno, Martín comió mucho, lo cual no es de extrañar en él. Desde la mesa donde estaba sentado veía otra vez, a través del cristal, al viejo loco que estaba parado ahora en la esquina opuesta. La diferencia es que no se movía de allí. Y ahora Martín pudo darse cuenta de qué iba la cosa. El caso es que, cada vez que le pasaba un niño por delante, el viejo hacía la reverencia con el sombrero. Martín terminó de comerse todo lo que había pedido, salvo algunos bombones que le guardó a su mamá y, decidido, salió dispuesto a preguntarle al viejo por qué hacía aquello. En los cincuenta pasos que dio Martín hasta llegar donde el viejo, este hizo tres o cuatro reverencias, la quinta fue para Martín:
—Chapeau, señores… chapeau.
—Disculpe, señor. ¿Qué significa chapeau?
—Estimado caballero, Chapeau es una palabra francesa que significa “sombrero” y se pronuncia así, chapó –el viejo hizo la reverencia una vez más.
—¿Y puede explicarme también por qué hace eso?
—¿Hacer qué? –preguntó el viejo y volvió a inclinarse.
—La reverencia… ¿por qué le hace una reverencia a los niños?
—Porque un niño tiene todas las posibilidades para convertirse en un hombre de talento. Yo no sé si en el futuro será un médico, un maestro, un músico famoso, o quizás merezca algún premio importante. Puedo estar delante del hombre más grande de todos los tiempos, y no me perdonaría no haberle presentado mis respetos como corresponde.
—¿Y las niñas?
—Las niñas también, por supuesto –dijo el viejo y repitió la frase—. Chapeau, señores, chapeau. (…)

(Fragmento del libro Historias de Martín, cuentos para niños, Dazra Novak, inédito)

 

Anuncios

Acerca de dazranovak

Escritora cubana. Licenciada en Historia por la Universidad de La Habana. Tiene en su haber los premios: Pinos Nuevos 2007 (cuentos, Cuerpo Reservado, editorial Letras Cubanas 2008), David 2007 (cuentos, Cuerpo Público, ediciones Unión, 2009) y Uneac 2011 (novela, Making of, ediciones Unión, 2012).
Esta entrada fue publicada en Misceláneas y etiquetada , , , , . Guarda el enlace permanente.

5 respuestas a Chapeau

  1. César dijo:

    Hermoso cuento. Felicidades

  2. Sabia y hermoso en contenido y sencillez.

  3. dazranovak dijo:

    Gracias César, abrazo!

  4. Salvador Diaz Diaz dijo:

    Yo siempre respeto mucho al futuro. No se sabe quien será mas tarde y siempre nos tendrían que firmar autógrafos.

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s