Caprichos de barrio

calle zapata
Foto: Dazra Novak

A veces la ciudad, de tantos mimos, se pone caprichosa. Y entonces lo lleva a uno por barrios que nunca antes vio y que no se imaginaba que existían. A veces ni siquiera es un barrio, a veces es simplemente una calle que interrumpe de golpe la urbanidad a la que estamos acostumbrados. Amago de pueblo de campo. Ahí, vecino pared con pared cubierto con cientos de tejas rojas donde cada uno pinta a su manera luciendo la calle variopinta y Fulana que grita ¡Mengana, voy a la bodega un momentico! De paso Mengana sale a ver quién es la intrusa que anda tirando fotos como si esta no fuera una calle de la Habana. ¿Qué tiene, niña, qué tiene? Tiene de calle variopinta, pero a la vez extrañamente uniforme quizá por sus fachadas opuestas en igualdad de condiciones –o casi- donde siempre habrá para escoger entre la acera de la sombra o la acera del sol. Uno que venía caminando mientras pensaba en otra (tantas) cosas y al doblar en la esquina, pero… ¿y esto? Esto de que una calle tan inofensiva desemboque allí, en ese muro largo y amarillo con una cruz blanca me parece un verdadero capricho, por eso no me atreví a recorrerla. Volví sobre mis propios pasos. Mejor no hacerle mucho caso a esta metáfora de situación, mejor no.

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