Calle Mercaderes

calle Mercaderes

Foto: Dazra Novak

Esta calle, digo y repito, es una calle malcriada. Calle empedrada, con fachadas restauradas, calle de ofertas costosas que provocan esa rivalidad travestida entre cubano y turista –económicamente hablando-, no se sabe dónde empieza la oferta real, la que podemos pagarnos, pero igual nos aventuramos a mirar, la recorremos en sus cafés recién abiertos, sus restaurantes con porteros que agitan la carta de precios en nuestras caras. La calle Mercaderes se nos está yendo de las manos, pierde cubanía y se va volviendo cada vez más fría, más estirada. Calle elitista. Calle museo donde la gente va a mirar. Hay días en que un mar de extranjeros la desborda y apenas si se ve una cola nacional en la casa del chocolate, en las mazorcas de maíz o la limonada que venden a la puerta del restaurante La Imprenta, en la casa de las especias o en la maqueta de la Habana Vieja, en los pequeños parques donde se sienta un hombre con guitarra y hace como que canta desinteresadamente. Anzuelo de guitarra. Carnada de hombre. En la calle Mercaderes ya no hay mercaderes, pero sí olores. Basta pasearse por la entrada del Mercado del Oriente, apenas unos pasos desde el Hotel Ambos Mundos, para aspirar el incienso que sale al coincidir con el vaivén de la estrecha puerta; el comino, el tomillo y la albahaca que se escapan de la Casa de las Especias; la tiendecita del Savon de Marseilla donde los jabones sin nada que los cubra son un verdadero paraíso para el olfato. Si nos demoramos más de dos minutos probando olores en la Casa del Perfume ya es imposible decidirse entre sándalo, vetiver o rosa, tanto olfatear torna difícil la decisión. Asomar la cabeza a la Casa del Chocolate es ejercicio para activar, mareándonos de cacao, el estómago. Por suerte cuando Mercaderes desemboca en Teniente Rey ya se nos abre la Plaza Vieja y ahí es donde uno respira simplemente aire otra vez.

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Acerca de dazranovak

Escritora cubana. Licenciada en Historia por la Universidad de La Habana. Tiene en su haber los premios: Pinos Nuevos 2007 (cuentos, Cuerpo Reservado, editorial Letras Cubanas 2008), David 2007 (cuentos, Cuerpo Público, ediciones Unión, 2009) y Uneac 2011 (novela, Making of, ediciones Unión, 2012).
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