De los locos en mi ciudad

hombre por la calle San Lázaro
Foto: Dazra Novak

No hablo de los que piden dinero por las calles, andan hartos de mugre y, ante el hedor que emanan sus cuerpos, la multitud rompe filas. De esos tenemos unos cuantos, sería estúpido negarlo, pero no, hoy hablo de los otros, de los “locos oficiales”, esos que demuestran con su actuar que están bien trastornadas sus facultades mentales, en otras palabras, que tienen un gran pase a tierra. La verdad es que, a través de los años, siempre ha habido locos hasta famosos, como el caballero de París. La verdad es que muchos de ellos son inofensivos, como ese que va en las guaguas y hace voces de locutores y canta como Robertico Carlos y hasta un documental le han hecho. No obstante, hay otros que no, y es ahí donde es preciso andarse con cuidado. No hace mucho subió uno a la guagua y le dio de manotazos a cuanto pasajero ocupó su campo visual inmediato. (Nada grave, no hubo golpes serios, solo huevos fritos y malas caras). Malo fue el que vi no hace mucho que venía repartiendo palos e improperios y me pasó tan cerca que me dije, ya. Por suerte, algo desvió su atención, ¿sería mi ángel de la guarda?. Pero también en La Habana a la tercera va la vencida cuando yo bajaba por F hace unos días y al cruzar 23 no me di cuenta de que era un loco el que venía contrario a mí y cuando me pasó por el lado y le di la espalda me dio un soberano puñetazo en la cabeza. Cuando me viré vi que tenía el mango de una cuchara en el puño cerrado y ante mis tres p… y cuatro c… me gritaba una jerigonza que quería decir: te voy a dar de nuevo. Atontada, puse tierra de por medio pensando demasiadas cosas a la vez: ¿Y mi ángel de la guarda?; tengo la cabeza dura –no había sangre-; mira que los perros, cuando los arrollan, salen caminando como si nada pero se mueren en la esquina; ¿tanto encontrarse con locos no sería una señal de…? Lo último que vi fue al cocinero del Pan con perro con delantal y todo que salió disparado gritando que si a las mujeres no se les pega y regó al loco por el piso. Me asusté. Seguí. Doblé la esquina. Como ven, no me morí. Por favor, si alguien va por ahí que le diga al cocinero que muchas gracias, que en cuanto se me cure el susto yo vuelvo a pasar y le doy las gracias yo mismita.

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