Guardia pioneril

bono de la guardia pionerilQué gozadera ponerse el uniforme ¡por la noche! Incluso, bajo las protestas de mamá que mira para eso, yo que ya tenía el uniforme planchado. Ni te imagines que vas a estar hasta muy tarde, ¿oíste?, que mañana hay escuela. Y uno que iba con el deseo de jugar al escondite, de andar mataperreando hasta tarde. ¿Hacemos una fogata? Traigo fósforos aquí. Andar con la gente del barrio aunque fueran más chiquitos. Con uniforme o sin uniforme, da igual, el caso era que nos vieran patrullar la calle que no era otra cosa que caminar en círculos, con suerte, darle la vuelta a la manzana una, dos, tres veces y regresar con el bono para enseñarlo en la escuela al día siguiente. ¿Para qué vas a ir, mamá, no ves que ya va una pila de gente? Salir corriendo, casi sin terminar el nudo de la pañoleta. Caminar con esa elegancia y paso natural, como si aquello de la nocturnidad fuera cosa de costumbre. ¡No te me ensucies la blusa! ¡Como no te quieras levantar mañana, prepárate! Los otros en la puerta de la casa, con la misma cara de triunfo. Apuramos paso para alejarnos del oteo responsable y pegajoso de los mayores, que se nos clava en la nuca irremediablemente. Alguien grita antes de la algarabía que nos espera al ganar la esquina: ¡Policía, policía!, ¿tú eres mi amigo?bono de la guardia pioneril

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