Querido Elpidio,

elpidio valdes
Tomado de lajiribilla.cu

te escribo porque hoy es uno de esos días donde, ya sabes, una pequeña escena mueve un resorte y de pronto se abre una puerta y esa puerta da a un remanso de tiempo en apariencia benigno hasta que ¡cataplum! caigo ahí, de cara al recuerdo mismo, plena consciencia de lo que significaba en verdad ese momento. Para no hacértelo más largo, casualmente estaba viendo la película Habanastation, la misma que muchos dicen que sí mientras otros dicen redondamente que no, pero yo, -tú me conoces bien-, voy despacito y por partes (que la verdad ni es tan absoluta ni tan fácil de contar). No sé si habrás visto la escena donde el niño rico sale a bañarse en el aguacero con los niños pobres, ahí, en pleno solar, descalzos, sin camisa y con tremenda gozadera, y de pronto, suena tu canción. Ay, Elpidio, qué te puedo decir, se me hizo un nudo en la garganta, se me aguaron los ojos y tuve que amarrarme duro para no llorar. Me emocioné a tal punto que me quedó eso dando vueltas en la cabeza, eché por la borda lo que me quedaba de película y me dio por compararte con otros dibujos animados de aquellos tiempos míos. Intenté, mira tú las cosas que se me ocurren a mí, imaginarme la misma escena con los cartunes de Míster Disney, el Mickey, el Donald, el Pluto y esa gente. ¡Hasta con el cartero Fogón me fui! ¡Los músicos de Bremen! Y Bolek. Y Lolek. Nada. Aquellos apenas me dieron un breve susto en el estómago. Y es que tú, quién lo diría con ese cantaíto de eso habría que verlo compay, fuiste el que sembró de a poco, entre otras tantas cosas, lo mucho de cubano que hay en mí. Mira, la verdad, siento mucho haberme demorado tanto, pero como nunca es tarde para reconocer las cosas, por eso aprovecho y te escribo, porque ya sabes, hoy es uno de esos días en que uno se pone sentimental.

Saludos,
D

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3 Replies to “Querido Elpidio,”

  1. “Uno se cree que las mató el tiempo y la ausencia. Pero su tren vendió boleto de ida y vuelta.
    Son aquellas pequeñas cosas, que nos dejó un tiempo de rosas en un rincón, en un papel o en un cajón.
    Como un ladrón te acechan detrás de la puerta.
    Te tienen tan a su merced como hojas muertas que el viento arrastra allá o aquí, que te sonríen tristes y nos hacen que lloremos cuando nadie nos ve.”

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