La espera

balcones de la Habana
Tomado de fotosmundo.net

Nos asomamos al balcón –díganme si no es así-, y acto seguido la mirada se nos pierde entre una caravana de autos viejos. No hablo de ese momento romántico de cierta noche sino de aquel otro, ya saben, cuando los ruidos son aplastados por precarios espacios de silencio y entonces pensamos en nuestras vidas, lo que pudo haber sido si… pero no fue y sin embargo yo… Sobrevolamos el trasiego monótono de la gente con piernas largas de zanquero –esta vez zanquero triste-, apenas si nos dimos cuenta de que el tiempo avanzaba y mira, ya es hora de abandonar el balcón, el trozo de mar que se vislumbra entre los edificios, esa nostalgia que tira, implacable, de nosotros. Afortunados que somos: ¡allende la isla no existe este oasis para perder el tiempo! Creo que los cubanos somos, irremediablemente, eternos adolescentes que sueñan con ese otro futuro. ¿Afortunados? Si no lo afirmo con más vehemencia es porque a veces tropiezo con esa mirada de balcón, pero esta vez a través de la ventanilla de una guagua en movimiento, en una larga cola, sentados en un parque o en el malecón, a veces caminando por la acera, una acera larguísima a la vuelta del trabajo donde al parecer -qué horror- nadie encontró lo que tanto esperaba.

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6 Replies to “La espera”

  1. Cuando se escriba la historia de los pueblos, el capítulo dedicado a Cuba nos definirá para la eternidad como “El pueblo que esperaba”.

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