Lectores de tabaquería

lectores de tabaquería
Tomada de cubadebate

Pareciera al que está sentado frente a ellos que, mientras enrollan las hojas seleccionadas para armar el puro, no prestan atención a nada más. Con sus cabezas inclinadas sobre la mesa de trabajo, en silencio, entre hojas y hojas de tabaco, guillotinas y prensas, avanza la jornada. Recuerdo que Ahmel Echevarría me comentó su asombro al salir de una lectura y ser abordado con la pregunta sobre uno de los personajes de los cuentos que había leído: “¿Por fin, el tipo se fue o no se fue?”. “¡Entonces este hombre sí estaba escuchando!”, gritó para sus adentros mi amigo escritor -y es que el cubano muchas veces parece que no, pero sí-. Este viejo oficio, nacido en el cada vez más lejano siglo XIX, atravesó prohibiciones, vapuleos, y ahí encontró Martí una fuente de valiosas contribuciones -señal de que los tabaqueros siempre escucharon lo que se les leía-, para la Cuba libre con la que tanto soñaba. Hoy, merecidamente, es considerado Patrimonio Cultural de la Nación. A los tabaqueros históricamente se les ha leído de todo, desde el periódico hasta novelas, libros de historia, de política y más. Y digo, por esa energía que se le impregna a las cosas y en la que casi nunca pensamos, si no será ese parte del secreto de los puros cubanos, si no irán a parar las historias-noticias-ensayos escuchados entre las hojas delicadamente superpuestas, pacientemente esperando a ser aspiradas, convertidas en humo y luego exhaladas lentamente mientras se toma algún ron fuerte.

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