El acoso

Parque de los Marinos Mercantes
Foto: Abel Rojas

Escribo estas líneas sentada en un banco de Prado y Malecón, en el parquecito de los Marinos Mercantes cercano al Monumento a los ocho estudiantes de Medicina. Es media mañana y el tráfico va aumentando poco a poco. La sombra que proyectan los grandes almendros se reparte entre los bancos. Dos sí, dos no. Hermosa mañana soleada. Hay un hombre que ensaya con su trompeta. No se ve el hombre. No se ve la trompeta, pero se escuchan las repeticiones superpuestas a los ruidos de los autos, repartiéndose los intervalos de silencio que ganan lugar por escasos segundos. No pasa mucho tiempo de estar sentada y ya se acerca un hombre que, con un gesto desagradable y evidente, se acomoda sus miserables bolsas reproductoras mientras descarga su mirada sobre mí. Se sienta dos bancos más allá y mira hacia todos lados. ¡Venirme a mí con esas de quien respira inocente en un banco de parque! Aparentemente no pasa nada, pero las mujeres sabemos lo que sucede en estos casos: la trompeta no se ve, pero se oye. Se mueve inquieto. Cada vez pasa menos tiempo entre mirada y mirada. Claro que siento miedo, ahora mismo estoy sola en un banco de un parque cuando hace apenas unos segundos bostezaba cercano a mí un policía, maldita suerte. ¿Dónde están los policías cuando hacen falta? Como tengo gafas oscuras no se da cuenta de que escribo estas líneas pero le vigilo atentamente, con la esperanza de que ocurra un milagro y decida marcharse. ¿Qué esperan para inventar la ley que me proteja contra este atropello infame? ¿Dónde, el castigo para su acoso? Para los dos la misma respuesta: ninguna. Soy mi propio timonero en aguas de nadie. Un timonero sin spray de pimienta, con un cuerpecillo frágil y cero conocimiento de artes marciales. Asisto a un in crescendo desastroso: de manera progresiva comienza a molestarme su mirada -y de contra, la dichosa trompeta-, va cayendo sobre mí como castigo más que injusto, porque mi culpa no existe. “Psss, psss, mira, niña, mira”, susurra el indecente. No puedo creer que se haya levantado y venga hacia mí. Esto es el colmo. Ya no puedo seguir escrib…

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15 Replies to “El acoso”

  1. Un día llorarás porque nadie te mira, una cosa es acosar como hacen en Latinoamérica donde manosean a las mujeres y las niñas sin que haya ley alguna que las proteja o en La India donde violan a una cada 20 minutos, y otra es que te miren con lascivia, o incluso te digan alguna grosería, que no lo justifico, está mal, pero vamos, que no te van a violan con la mirada. Denota este texto un poco de feminismo rancio. En las sociedades europeas, se ha penalizado el piropo y el resultado es que una mujer denuncia cualquier estupidez, que antes era simplemente un halago, resultado final: los hombres son unos peleles incapaces de acercarse a una mujer sin sentirse amenazados según qué digan. De mirar ya ni hablemos, dando lugar a sociedades frías y reprimidas.

    1. Bueno, tendrías que ser mujer para entender, pero eso, por lo menos en esta vida, ya no será. Me conformo con decirte que hay una enorme diferencia entre mirar (piropear, vacilar) y ACOSAR. Y violar, uf, este puede tener derroteros bien feos que van hasta lo psicológico. Un saludo y le deseo que nunca tenga usted este tipo de experiencias.

  2. Coño, Dazra, eso de “sus miserables bolsas reproductoras” me hiere profundamente… Me imagino que te refieras a los testículos, a los “huevos”, como decimos los cubanos. Oye, Dazra, resulta que yo también tengo un par de “bolsas reproductoras” y nunca me han parecido “miserables”. Ahora bien, el hecho de acariciarse en público las tales “bolsas reproductoras”, los testículos o “huevos”, como prefieras llamarles, eso sí me parece bien miserable. Masturbarse mirando a una mujer en un parque, es decir, “pajearse” a costa de una persona, de cualquier sexo, sin el consentimiento expreso de esta, es una burda agresión: en eso estamos de acuerdo. Pero tildar a los pobres testículos de “miserables bolsas reproductoras” está muy fuerte, vaya, dale suave, ¿ok? En fin, que el problema no son los huevos sino el uso que de ellos se haga, ¿no crees?

    1. Justamente por eso las califico así, por el miserable uso que les da. Verás, es bien difícil para los hombres entender a fondo este tipo de cosas, no tienes idea del mal sabor que dejan. Me alegro de que no estés entre este tipo de personajes desagradables. Saludos

  3. Es uno de los momentos más desagradables por los que desgraciadamente pasamos las mujeres, nada que ver con un piropo que por momentos se hace necesario para elevar la autoestima. Hay una gran diferencia entre una cosa y otra; no creo que un suceso de este tipo se llegue a extrañar, donde quiera que uno esté…

  4. Darza (o cual sea tu nombre verdadero), te confieso que desde hace algunos meses mi rutina de todas las mañanas es llegar a la oficina y leer tu blog y sonreír cuando también me imagino caminando por esa Habana que tan bien tú describes y tanto yo añoro.
    Nunca me animo a escribir, no me interesa hacer públicas mis ideas pero hoy…hoy no pude sonreír, hoy estoy indignada y tengo necesidad de expresar.
    Es triste que toda vez que una mujer, con criterio y justas razones, se queja de violencia o acoso sea tildada de susceptible, provocadora o feminista (usando este último como término ofensivo). La sociedad cubana es instruida y progresista en muchas cosas, pero es machista y este si es un término ofensivo, aclaro, porque denomina la prepotencia masculina mientras el feminismo puro solo aboga por la igualdad.
    Todas las mujeres cubanas hemos sufrido alguna vez de una situación similar, donde algún equivocado se cree con derecho a limitar nuestro espacio.
    Ya no vivo en La Habana, vivo en un país donde la violencia doméstica es común y las mujeres son abiertamente subyugadas y violentadas, pero reconozco que aquí no hay la educación necesaria para que sea distinto. Por lo tanto, es inconcebible que estas cosas pasen en Cuba porque, faltaran muchas cosas, pero si hay educación y hay organizaciones dedicadas a proteger los derechos de la mujer.
    Respeto el criterio de los que han comentado, cada cual piensa las cosas desde sus experiencias y creencias, pero me niego a compartir la idea de que un ser humano justifique un acto de acoso hacia otro, venga del género que venga.
    Siento que hayas pasado por eso, y siento que hayas tenido que huir, eso es lo que normalmente hacemos, es lo más seguro; pero un día, un buen día hay que hastiarse y regresar y mirarle a los ojos y decirle: BASTA! Yo tengo derecho a sentarme sola en un cine! Tengo derecho a caminar sola por la ciudad! Tengo derecho a usar ropa que me permita soportar el clima del trópico! Y tengo derecho a sentarme en uno de los parques más lindos de La Habana, a escribir un blog que tanta gente espera para sonreír por las mañanas!
    Gracias por eso.

    1. Andaba de viaje cuando leí su mensaje y esperé a regresar para responderle. Le he dado vueltas y vueltas a una respuesta digna pero toda vez que lo intento siento que no logro expresarlo todo. En cualquier caso, confieso que fue una enorme, grata, maravillosa sorpresa, que también sonreí (por dentro y por fuera). Gracias a usted por su comentario, por su comprensión. Gracias por leerme todas las mañanas. Le dejo un abrazo, el más cálido y humano de que que soy capaz.

  5. hola, los saludo desde México, y comprendo totalmente a la blooguera, ese sentimiento de miedo, de impotencia, ya que con él cenamos, desayunamos y comemos las mexicanas. Somos un país con uno de los índices más altos de feminicidios, y trabajo en Ecatepec como maestra, y es el municipio donde hay más mujeres desaparecidas. Es un tema vital para nosotras, gracias por abordarlo con tan buena descripción.
    Atte. Hilda Rosales

    1. Hola Hilda, sí, he seguido esta situación de las mujeres en México, es terrible e indignante, algo que deberá cesar YA. Bolagno en su novela 2666 cuenta de esas desapariciones, o mejor dicho, apariciones de mujeres asesinadas, da un dolor, una rabia… Gracias por compartir esta experiencia. Abrazos

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