Alejo Carpentier, Sobre la Habana (La ciudad de las columnas)

alejo-carpentier[…]Humboldt se quejaba, en su tiempo, del mal trazado de las calles habaneras. Pero llega uno a preguntarse, hoy, si no se ocultaba una gran sabiduría en ese mal trazado que aún parece dictado por la necesidad primordial de jugar al escondite con el sol, burlándole superficies, arrancándole sombras, huyendo de sus tórridos anuncios de crepúsculos, con una ingeniosa multiplicación de aquellas esquinas de fraile que tanto se siguen cotizando, aún ahora, en la vieja ciudad de lo que fuera intramuros hasta comienzos de siglo. Hubo, además, mucho embadurno –en azafrán oscuro, azul sepia, castaños claros, verdes de oliva- hasta los comienzos de este siglo. Pero ahora que esos embadurnos se han quedado en los pueblos de provincia, entendemos, acaso, que eran una forma del brise-soleil (del quiebrasol), neutralizador de reverberaciones, como lo fueron también, durante tanto tiempo, los medios puntos de polícroma cristalería criolla que volvemos a encontrar, como constantes plásticas definidoras, en la pintura de Amelia Peláez o de René Portocarrero. Mal trazadas estarían, acaso, las calles de La Habana visitada por Humboldt. Pero las que nos quedan, con todo y mal trazadas como pudieran estar, nos brindan una impresión de paz y de frescor que difícilmente hallaríamos en donde los urbanistas conscientes ejercieron su ciencia.

La vieja ciudad de antaño, llamada intramuros, es ciudad de sombras, hecha para la explotación de las sombras –sombra ella misma-, cuando se la piensa en contraste con todo lo que fue germinando, creciendo, hasta el oeste, desde los comienzos de este siglo, en que la superposición de estilos, la innovación de estilos, buenos y malos, más malos que buenos, fueron creando a La Habana ese «estilo sin estilo» que a la larga, por proceso de simbiosis, de amalgama, se erige en un barroquismo peculiar que hace las veces de estilo, inscribiéndose en la historia de los comportamientos urbanísticos. Porque, poco a poco, de lo tornasolado, de lo entremezclado, de lo encajado entre realidades distintas, han ido surgiendo las constantes de un empaque general que distingue a  La Habana de otras ciudades del continente. […]

(Fragmento de una de sus conferencias para Radio Habana Cuba)

Alejo Caerpentier (La Habana, 1904 –París, 1980). Colaborador de la revista Carteles. Participa en la Protesta de los Trece y se integra al grupo minorista. En prisión escribe la primera versión de su novela ¡Ecue-Yamba-O! En París trabaja como jefe de redacción de la revista Musicalia. Conoce a André Breton, Tristan Tzara, Pablo Picasso. En Madrid se publica su primera novela y hace amistad con Federico García Lorca y Rafael Alberti. Por encargo del Fondo de Cultura Económica de México realiza investigaciones musicológicas en Santiago de Cuba, revalorizando las obras de Esteban Salas y Manuel Saumell. Entre otras, han sido publicadas y traducidas a varios idiomas sus novelas: El reino de este mundo, El siglo de las luces, Los pasos perdidos, La consagración de la primavera.   

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