Agua al dominó

hombres jugando dominóHay mucha gente confundida en esta isla, nuestro deporte nacional es el dominó. ¿Dónde se ha visto una casa en la playa, parrillada o pachanga antre amigos, tarde de domingo sin la respectiva mesa para cuatro jugadores? Con atriles para las fichas -o no-, con sillas -o en su lugar, cajas de agromercado-, la mesa improvisada se coloca bajo el farol de la calle, en el portal, el patio o la entrada del solar. ¡En plena calle! Y es que el juego de dominó da curso a la especulación típica del cubano cuando le asegura alevosamente al contrario que este juego está ganado, a lo que el otro responde con un golpe de la ficha sobre la mesa, para que todo el mundo se entere de que él sí lleva. Abucheo por los pases, índice que abochorna al botagordas toda vez que el doble nueve sale a relucir en la mesa. Luego el traguito de ron, los chicharrones: juego que ayuda a matar el tiempo y atormenta a los vecinos. Tenemos jugadores tan avezados que calculan la mesa, adivinan la movida del oponente y celebran a gritos su acierto. Claro que también está el botafichas, el neófito que ni siquiera se piensa la jugada y le saca los colores y la paciencia a los sabedores. A fin de cuentas, es un juego ¿no? Sí, y no, en tanto que ha habido trifulcas, fichas por tierra a lo fiesta del Guatao y hasta hay barrios donde se organizan campeonatos con reglas estrictas para eliminar a los jugadores tramposos. Curiosamente, los veteranos suelen ser silenciosos, imperturbables en su estrategia hasta que lanzan la última ficha y al vencido no le queda más remedio que asumirlo: cuando uno pierde, le toca darle agua al dominó.

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Acerca de dazranovak

Escritora cubana. Licenciada en Historia por la Universidad de La Habana. Tiene en su haber los premios: Pinos Nuevos 2007 (cuentos, Cuerpo Reservado, editorial Letras Cubanas 2008), David 2007 (cuentos, Cuerpo Público, ediciones Unión, 2009) y Uneac 2011 (novela, Making of, ediciones Unión, 2012).
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Una respuesta a Agua al dominó

  1. Oscar dijo:

    Dazra, me trajiste el recuerdo de mi primer velorio (como Ministro) en el pueblo de La Gloria, Camagüey que duró toda la noche, y la mesa del dominó no faltó frente a la humilde casa de campo, con un farol. Para mi, eso era una ofensa a la fallecida, pero luego aprendí que era la costumbre……

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