Chorrera

ChorreraLa piedra es piedra, así como la espuma fue agua con sal -las cosas cambian-, y este reducto de cara al mar hace mucho dejó de ser fortaleza para convertirse en capilla. Es preciso llamar a las cosas por su nombre, sentarse en una de las mesas, lo más próximo al arrecife, pedir una cerveza que pronto serán dos, hablarle de cualquier cosa a Yemayá, también de eso que no tiene remedio. Lástima. Tengo un amigo que soñaba con Nueva York, otro soñaba con Buenos Aires, un novio que soñaba con Inglaterra y una amiga que se fue a España para ser persona –eso dijo-. Es preciso llamar a las cosas por su nombre. Ellos no estaban al tanto, no supieron nunca, que esta fortaleza-capilla podía ser Nueva York, podía ser Buenos Aires, podía ser Inglaterra, podía ser España. Juntos éramos todo eso y más. Ahora mis amigos sueñan desde esos recónditos lugares con esta fortaleza-capilla y es un sueño, como decir, un sueño de recuerdo, un sueño que ha perdido brillo, esa candidez pionera de la fantasía. El de mis amigos es un sueño que duele. Yo les cuento que estoy sentada frente al mar, a los pies del fuerte de la Chorrera, mirando de reojo la ciudad y hay tanto de lo que se pierden. Por ejemplo, hay gatos bellísimos y hambrientos que merodean alrededor de mi mesa, hay dos bafles enormes que sonarían mejor si estuviesen apagados, hay gente sentada de espaldas al mar. Pero arriba no me gusta, arriba es una taberna con grandes mesas de madera, una taberna casi siempre vacía, un fortín que Antonelli diseñó en el siglo XVII para alojar hasta cincuenta soldados, un fortín en pesos convertibles que ya no corre el menor riesgo de ser asaltado –a menos que se tenga con qué pagar la cuenta-. Fue apenas anoche cuando no había dinero para pagar la entrada y nos conformábamos con escuchar la música desde lejos, pasarnos la botella insanamente destilada y mientras, aquel juramento. Hoy, por ejemplo, se desploma la tarde y el sol lloriquea sobre una línea definitiva en el horizonte, estoy por fin sentada del lado de acá, con una cerveza en la mano. Lástima. Hoy la resaca trae más y más cuerpos a la orilla.

Anuncios

2 Replies to “Chorrera”

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s