Playita de 16

Playita de 16

Foto: Beatriz Verde Limón

Hay lugares que marcan la vida de adolescente, o al revés. Lugares donde se da curso a locuras y desafueros que quedan en la memoria como eco de un tiempo que ya no volverá. Hay puntos en la geografía que marcan ese no declarado avance hacia lo prohibido. Lo prohibido, tan delicioso en su aparente imposibilidad, nos llevó tantas veces hasta la playita, aún cuando nuestros padres no nos daban permiso y ni siquiera imaginaban que alguien siempre trajo una botella de ron, y las trusas estaban escondidas bajo el uniforme, y nos ganaba ese salto en el estómago ante la remota posibilidad de que el adolescente de nuestros sueños se decidiera por fin a besarnos allí, para salir corriendo por el susto del beso en aquel breve entramado de callecitas sobre el arrecife, con bancos largos donde puede uno tenderse a tomar el sol o a mirar las estrellas. Nunca se advirtió el peligro al romper las olas, un tanto agresivas, en el inhóspito diente de perro plagado de erizos y moluscos, porque cuando se es adolescente no se toman en cuenta este tipo de cosas, porque cuando se deja de ser adolescente ya no se va casi nunca a la playita de 16, salvo algunas madrugadas donde el alcohol lo sacude a uno de tal manera que hasta los recuerdos caen de los bolsillos, y uno se decide no solo a llegar hasta allí sino que, en una rapto de energías renovadas, hace uno la campana para probar que todavía nos queda un poco de vida dentro. La primera sale a medias, por el miedo a partirnos la cabeza, un brazo o una costilla, pero en un segundo intento ya no parece imposible, sino que llega la tercera campana con las piernas bien abiertas y los que vienen con nosotros aplauden, chiflan, gritan. Es más, al otro día nos dolerán todos los huesos, pero de seguro nos resultará más bella la vida.

Anuncios

Acerca de dazranovak

Escritora cubana. Licenciada en Historia por la Universidad de La Habana. Tiene en su haber los premios: Pinos Nuevos 2007 (cuentos, Cuerpo Reservado, editorial Letras Cubanas 2008), David 2007 (cuentos, Cuerpo Público, ediciones Unión, 2009) y Uneac 2011 (novela, Making of, ediciones Unión, 2012).
Esta entrada fue publicada en El caminante y etiquetada , , , . Guarda el enlace permanente.

2 respuestas a Playita de 16

  1. Tengo una teoría (que algún día tomará cuerpo en un ensayo) acerca de los lugares como resortes cerebrales. En este caso, la playita como evocación del ¿tiempo perdido? A mí por ejemplo, hay cierta losa de la calle A, entre Calzada y Línea, que cuando la piso recuerdo que olvidé algo en casa. Gracias por el texto.
    R

    • dazranovak dijo:

      Hola Rafa, es algo así como un vaso comunicante hacia el recuerdo. Quizás no tanto “tiempo perdido” como “tiempo pasado” bellamente vivido. Tengo curiosidad por saber cuál losa! Gracias por el comentario. Besos para ti y espero leer pronto el ensayo

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s