Coppelia

Heladería Coppelia
Foto: Beatriz Verde Limón

“Uuy, una fresa. Hoy es mi día de suerte… encuentro maravillas”, así dice el personaje de Diego en la famosa escena de la película Fresa y Chocolate, dirigida por Titón y Tabío. Así, comenzaba entre otras cosas a abordarse (seriamente con humor) el problema de género en nuestra isla y, a la misma vez, se inmortalizó a través del cine ese gran regalo de Celia Sánchez que es Coppelia, nuestra catedral del helado. Claro que la película era de los tiempos en que el helado no solo era Coppelia de verdad, sino que se servía en copas, había sabores para escoger y añadidos sabrosísimos que hoy debemos gestionarnos nosotros mismos de la mano de los vendedores ambulantes, dispuestos a la entrada con sus carritos de mercado, ofertando bizcochos y rollitos. Claro que, en aquellos tiempos, no se tiraban los pozuelos como ahora, resbalando por la mesa luego de su respectivo enjuague precario, y no se corría tanto riesgo de que te sentaran a la mesa un chiquillo malcriado que sopla la galletica triturada sobre la bola, o un cliente que hace ruidos insospechados al comer. No recuerdo si en aquellos tiempos la gente ya venía con pozuelos plásticos para llevarse el pedido a casa, pero sí me acuerdo que podías pedir todo lo que quisieras y las bolas eran generosas y no tenían hielo y sí fresas como la que encontró Diego, nueces, o chips de chocolate. Cuando aquello no habían nacido esos kioscos que hoy venden potes plásticos en peso convertible con el verdadero Coppelia, cuyo sabor es inconfundible, inigualable (con el perdón de Nestlé). No obstante, a veces hay suerte. A veces el helado es de verdad y uno hace las colas del fondo (las que siempre tienen menos gente y no engordan como la cola principal para subir a la torre). Uno entra y aunque la cuchara esté jorobada no importa, aquello refresca la garganta y sobre todo en tiempos de calor, se agradece si bien solo haya un sabor disponible. Uno ve avanzar a las mujeres con los cuadritos de las legendarias sillas de hierro marcadas en los muslos, caminando lento con el estómago repleto, sin saber a ciencia cierta qué tiempo habrá de pasar hasta que vuelvan a intentarlo.

Heladería Coppelia
Foto: Beatriz Verde Limón
Heladería Coppelia
Foto: Beatriz Verde Limón
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