Dale con el corazón a mi maquinaria

Los Van Van
Van Van
Foto: Beatriz Verde Limón
Juan Formell y los Van Van
Juan Formell y los Van Van
Foto: Beatriz Verde Limón

Basta media vez que el cubano sienta unas claves para que reproduzca, con fidelidad casi total, ese conteo nuestro del un, dos, tres… un, dos. Es sabido que nos bastan una lata y un palo para armar una conga, un guaguancó, una rumba sabrosísima donde, hasta el bicho raro que no sabe bailar y sufre de oído cuadrado, menea la patica. Así, en la inauguración del pasado 34 Festival de Cine Latinoamericano que tuvo lugar, como siempre, en el teatro Karl Marx, los cubanos asistimos a una maravillosa coincidencia: Van Van cumplía, a su vez, 43 añitos ¡y abrió el festival con su gran orquesta! ¿Qué tiene Van Van que sigue ahí? Tendrían que haber vivido aquello para saber la respuesta: corazón (más conocido por bomba). Para quien tuvo la suerte de estar en primera fila y mirar hacia atrás –como hice yo-, y ver aquel público siempre modosito dado a la canción de contenido, totalmente de pie tras el arranque de la maquinaria destrabando caderas, batiendo palmas y cantando con el estribillo de Jenny: ¿qué cosa?, fue impresionante. Tal como les cuento respondían ¡que cosa la costurera! Creo que los visitantes extranjeros no entendieron cómo ese mismo público aplaudía, calmadísimo y analítico minutos después, el documental sobre Silvio Rodríguez que abrió la muestra. Como no entendí yo cuando nuestro querido Fito pidió cantar con Van Van y tiró su quién dijo que todo está perdido, yo vengo a ofrecer mi corazón (que sonaba tan bien otra veces, pero ahí, no sé), quizás porque el estribillo de Van Van decía mira pa´atrás, mira pa´ los lados y Páez, en su desempeño danzario sobre la escena, li-te-ral-men-te miraba para atrás… ¡y miraba para los lados! Claro, solo un cubano conoce en profundidad hasta dónde llega un estribillo Van Van desde el clásico dale con el corazón, muévete que no quiere decir otra cosa que, me echo la vida entera a la espalda y bailo porque me da la gana, porque la música la llevo por dentro y la sandunga –perdón-, es de nosotros los cubanos.

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