Ay, madre mía de la Caridad

Virgen de la Caridad
Virgen de la Caridad

Como en cada enero pasa que la gente se pregunta qué será de nosotros, según los Orishas, en este nuevo año. Cumplidas las ceremonias de rigor a las doce de la noche en punto, léase la vuelta a la manzana con una maleta de rueditas, quemar el año viejo en un muñeco de trapo, el cubo de agua lanzado a la calle, previo despojo de la casa con yerbas y flores y las respectivas misas y sacrificios, el cubano se pregunta qué otra cosa podría hacerse para salir ilesos ante el designio implacable de los dioses.

-La oficial es Orishaoko con Oshún. Orishaoko es el de la tierra y viene con los Egun –dice mi vecina mientras espera que mi mamá le preste la coladita de café-. La de 10 de octubre es Shangó con Oshún. Tú sabes, falta que nos hace Oshún, pa´ que endulce un poco la isla, mi´ja.

Es curioso que las dos casas regentes en esta fe tomen derroteros diversos, tomando en cuenta que son las mismas deidades para todo el mundo. Caso omiso a este detalle, no obstante, la mayoría se decanta por la casa de 10 de octubre, si bien todos quieren saber qué predijo la Asociación Cultural Yoruba de Cuba. Así las cosas, mi vecina me dice que hay que tomar en cuenta a los Egun -es decir, a los muertos-, y atender a Elegua -el dios niño, el de los caminos-, evitar el estrés y cuidar la pareja. Hay que ser humildes y respetuosos. Este año hay que sembrar para recoger. Es un año que anuncia escasez en la alimentación y hay que tener sumo cuidado a la hora de firmar papeles porque nos pueden estafar. “Debes dar antes de recibir”, “En la unión está la fuerza”, “Una flecha no mata un pensamiento”, son algunos de los refranes para este año 2013.

-A las tres voy a hacer una misa –dice mi vecina- vayan por la casa.

Y a las tres estoy allí con una vela, mi pequeño aporte. Y miro a las santeras con sus collares, sus turbantes, la mesa con siete copas y un crucifijo en medio, las flores blancas, blanquísimas y abundantes, la palangana con pétalos, cascarilla, colonia. Meto mis manos, pensativa. Me santiguo.

-Pide, niña –dice mi vecina-, pide cosas buenas pa´ este año. Pide pa´ to´ el mundo.

Y pido.

Se me eriza toda la espalda hacia arriba, hasta la nuca, justo ahí donde vive Egun. No sé si es cosa mía, no sé, pero algo se despierta en mí cuando escucho los cantos:

  …ay, madre mía de la Caridad,

   ayúdanos, ampáranos,

   en el nombre de Dios…

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